Comercio

Una generación de comerciantes estelleses dice adiós

La jubilación de sus propietarios cierra una etapa en tiendas con décadas de actividad en Estella. Detrás de los mostradores de la ferretería El Aragonés, la mercería Suar y la joyería de Marian Zabala, se cuenta la historia comercial de la ciudad

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Una generación de comerciantes estelleses dice adiósMontxo A.G.
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María Puy Amo

Actualizado el 31/01/2021 a las 06:00

Una generación de comerciantes de Estella se jubila. En la calle Mayor, San Andrés o Fray Wenceslao de Oñate -conocida también como calle Nueva- coinciden estos días carteles que anuncian el adiós de veteranos del sector tras décadas en sus establecimientos familiares. El negocio no siempre desaparece con ellos. Hay también quien intenta la continuidad aunque ya con otros apellidos porque no ha habido relevo generacional entre los suyos. Una buena noticia en un momento en el que los locales cerrados preocupan en el centro de la ciudad.

Mercería Suar, Ferretería el Aragonés y Joyería Marian Zabala se suman a una lista de despedidas que ha crecido en estos años. Librería Felipe, Confecciones Elcano, Boutique Class, Droguería Ancín y Cipri&Hiedra han formado igualmente parte de ella.

SUAR LA MERCERÍA DE LA CALLE SAN ANDRÉS

Maite Sucunza Armentia cerrará el 7 de marzo Suar, la mercería de la calle San Andrés que sus padres, Vicente y Pilar, abrieron hace 55 años en el mismo emplazamiento. Su nombre, formado con las iniciales de sus dos apellidos, ha formado parte desde entonces de uno de los espacios principales de la ciudad. Maite cumple los 65 y, tras pasar 46 en el negocio, le llega el momento de la jubilación.

Fue ella, la pequeña de una familia de cuatro hermanas, quien tomó el relevo tras fallecer su madre y vio desde su mostrador pasar la vida de la ciudad. Porque -recuerda- junto a su tienda transitó siempre mucha gente, más desde su peatonalización en 2007. “Aquí estaba la parada de taxis y con ellos te sentías acompañada. Una presencia que sabías estaba siempre allí”, cuenta. Frente a ella, la antigua Mallorquina y, al lado, el Bar Amaya compañero todavía de una calle caracterizada también por la actividad bancaria.

Entrar en Mercería Suar supone, aún en pleno proceso de liquidación, topar con los colores de los cientos de ovillos de lana de sus estanterías. Porque, entre ventas de ropa interior, pijamas o medias y calcetines de un amplio catálogo de género en el que siempre apostó por las novedades, el punto y el ganchillo tuvieron un espacio propio. Ella misma lo enseñó a sus clientas. “Una de ellas, que ahora es abuela y le está haciendo a su nieta una chaqueta, me decía el otro día: ¿te acuerdas de cuándo venía con mi madre?”, relata. Y es que por Suar han pasado hasta cuatro generaciones de una misma familia. En las conversaciones, el motivo de la compra, pero a la vez las confidencias que surgen cuando se vende sin prisa y la cercanía estrecha lazos con clientas que acaban a veces siendo amigas. “Todo ha cambiado mucho. Antes, los jueves de mercado venía mucha gente de los pueblos en autobuses. Teníamos tanto movimiento que mi madre y mis hermanas comían en la tienda para no cerrar al mediodía. Se compraba de otra manera. Ahora se viene a por lo que hace falta, pero recuerdo que en las liquidaciones de otros tiempos era más el por si acaso. Se llevaban lo necesario y lo que podía serlo”, detalla.

Como otros compañeros de actividad, ha vivido años duros en tiempos en los que el consumo ha cambiado sus hábitos. “¿Pena? Sí, la verdad es que me da mucha, sobre todo cuando veo vacío el pequeño almacén sobre la tienda que siempre tenía lleno de género. Pero, por otro lado, también estoy cansada porque han sido muchos años de dedicación”.

EL ARAGONÉS OCHENTA AÑOS EN LA CALLE MAYOR

Si la mercería cerrará sus puertas, para Ferretería El Aragonés sí habrá continuidad en la calle Mayor. Por ello apuesta la familia propietaria de un negocio que forma parte de ella desde hace 80 años ampliado después a la venta de artículos de hogar. José Manuel Gómez Martínez se jubiló el 28 de diciembre. Bajó entonces la persiana, pero lo previsto es que la tienda reabra en unas semanas de la mano de la trabajadora que hasta ahora ha permanecido con él en el establecimiento.

Hoy el más antiguo de los negocios de ese tramo de la calle, José Manuel Gómez recuerda que convivieron en otro tiempo con otros como Peluquería Roque, La Catalana o La Esperancita. Y asistieron a importantes cambios en su trazado. “Antes había aceras y se abrió por completo. Salíamos de la tienda y teníamos un escalón de metro y medio para abajo. Una obra impresionante que la dejó totalmente diferente”, recuerda.

Fueron sus padres, Benito y Adoración, quienes empezaron la actividad. Con su nombre, El Aragonés, recordaron los orígenes del primero, procedente de la localidad zaragozana de Alpartir. “Mi padre y mi hermano Benito iban al principio por los pueblos. Más que vender, entonces lo que existía era el trueque. Dejabas las perolas e igual se volvía con calbotes, leche y otras cosas, pero no se comercializaba con dinero. A partir de ahí, empezó a venir mi madre a la tienda y luego nosotros”, señala. Con el tiempo, se jubiló su hermano y ahora le ha tocado hacerlo a él, cumplidos los 65 y después de pasar 45 en el local comercial de una casa centenaria de la calle Mayor que hoy -señala- le gustaría tanto ver continuar.

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