Negocios

Comercios de toda la vida logran el relevo en Estella

El relevo generacional muchas veces no es fácil pero se torna imprescindible para que comercios de toda la vida sigan, tras un punto y seguido, con su actividad después de la jubilación de quienes los pusieron en marcha

Actividad comercial en una de las calles de Estella
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Actividad comercial en una de las calles de Estella
Actividad comercial en una de las calles de Estella

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Sheyla Muñoz

Publicado el 19/05/2022 a las 06:00

Asegurar el relevo generacional resulta complicado en un momento en que el comercio local no atraviesa su mejor momento. Aún así, varios en en los últimos tiempos han conseguido seguir con la persiana levantada tras una jubilación después de décadas en el sector.

Establecimientos “de los de toda la vida” que, algunos manteniendo el nombre que los dio a conocer, siguen escribiendo su historia gracias a la decisión de quienes en muchos casos venían empleándose en ellos antes de la jubilación. Una decisión que permite frenar el número de locales vacíos. Sin embargo, no todos los negocios cuentan con este relevo y, en el caso de concreto de Estella, hay una generación de comerciantes que tiene el horizonte de la jubilación en solo unos años.

Marian Iriberri Zudaire (izda). con parte de su equipo: Rodrigo Juarros, Ingris Catin, Izaskun Gil, Rosa Menéndez y Tatiana Álvarez en la pescadería Martina, ubicada en  la calle Ruiz de Alda
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Marian Iriberri Zudaire (izda). con parte de su equipo: Rodrigo Juarros, Ingris Catin, Izaskun Gil, Rosa Menéndez y Tatiana Álvarez en la pescadería Martina, ubicada en la calle Ruiz de AldaMontxo A.G.
Marian Iriberri Zudaire (izda). con parte de su equipo: Rodrigo Juarros, Ingris Catin, Izaskun Gil, Rosa Menéndez y Tatiana Álvarez en la pescadería Martina, ubicada en  la calle Ruiz de Alda

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Marian Iriberri Zudaire, pescadería Martina: “Decidimos mantener el nombre, así se le ha conocido siempre”

Tras catorce años trabajando como empleada en la pescadería Martina, Marian Iriberri Zudaire decidió dar el paso y cogió las riendas del negocio de esta pescadería “de toda la vida” cuando llegó el momento de jubilarse a su anterior propietaria. Fueron varios los trámites a llevar a cabo y entre ellos cambió la razón social pero no el nombre comercial. “Decidimos mantenerlo. Así se la ha conocido siempre y pensamos que era lo mejor”, explica Iriberri, al frente del negocio desde octubre de 2021. El suyo es uno de los ejemplos de relevo generacional en el sector comercial local que permite seguir con la actividad de un establecimiento de los de siempre, en la céntrica calle Ruiz de Alda.

Unos meses, reconoce, que no han sido fáciles ya que a la situación de pandemia sanitaria que ya venía de atrás se sumaron otros problemas como la guerra de Ucrania o la huelga de transportes. “Los precios han subido y eso se nota en los bolsillos de los clientes y también en los restaurantes a los cuales suministramos género”, cuenta.

Sin embargo, esta pescatera no pierde la sonrisa en ningún momento y prefiere mostrarse optimista respecto al futuro. Explica que decidió tomar el relevo al negocio tras estudiarlo y porque el trabajo “le gusta mucho”. En esta nueva aventura le acompañan ocho personas más. Parte de la plantilla que había con la antigua propietaria siguió y otra se renovó ante alguna jubilación que también llegaba.

La ubicación de la pescadería en un emplazamiento céntrico y la confianza que siguen depositando una clientela a la que ya conocía de su etapa como trabajadora han propiciado que la transición esté siendo fácil en ese sentido. “La gente te conoce porque han sido catorce años trabajando en la pescadería así que en ese sentido es como si nada hubiera cambiado. El conocimiento que proporciona el haber estado tanto tiempo en el negocio hace ahora más llevaderas algunas tareas que, intuyo, si no hubiera trabajado antes en la pescadería hubieran resultado más complejas”, indicó.

Como comerciante, Marian Iriberri se muestra consciente del complicado momento que vive el sector pero también reconoce la dificultad de encontrar medidas concretas para impulsarlo. “¿Que hay que hacer algo? Seguro. ¿Qué se puede hacer? Ojalá lo supiera y contara con esa varita mágica. Lo que está claro, desde mi punto de vista, es que a quienes les corresponda tienen que trabajar en conjunto”, concluyó.

Marta Valencia Albéniz está al frente de la ferretería El Aragonés, ubicada en la calle Mayor, desde marzo de 2021 aunque llevaba trabajando allí de forma ininterrumpida desde el año 2000
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Marta Valencia Albéniz está al frente de la ferretería El Aragonés, ubicada en la calle Mayor, desde marzo de 2021 aunque llevaba trabajando allí de forma ininterrumpida desde el año 2000Montxo A.G.
Marta Valencia Albéniz está al frente de la ferretería El Aragonés, ubicada en la calle Mayor, desde marzo de 2021 aunque llevaba trabajando allí de forma ininterrumpida desde el año 2000

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Marta Valencia Albéniz, ferretería El Aragonés: “El comercio local tiene mucho que ofrecer y la gente se da cuenta”

Cuenta Marta Valencia Albéniz que, aunque se acercaba el momento de la jubilación del propietario, ella tenía “más que claro” que no iba a coger las riendas de la ferretería El Aragonés. En ella había estado trabajando como dependienta de forma fija desde el año 2000 aunque ya con 16 años trabajó allí unos meses durante una baja maternal. Explica además que se formó como auxiliar de enfermería y aunque nunca ha ejercido sí que concurrió a dos convocatorias de oposiciones pensando en el momento en que, con la jubilación, llegara el cierre de la ferretería.

