José Torrecilla, cronista popular estellés

José Torrecilla Iturmendi, en una imagen de archivo en la escalinata del frontón Lizarra de Estella, donde organizó tantos partidos y escribió tantas crónicas
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José Torrecilla Iturmendi, en una imagen de archivo en la escalinata del frontón Lizarra de Estella, donde organizó tantos partidos y escribió tantas crónicas
José Torrecilla Iturmendi, en una imagen de archivo en la escalinata del frontón Lizarra de Estella, donde organizó tantos partidos y escribió tantas crónicas

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Juan Cruz Alli

Publicado el 08/09/2024 a las 09:43

El día 2 falleció a los 95 años José Torrecilla Iturmendi (Oteiza 1929-Estella 2024), esposo de Benilde Illanes, padre de José Ramón y Conchi, abuelo de Estitxu y Amaia, a quienes transmito mi condolencia.

Desde que le conocí supe de la dura vida de una persona de la generación de la Guerra Civil. A partir de los nueve años vivió en Estella, buscando las oportunidades que daba la ciudad, muchas más que el campo, trabajando en los curtidos, arrimando ingresos con todo lo que le salía al paso, incluido haciendo de albañil para construir su casa. Resumía su experiencia laboral con el refrán popular: “Hombre de muchos oficios, pobre seguro”. Siempre estuvo agradecido a las oportunidades que se le abrieron, que convirtió en amor y entrega a su ciudad.

José fue una persona ejemplar, rico en cualidades humanas, vivencias, simpatía, don de gentes y capacidad de integración y observación que le permitieron participar en la vida estellesa, ganándose el afecto y la admiración de sus convecinos y los foranos que tuvimos la fortuna de tratarle. Demostró esfuerzo de superación confirmando que con voluntad y trabajo se puede superar muchas dificultades.

Como él transmitía, era un autodidacta que pasó del lápiz al bolígrafo en las anotaciones en la “libretica” de personas, acontecimientos y partidos de pelota, a la máquina de escribir y al ordenador, practicando de cronista freelancer integral cuando amplió la dotación con su máquina de fotos.

Conocía y era conocido, muy identificable con su txapela, siendo una persona que hablaba en la calle con todo el mundo, incluso a los desconocidos que había fichado. Una vez le comenté que, sin encomienda municipal, personificaba el “Estella saluda a los forasteros”. Con la mirada perspicaz de unos ojos vivos e indagadores, simpatía y amabilidad se ganaba a todos; de ahí pasaba a la presentación y a las preguntas, cuya contestación no se le podía negar.

Fue un agudo reportero, convertido en cronista popular de la vida de la ciudad, que extendió a los acontecimientos merindanos. Estaba en todas las partes, localidades y festividades, recogiéndolos con espíritu de costumbrista y folclorista. Su conocimiento de la vida, relaciones y trabajos de sus convecinos era tan grande que una vez le comenté: “José, si se quema el padrón municipal, tu podrías reconstruirlo”. Se río y no dijo que no pudiera hacerlo.

Integrado en las actividades deportivas y culturales se convirtió en su cronista en los medios de comunicación en textos publicados con su nombre o los seudónimos de “José de Astería”, -calle en que vivió en el barrio de San Miguel- e “Iturmendi”. Era socio activísimo del C.D. Izarra, cuya historia conocía al dedillo, con presencia en los partidos de Merkatondoa, reconocido con motivo del centenario (1924-2024). Gran pelotazale participó en la fundación del Club San Miguel de Pelota, restaurando los partidos del jueves, día de mercado en sus plazas, en que se llenaba el frontón Lizarra. En 1999 le entregó la txapela de socio de honor. El Club de balonmano Itxako fue su hijuela.

Dentro del Club San Miguel fue fundador de la Peña Lizarrakoa, cuyo himno compuso Manuel Turrillas para la “peña más jaranera de los buenos estellicas. / Es la que triunfa en las fiestas / al derrochar su alegría, / va cantando noche y día / y tiene mucho cartel”. José le hizo sugerencias para incorporar a la letra escenas como la presencia femenina en el ruedo (“vacas para las chicas”) y de los merindanos con cuartos para gastar. Participó en el homenaje que hicieron al maestro en 1965. El compositor y el cronista tuvieron un amigo común en Juanito de Luis fundador y director de la rondalla Los Estellicas. De esa relación salieron los arreglos de Turrillas para banda y fanfarre del Baile de la Era de Julián Romano en 1990, y la recopilación de música estellesa en la Marcha del Ayuntamiento a San Andrés de 1965.

Torrecilla plasmó sus vivencias, recuerdos y anotaciones en libros y crónicas periodísticas en los medios navarros y en los programas de fiestas que se editaban en Estella. En uno de sus libros hizo la crónica de un viaje a la Argentina en 1992 con motivo de la visita a los centros navarros del presidente del Gobierno de Navarra, donde conoció a personas relevantes de la colectividad navarra como los Ayanz, Monreal, Espadas, Valencia y otros.

José Torrecilla se entregó en alma y cuerpo txapelaundi a la ciudad que le acogió. Estaba en todas las salsas, pero no era un salsero, sino un hombre bueno, cabal, trabajador, comprometido, observador y recopilador de la vida ordinaria y diaria de sus gentes para poder hacer la historia real de una comunidad diversa, unido a sus convecinos en su sentido de pertenencia. Donó su archivo al ayuntamiento y fue reconocido como estellés del año en 2011 y colanzador del cohete de 2015.

Amigo José, descansa en paz y protege a tu ciudad y vecinos.

Juan Cruz Alli Aranguren era amigo del fallecido

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