Fiestas
La bombada despierta Estella
Un lunes festivo que reunió a cientos de vecinos y visitantes en un recorrido marcado por el sonido del bombo


Publicado el 05/08/2025 a las 05:00
El almuerzo llegaba a su fin en la plaza Santiago de Estella. Poco a poco, las mesas de camping se plegaban y las sillas se guardaban en los chabisques, esas bajeras que, durante las fiestas, se convierten en improvisados almacenes y centros de reunión. La calma de los almuerzos dejaba paso a la bombada.
El sonido del bombo retumbaba en las fachadas de la plaza, y los más jóvenes lideraban con sus tambores al ritmo. Las trompetas de plástico acompañaban a los músicos. Algunos llevaban pelucas coloridas, otros gorros verdes del día de San Patricio, gafas grandes o narices de payaso. El sonido se volvió más cercano, más intenso, hasta envolver por completo la plaza. La bombada, uno de los actos más característicos del lunes festivo, estaba a punto de comenzar.
Esta tradición nació hace varias décadas, cuando un grupo de jóvenes decidió romper la tranquilidad de la mañana con bombos y tambores, recorriendo las calles para avivar el espíritu festivo justo en el ecuador de las fiestas. Lo que en sus inicios fue una iniciativa espontánea se ha transformado con el tiempo en un evento esperado en el que familias enteras, amigos y visitantes se unen para formar una serpiente humana llena de trompetas, tambores y el bombo liderando.
Entre la multitud, Iratxe Mendigorria escuchaba con una sonrisa. “Me encanta el sonido del bombo, acompañado por las trompetas”, comentaba. Para muchos, ese estruendo no es ruido: es el sonido de la fiesta. No todos participan golpeando un tambor. También están quienes viven la bombada como una persecución, siguiendo la música de calle en calle. Es el caso de Ignacio Delgado, de 54 años, que asistió acompañado de su hijo. “Venimos cada año, es nuestra manera de seguir la bombada y vivirla de principio a fin”, explicaba. Los balcones se poblaron, las terrazas se convirtieron en gradas. La bombada, una vez más, había cumplido su cometido: recordarle a Estella que, mientras haya alguien que quiera tocar el bombo, seguirá despertando las calles.

