Los mejores amigos

Dina, la mejor amiga del Olentzero

Hace tres años llegó por Navidad. No fue un capricho, sino una pieza para completar el puzzle de una familia

Dina con
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Dina con Beatriz Arnedillo Muñoz y sus hijas Aisha, de 11 años, e Isis de 7, en el parque de Los Llanos de Estella
Dina con

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Myriam Munárriz

Publicado el 19/04/2025 a las 05:00

Dina está enfadada. Pero mucho. ¿Quién es esa que se para con mi humana y no me deja bajar a la orilla del río? Así que incrusta sus ojos marrones en la intrusa y la cose a ladridos. "Es su momento, perdona", dice Beatriz Arnedillo Muñoz, de 41 años y especialista de apoyo educativo. Y esta bordier collie de tres años, por fin, corretea feliz hasta la ribera del Ega en el parque de los Llanos de Estella. "Le encanta meterse hasta que el agua le roza la tripa". Ya está. Vuelta a la orilla y ahora sí, muy educada, deja que la conversación fluya sin decir ni "guau". "En casa se porta muy bien, pero es que ahora está en su derecho",

"Tuvimos una perrita anterior durante casi doce años. Al poco de dejarnos, mi hija la mayor (Aisha Zurbano, de 11 años) decía que quería otro; el padre también se quedó con un gran vacío. Veía a los perros por la calle y se paraba tocarlos. Un día dando un paseo por Pamplona a un parque al que íbamos con la bicicleta los cuatro (tiene otra hija más pequeña, Isis, de 7 años) había un montón de personas con perros que nos contaron que no habían durado otro año sin abrir su casa a otro. Y en Nochebuena vino el Olentzero con Dina, de apenas dos  meses.

¿Por qué Dina? "Se lo pusieron las niñas que entonces estaban en plena efervescencia con los dinosaurios". Niñas a las que, por cierto, trata de una manera muy diferente. "A Iris es la que más respeta, porque cuando era cachorra la pequeña la retiraba para que no le molestara. Y ahora no se le sube encima. En cambio, como el resto somos más mimosos, sí que se nos pone en el regazo".

Dina, y no es una frase hecha, se trata de una integrante más de la familia. "No sólo esto, sino que ella ha logrado unirnos aún más y que recuperemos viejas costumbres como ir de paseo todos juntos por la naturaleza. Cuando nos quedamos sin perro, habíamos dejado de hacerlo tan a menudo". Sólo un pero. "Cuando planeamos ir de vacaciones, en la mayoría de playas no se permiten perros y en las que sí dejan son muy salvajes y peligrosas para dos niñas tan pequeñas. Aunque no hay problema para dejarla porque también tiene abuelos", ríe. 

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