Fiestas

Los gigantes de Estella se abren camino

El vals El huevo dio inicio a la primera salida de la comparsa en un Viernes de Gigantes marcado por el calor

La comparsa de gigantes recorre las calles de Estella, llenando de color la ciudad
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La comparsa de gigantes recorre las calles de Estella, llenando de color la ciudad
La comparsa de gigantes recorre las calles de Estella, llenando de color la ciudad

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Gael Laspalas

Publicado el 01/08/2025 a las 19:54

A las 16.30 en punto, los gigantes salían del Ayuntamiento como cada Viernes de Gigantes. El vals El Huevo abría el pasacalles frente al consistorio, marcando el primer baile del año. La gente, de blanco y rojo, esperaba con cámaras y móviles listos. En el callizo de los gaiteros, los padres subían a sus hijos a los hombros para ver mejor. “Papá, no veo nada, acércate más”, pedía un pequeño impaciente. “En una calle más ancha los podrás tocar”, le respondía su padre, sin apartar la vista de cómo los gigantes giraban a toda velocidad, con sus ropajes abiertos al viento.

Fueron seis figuras: Juan de Labrit, Blanca de Navarra, el Rey Moro, la Reina Mora, María Puy y Andrés. Todas ellas avanzaban con pasos acompasados por las calles del recorrido: Mayor, Puy, La Estrella, Plaza Los Fueros, Calderería, Plaza Santiago… En La Estrella, los gigantes se abrían paso entre puestos improvisados de camisetas de fútbol, bufandas, juguetes y todo tipo de recuerdos de fiesta. Las terrazas, llenas de gente tomando algo, estrechaban el camino y algún camarero apartaba las sillas con prisa para que la comparsa pudiera pasar.

La Plaza de Los Fueros ofrecía un pequeño respiro. Allí, los portadores aprovechaban para coger aire, mientras los txistus llenaban la plaza con melodías que se colaban por la calle Herreros. Entre el público, una lluvia de risas, gritos y alguna que otra gota de vino volaba por el aire, que no siempre caía en su destino. Una señora vestida de impecable blanco pedía, por favor, a los jóvenes que no la manchasen.

La comparsa retomaba el paso y, en la Plaza Santiago, los gigantes bailaban bajo el sol, mientras los estelleses buscaban la sombra de los árboles. Los niños corrían de un lado a otro siguiendo a los cabezudos. Desde los balcones, algunos se inclinaban intentando tocar las cabezas de los gigantes, pero la altura y el movimiento lo convertían en misión imposible.

EMOCIÓN

Entre la multitud, Mariana Sanchís, sujetando la manita de su hija Nicole, miraba la escena sorprendida: “Es algo muy bonito, hemos venido a vivir a Estella hace poco y nunca había visto algo así”. Unos metros más allá, Aman Mahoud, en sus primeras fiestas, sonreía con los ojos brillantes: “Estas fiestas son preciosas y muy coloridas”.

El recorrido continuaba y los gigantes se detenían. El sol y el calor seguían acompañando. El sonido de los tambores y las gaitas guiaba a la comparsa de vuelta por el callizo de los gaiteros hasta la puerta del Ayuntamiento. Allí, los portadores daban por terminada la primera tarde de gigantes en Estella.

Para algunos, este momento es una costumbre de toda la vida, marcada en el calendario con tinta roja. Para otros, como Mariana, es algo nuevo: “Todo es raro, pero muy bonito”. Y para todos, un recordatorio de que, en Estella, las fiestas también empiezan cuando los gigantes echan a andar y se abren camino por las calles. Los ecos de las gaitas y tambores aún resonaban, aunque la luz se iba desvaneciendo poco a poco detrás de los edificios.

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