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Ordenanza municipal

El viejo Templo, de bar a centro de reunión en la Navarrería de Estella

Es el primero en obtener licencia municipal para reabrir con esta nueva actividad el antiguo establecimiento

Ampliar Tramo superior de la calle Navarrería con el Templo en la cuesta a la derecha, en el número 50
Tramo superior de la calle Navarrería con el Templo en la cuesta a la derecha, en el número 50Montxo A. G.
Publicado el 15/01/2022 a las 06:00
El antiguo Bar Templo, uno de los veteranos establecimientos de hostelería que desarrolló su actividad en el Casco Viejo de Estella entre los años 1989 y 2015, reabrirá como centro de reunión después de que un cambio en la ordenanza municipal de chabisques haya abierto la puerta a este uso en locales de hostelería. Su propietario es el primero que ha tramitado ya en el Ayuntamiento la licencia de primera utilización para esta nueva actividad ligada al ocio juvenil. Un permiso que la Junta de Gobierno Local incluyó en su convocatoria de este jueves.
Ubicado en el número 50 de la calle Navarrería, albergó anteriormente carpintería. Una actividad familiar desempeñada primero por Serafín Sánchez y después por su hijo, Tito Sánchez Lumbier. Con el traslado de este último al polígono de Merkatondoa, el local se arrendó e inició una trayectoria como bar especial que se prolongó a lo largo de un cuarto de siglo. Fueron años en los que esa calle de la ciudad concentraba el mayor número de locales del Casco Antiguo. Nabarreria, The Corner, Cervecería Navarro, Izaskun, Berri, Templo, Katxetas y Male, estos últimos en las confluencias con Estudio de Gramática y La Estrella, se sucedían en el mismo espacio, el núcleo de Estella que concentraba la vida nocturna.
Hoy, con una situación muy diferente, el viejo Templo se alquilará para un nuevo contenido en un momento en el que proliferan los centros de reunión por toda la ciudad.
OBSTÁCULO SALVADO
Tras poner fin en 2015 a la trayectoria como bar después del último arrendamiento, el propietario del Templo comenzó ya a plantearse la posibilidad de dar una nueva utilidad a local. Para destinarlo a centro de reunión o chabisque -las dos licencias que, bajo una normativa única, diferencian en Estella si se trata de espacios para todo el año o solo para fiestas patronales- era preciso plantear primero un cambio en la ordenanza. Lo que el dueño solicitó al consistorio en la anterior legislatura hacía referencia, en realidad, a una cuestión urbanística. Se trataba de permitir que, aún manteniendo la obligatoriedad de acceder en planta baja y de distribuir en ella su superficie principal, pudieran incorporarse otros espacios, en concreto la entreplanta que es donde el antiguo bar tenía sus baños.
Hace dos años, en otoño de 2019, esta opción se incluyó en una modificación de la ordenanza de chabisques que se impulsaba en esos momentos. Se puso fin con este trámite a la obligatoriedad vigente hasta entonces de que los aseos en estos lugares de encuentro juvenil se localizaran siempre en planta baja. Y, con ello, se abrió la puerta a posibilidades como la que ahora inaugura el Templo. Con retraso respecto a lo previsto porque la pandemia ha interrumpido alquileres existentes y otros en curso, pero en vías de acoger el nuevo uso.

Unos 40 locales para todo el año que destierran a los chabisques

La que atañe al en su día bar especial reviste novedad pero no es el único acuerdo sobre centros de reunión tramitado el jueves por la Junta de Gobierno Local. Hubo tres más localizados en la plaza de los Fueros, la plaza Sierra de Aralar y la calle Valdeallín. Aunque se asocian más habitualmente al ocio de los jóvenes, que son sus inquilinos mayoritarios, entre sus arrendatarios los hay también adultos. Perfiles diferentes para un uso regulado en la ordenanza municipal cuando se extiende para todo el año, más allá del periodo ligado exclusivamente a las fiestas patronales en el mes de agosto. El primero, el catalogado como centro de reunión, se impone en número al segundo, el chabisque de siempre. Y lleva camino de desterrarlo o dejarlo en una presencia muy reducida porque en estos momentos hay concedidas unas 40 licencias distribuidas por el conjunto de la ciudad.
A través del área de Planificación Urbana y Proyectos Estratégicos, se da salida esta temporada a ese goteo de tramitaciones. No se trata siempre de nuevas licencias, puesto que buena parte ya existían y solo se procesan cambios de titularidad en cuanto a la representación de sus usuarios. El motivo, que la pandemia y los meses de cierre ha puesto fin a algunos alquileres. Y, en estos momentos, propietarios e interesados negocian de nuevo.
Al “boom” de centros de reunión se refiere el concejal de Juventud, Jorge Crespo. En estos meses, indica, tras cerrarlos todos el covid, hubo contratos que se dieron de baja y se retoman ahora con esos cambios de titularidad. En su opinión, esta preferencia por locales de todo el año frente a los de fiestas avala el planteamiento, defendido desde el área de Juventud, de que la diferenciación actual de licencias entre unos y otros usos carece de sentido. “Las diferencias son mínimas y tendría más sentido una única licencia y establecer mecanismos para que quien quiera estar en verano pueda hacerlo. Y al revés lo mismo, pero con una única licencia”.
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