“Lo cierto es que el futuro del comercio yo lo veía muy negro con el avance de internet que parece que, poco a poco, va comiéndose al pequeño comercio. Sin embargo, los proveedores empezaron a animarme, igual que hicieron muchos clientes habituales. ¿Cómo no vas a seguir? Anímate.”, relata. Unas palabras que le hicieron reflexionar y replantearse una decisión que, poco a poco, fue cambiando. Así, “con algo de miedo”, decidió dar el paso y tomar el relevo a un negocio “de los de toda la vida en la calle Mayor”.

Su predecesor se jubiló a finales del año 2020 y tras unos meses en los que la tienda permaneció cerrada mientras se arreglaban los papeles del cambio de gestión, Marta Valencia volvió a levantar la persiana del Aragonés en marzo de 2021. Lo hizo en un contexto complicado marcado por la pandemia al que después se le han unido dificultades devenidas por la guerra. Aún así, esta estellesa se muestra satisfecha con el paso dado.

Agradece el apoyo recibido por parte de proveedores y clientes ya habituales y también de los nuevos que, poco a poco, constata que van cruzando la puerta. “Sí que se ha notado que viene gente nueva, un perfil de cliente algo más joven igual que el habitual que teníamos nosotros hace unos años. Hablo de personas de entre treinta y cuarenta años más o menos que, pasados los primeros meses de pandemia, están viniendo por la tienda. Creo que el comercio local, el de cercanía, tiene mucho que ofrecer y, al menos quiero pensarlo, la gente empieza a darse cuenta. Comprar a un click es muy fácil pero nosotros ofrecemos una atención personalizada, podemos ayudar, asesorar, resolver dudas y no somos tan caros en comparación con otras plataformas como igual se podía pensar”, refiere Valencia, que remarca la importancia de seguir apostando “por el pequeño comercio, el de cercanía, el de siempre”.

Ana Benito Mendoza (izda.) junto con Vicky Albéniz en Mercería Ana, en la calle Fray Wenceslao de Oñate, más conocida en la ciudad del Ega como la calle Nueva
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Ana Benito Mendoza (izda.) junto con Vicky Albéniz en Mercería Ana, en la calle Fray Wenceslao de Oñate, más conocida en la ciudad del Ega como la calle NuevaMontxo A.G.
Ana Benito Mendoza (izda.) junto con Vicky Albéniz en Mercería Ana, en la calle Fray Wenceslao de Oñate, más conocida en la ciudad del Ega como la calle Nueva

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Ana Benito Mendoza, mercería Ana: “Estella no puede perder su comercio, las tiendas dan vida”

“Tenemos que remar entre todos por nuestra ciudad”. Así de tajante se muestra Ana Benito Mendoza al hablar sobre el futuro del sector comercial en Estella. Y lo dice desde su experiencia personal tras coger en 2018 el testigo en una mercería “de las de toda la vida”. Desde entonces está tras el mostrador de Mercería Ana, en la calle Nueva, a la que decidió cambiar el nombre anterior -Carmen- por el suyo. Reconoce que tuvo dudas al principio porque toda la clientela conocía el establecimiento por el nombre antiguo. “De hecho hay gente que sigue ubicándolo así pero no me importa”, asegura.

El suyo ha sido otro de los ejemplos de relevo generacional en comercios de toda la vida que siguen manteniendo la misma actividad con que abrieron. Esta estellesa trabajaba en otra mercería de la ciudad cuando se enteró de que el local había quedado libre. “Estaba en una calle comercial y además era un local que había albergado la misma actividad en la que yo trabajaba. No tardé mucho en lanzarme a la piscina”, recuerda entre risas. Explica que lo hizo por interés profesional propio pero también, añade, por contribuir a seguir manteniendo vivo el pequeño comercio local.

“Estella no puede perder su comercio. Las tiendas dan vida, dan luz... Aún recuerdo la tristeza de los meses de confinamiento con todos los escaparates apagados. Es que solamente ya eso es vital y nos corresponde a todos esa tarea de sacarlo adelante”, remarca. Desde su experiencia estos años al frente de la mercería, Benito asegura estar “encantada” con la decisión adoptada de asumir el negocio. Por las mañanas, cuenta con la ayuda de una dependienta, Vicky Albéniz. Ambas, insiste, atienden y resuelven las dudas de todas las personas que cruzan por la puerta.

Y es en esa idea de la puerta abierta, no solamente para quien vaya con la intención fija de comprar si no también con la de preguntar, en la que incide más de una vez para alejar la percepción equivocada a su parecer que muchas veces, entiende, rodea al pequeño comercio de atosigar al cliente que entra. “Aquí puede entrar quien quiera, cuando quiera y preguntar lo que quiera. Si compra mejor pero si no no pasa absolutamente nada, para eso estamos”, remarca Benito que propone “a las instituciones que correspondan” la posibilidad de brindar algún tipo de incentivo para los comerciantes locales. “No sé exactamente qué se puede hacer o cómo plantearlo pero hay que implantar algún incentivo o ayuda al comercio porque da vida a la ciudad. Son muchos, demasiados, los locales vacíos que se van viendo en los últimos años”, insiste.

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