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Restauración

Carpinteros del patrimonio en Arizala

Puertas del Monasterio de Irache y una pequeña campana en Piedramillera son para los Erdozáin los encargos más recientes en 20 años ligados a monumentos

Foto de los hermanos Juan Mari, Francisco Javier y Fernando, en su carpintería familiar de Arizala.
Los hermanos Juan Mari, Francisco Javier y Fernando, en su carpintería familiar de Arizala.
  • M. P. Amo
Actualizada 17/01/2021 a las 06:00

Puertas del Monasterio de Irache y una pequeña campana perteneciente a la iglesia de Piedramillera como encargos más recientes. Solo parte de una relación de trabajos ligados a la restauración del patrimonio histórico de Navarra que han llevado a una carpintería familiar de Arizala, la capital de de Yerri, a vincularse desde hace dos décadas a buena parte de las intervenciones llevadas a cabo en sus monumentos. En monasterios, en iglesias, ermitas y palacios la madera tiene el sello de los hermanos Erdozáin Senosiáin. De Juan Mari, Francisco Javier y Fernando. La cuarta generación de un negocio ligado al valle desde hace más de un siglo.

Para ser llevada a la nave a pie de carretera se desmontó antes de Navidad la pequeña campana mariana del campanillo de la parroquia en obras de Piedramillera. Los carpinteros repararon su yugo, destrozado por el paso del tiempo y la exposición a la intemperie. Hoy, ya se encuentra de nuevo en su lugar de origen. También lo han hecho trece puertas del cenobio de Irache, un trabajo encargado dentro del proceso de obras que acomete en fases sucesivas y desde hace dos décadas el Gobierno de Navarra. Se ha tratado, en este caso, de las pertenecientes a los pasadizos de su iglesia abacial, tres niveles que constituyen una de sus singularidades. Su firma está igualmente en los bancos, otro complemento a la obra principal que resultó necesario porque la polilla y la carcoma se habían comido los existentes.

Son los últimos proyectos encomendados a una familia de carpinteros a la que su profesión ha dado la oportunidad de conocer el patrimonio de su comunidad. También, aunque en menor medida, de otras cercanas a los que en ocasiones muy puntuales se han sumado encargos que llegan de Europa. La labor en la trastienda de las grandes restauraciones con el roble como recurso en la gran mayoría de los trabajos.

Fernando Erdozáin cuenta que la actividad familiar de la madera comenzó en el mismo pueblo de Arizala con su bisabuelo hace más de cien años. Al menos -explica- que ellos conozcan porque, como en otros casos, el oficio artesanal pudo pasar de una generación a otra desde tiempo atrás. En la casa de los Erdozáin llegaría después el turno del abuelo Juan y de su padre, Fernando. “Hace 20 años nos trasladamos a esta nave de la carretera de Arizala y prácticamente por entonces comenzamos con los primeros encargos relacionados con el patrimonio que hemos compaginado con los demás”, argumenta.

PRIMERO EN IRANZU

El primero -recuerda- les llegó desde el Monasterio de Iranzu, próximo a su pueblo. La carpintería convencional y los trabajos para particulares prosiguieron, a la vez que se abría paso un frente que desde entonces no ha dejado de sumar nombres. Puertas, ventanas, escaleras, púlpitos y otros elementos de madera que se trabajan en ocasiones en el m ismo lugar. Otras requieren el traslado al taller para restaurarlos o hacerlos nuevos trabajando para ello sobre plano.

A lo largo de estas dos décadas vinculados a proyectos de Príncipe de Navarra, de parroquias y otras instituciones él y sus hermanos han trabajado, además de en Iranzu e Irache, en los monasterios de Leyre, La Oliva y Fitero. En las catedrales de Pamplona y Tudela y, de nuevo en Tierra Estella, en la iglesia de San Pedro de la Rúa. Una importante restauración que contó con ellos para las puertas de acceso al claustro y al ascensor. Su labor como carpinteros les llevó también por la parroquia de San Nicolás en Pamplona y las de Santa María Jus del Castillo y Santo Sepulcro, en el Camino de Santiago de Estella.

El patrimonio civil ha deparado de forma paralela años de encargos. Como la pasarela y puertas de de la Real Fábrica de Armas de Orbaizeta, terminadas el pasado mes de noviembre. El castillo de Marcilla, una puerta para el de Olite y la que recuerda de manera especial durante la reforma del Palacio del Gobernador de Estella en el actual Museo del Carlismo. Su colocación necesitó -comenta- recurrir a una grúa y al trabajo de doce personas en una tarea final, la del montaje, exigente por el peso que alcanzan estructuras de roble de hasta 600 kilos.

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