Un bar, una historia

De la clase al bar, de estudiantes a camareros

El bar del Obeki lleva funcionando desde el verano de 1967 para servir a los bañistas que acuden a las piscinas del colegio Nuestra Señora del Puy

Leyre Lorente posa dentro de la barra del bar del Obeki, las piscinas del Colegio Nuestra Señora del Puy
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Leyre Lorente posa dentro de la barra del bar del Obeki, las piscinas del Colegio Nuestra Señora del Puy
Leyre Lorente posa dentro de la barra del bar del Obeki, las piscinas del Colegio Nuestra Señora del Puy

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Lucas Domaica

Publicado el 10/08/2021 a las 06:00

Es un bar que solo tiene helados, patatas, chucherías, refrescos, cervezas y café. Lo clásico que se pide uno entre baño y baño en la piscina. Ubicado en la parte alta de Estella, los bañistas pueden disfrutar de una vista general de la ciudad del Ega mientras son atendidos por unos camareros muy especiales.

“Experiencia en hostelería la verdad que no tenemos mucha”, reconoce Leyre Lorente, camarera de 22 años. Ella es la mayor de los cinco trabajadores que han puesto en marcha este año el bar del Obeki, las instalaciones del colegio Nuestra Señora del Puy. Un bar inaugurado en 1967, cinco años después del colegio.

Los cinco camareros pasan en un mes de ser estudiantes del colegio a ser encargados del bar para sacar un dinero que viene “muy bien durante el verano”, como asegura Lorente, única camarera en etapa universitaria. Junto a ella están Daniel García, Candela Oronoz, Irache Lorente y Jimena Areopajita. “Generalmente los trabajadores solían ser estudiantes de 2º de Bachiller, pero este año han pedido los de 1º y les han dejado”, explica la camarera más veterana.

Todos ellos reparten los turnos y unos días les toca en el bar y otros en la puerta de entrada a las instalaciones, punto en el que controlan el acceso de los socios. “Este año hay 332 plazas para socios”, añade. La temporada pasada estas piscinas con más de cincuenta años se mantuvieron cerradas por el coronavirus, pero este año han vuelto ofreciendo unas plazas limitadas y sin vender entradas diarias.

“En el bar vendemos lo típico. Hay chucherías, bolsas de patatas, gusanitos, helados, refrescos, cervezas y café. No tenemos nada en especial. Con esto vamos de sobra”, comenta Leyre Lorente. Especialidad no tendrán, pero tienen dos carteles de helados. Van con todo. Más de cuarenta tipos.

El próximo 30 de agosto estos camareros dejarán su trabajo temporal para volver a las aulas tras casi dos meses en la barra. A ellos les esperará un año duro como es 2º de Bachiller, aunque con su primer sueldo lo llevarán mejor.

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