Fallecimiento

Muere el estellés Adolfo Eraso, autoridad mundial en glaciares

De 86, sus últimos años los dedicó a la medición del cambio climático en los glaciares

Muere el geólogo y glaciólogo estellés Adolfo Eraso
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Muere el geólogo y glaciólogo estellés Adolfo Eraso

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Jesús Rubio

Actualizado el 30/05/2021 a las 23:55

El científico estellés Adolfo Eraso Romero, químico de formación, espeleólogo, geólogo, experto en el relieve kárstiko e investigador de glaciares y el cambio climático, falleció el sábado en Plasencia (Cáceres) a los 86 años. Eraso fue el fundador de la asociación Glackma, que utiliza los glaciares como sensores naturales para medir el calentamiento global, y hasta poco antes de su fallecimiento siguió participando en las expediciones para tomar esos datos. Entre sus distinciones, se pueden mencionar la de estellés del año en 1994, la medalla del Ateneo, el premio Francisco de Javier de 2018, con el que el Gobierno foral distingue a los navarros que viven en otras comunidades, y el doctorado honoris causa que le concedió la Universidad Pública de Navarra en 2014. Su trabajo ha tenido relevancia internacional, como indica que fuera miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y el primer español al que aceptaron como miembro de la Academia Rusa de Ciencias Naturales.


Nacido en Estella en agosto de 1934 y residente buena parte de su vida en Madrid, de cuya Universidad Politécnica era profesor honorario, Adolfo Eraso pasó sus últimos años en la comarca cacereña de las Hurdes. “Durante 40 años fue su punto de escape después de sus expediciones”, explica su hija Susana Eraso Rigault, que le ha cuidado en los últimos tiempos junto a su nieta Laura. Pero la vida del científico estellés, divorciado y padre de dos hijos, ha corrido por buena parte del mundo. “Ha sido la suya una vida muy intensa, muy generosa a la hora de compartir su conocimiento. Le gustaba hacer partícipe a todo el mundo de lo que aprendía”, sigue Susana Eraso. También le recuerda así su sobrina Elena Induráin, que cuenta que cada vez que les visitaba en su casa de Pamplona, en Navidades y otras ocasiones especiales, les revolucionaba con lo que les relataba de sus viajes.


GEOLOGÍA Y ESPELEOLOGÍA

Adolfo Eraso salió muy joven de Estella para estudiar el bachillerato en Vitoria. En Madrid, en la Complutense, estudió Química, pero pronto se interesó por otros campos. Durante diez años trabajó en los departamentos de perforación de consorcios petroleros y comenzó a estudiar Geología. Experto montañeros, se aficionó a estudiar las simas y la cuevas de Tierra Estella, lo que le llevó más tarde a participar en distintas expediciones espeleológicas, como las que se adentraron en la Torca del Carlista, en Vizcaya, Ojo Guareña, en Burgos, o la sima Lepineux, en Larra-Belagua, entre otras. Sus trabajos le fueron especializando en la hidrogeología, la rama de la ciencia que estudia el origen, la circulación o la influencia en el terreno de las aguas subterráneas. Aún más, se centró en un tipo de terreno, el karst, el paisaje calizo que se puede ver por ejemplo en el macizo de Larra.


LOS POLOS

Recuerda su sobrina Elena Induráin que a Adolfo Eraso le llamaban el “centinela del hielo”. Los casquetes polares irrumpieron en su vida en los 80, en Rusia. “En San Petersburgo, entonces todavía Leningrado, conocí al profesor Treshnikov, presidente del Instituto de Geografía. Me habló de la Antártida con tal entusiasmo que acabé subyugado por sus relatos”, decía en una entrevista en 2002, tras ingresar en la Academia Rusa de las Ciencias. Desde entonces, Eraso participó en más de 80 expediciones a los polos, entre ellas que puso en marcha de la base Juan Carlos I en la Antártida. “El tiempo para la reflexión, las puestas de sol y los amaneceres”, destacaba en otra entrevista cuando le preguntaron sobre qué merecía la pena de investigar en unas condiciones tan duras. Tal fue su pasión por los polos, que pidió a su familia que sus cenizas se repartan entre el Ártico y la Antártida, aunque también hayan guardado una parte para Estella.


Con las expediciones a los polos, la primera en 1985, creció la preocupación de Eraso por el cambio climático. En una entrevista en 2011, el geólogo estellés se definió como “notario del deshielo de los polos” y aseguraba que “si sigue a este ritmo, en la próxima década podrá subir el nivel del mar un metro y en la siguiente tres”. “Cuando la temperatura del mar empiece a subir, se va a disparar todo este tema de las catástrofes de origen climático”, auguraba el científico, que apuntaba que en Navarra se había casi perdido el sirimiri, “beneficioso porque repartía la lluvia”. “Mi opinión es muy mala respecto a nuestra especie. El actual mundo, de sostenible no tiene nada. Creemos que podemos hacer todo lo que queramos con los que tenemos a nuestro alrededor”, decía en aquella entrevista.

 

Fundó una red de estaciones polares para medir el cambio climático

 


Los últimos años de la trayectoria profesional de Adolfo Eraso están vinculados con el proyecto Glackma (Glaciares, Criokarst y Medio Ambiente), una asociación que fundó junto con María del Carmen Domínguez Karmenka en 2010, pero que como proyecto se inició casi una década antes. La idea de la iniciativa es utilizar los glaciares como un sensor natural que vaya advirtiendo del calentamiento global según sea el deshielo y las descargas de agua. Han creado una red de estaciones, cuatro en el hemisferio norte (en el archipiélago ártico Svalbard, en el Ártico sueco, en Islandia y en el norte de los Urales) y otros tantos en el hemisferio sur (en la Antártida insular, en la península antártica y dos en la Patagonia, en Chile y Argentina). Han llegado a registrar 8.760 datos anuales por cada parámetro que se estudia. La asociación ha realizado más de un centenar de expediciones a los polos.

 

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