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Estella

El gaztetxe, hacia su tercer año de ocupación sin detener la actividad

Las denuncias tras un concierto en Navidad ponen de nuevo el foco en este espacio del Casco Antiguo de Estella

Viandantes pasan ayer junto al gaztetxe bajo los copos de nieve que caían sobre Estella.
Viandantes pasan ayer junto al gaztetxe bajo los copos de nieve que caían sobre Estella.
Actualizada 10/01/2021 a las 06:00

El gaztetxe Sugarra de Estella, como se denomina el espacio del edificio conocido como Hospital Viejo del que se ha apropiado un grupo de jóvenes, camina hacia su tercer año de ocupación sin que su actividad se haya interrumpido ni concretado desde el Ayuntamiento su futuro. Una de las actividades realizadas en su interior esta Navidad -un concierto celebrado por la tarde del sábado 2 de enero- ha dado lugar desde Policía Municipal a una doble propuesta de sanción por tener el local abierto y realizar una actividad sin licencia. Con el informe policial en curso, el foco se pone de nuevo en un lugar que sigue en marcha mientras la pandemia mantiene el precinto en otros lugares de encuentro juvenil como chabisques y centros de reunión.
Transcurridos 30 meses desde que fue ocupado y acontecidas polémicas varias en torno a su situación, el gaztetxe continúa organizando actividades. Y, en días pasados, daban desde las redes sociales en las que las anuncian las “gracias a todos los que se acercaron para participar en ellas en Navidad”. Una programación más en un calendario que ha rebasado ya los dos años y medio.

Acaba junio de 2018 | Se ocupa el edificio

Arrancaba el verano de 2018 y el último fin de semana de junio, pancartas en la fachada y mobiliario en la calle para ser introducido en el interior avanzaban actividad en el edificio del Hospital Viejo, en la calle La Imprenta de la ciudad. Los jóvenes que lo ocuparon entonces anunciaron ya que iban a convertirlo en un gaztetxe puesto que el usado hasta entonces en Santa Bárbara no “satisfacía sus necesidades”. Explicaban que se trataba de un “edificio abandonado por el poder público durante años” elegido para desarrollar su “proyecto autogestionado”. La polémica no tardó en llegar al salón de plenos. La primera, porque se han sucedido desde entonces.

Tanto la planta baja, donde se localizaba la antigua capilla, como los pisos superiores se encontraban entonces sin uso. Decisiones posteriores los transformarían en las primeras viviendas de alquiler público de la ciudad, hoy una realidad que cuentan con inquilinos mientras en los bajos del inmueble permanece el espacio ocupado.

Cuestión de propiedad | En la capilla municipal

De a quién correspondía actuar para solucionarlo han tratado también los debates de este tiempo sobre el gaztetxe. El edificio del Casco Antiguo elegido por el grupo de okupas había quedado vacío una década atrás para posibilitar que el entonces departamento de Bienestar Social del Gobierno de Navarra lo transformara en una residencia hogar para enfermos mentales. Un proyecto que no llegó a materializarse, lo que dejó sin uso tanto a las plantas superiores como a la baja en la que se sitúa la capilla, antiguo lugar de ensayo de la comparsa de gigantes, la banda de música y el grupo de teatro Kilkarrak.

El problema surgido se planteó en aquellos primeros momentos como una cuestión de competencias. Para Koldo Leoz, entonces en su primera legislatura como alcalde, el asunto atañía al Ejecutivo foral al que se le había cedido el edificio. La oposición le recordó entonces que la capilla había quedado fuera de esa cesión, lo que dejaba claro que es competencia municipal.

Hoy, pasados dos años y medio, es a esta dependencia de la planta baja propiedad del Ayuntamiento a la que se ciñe la actividad del gaztetxe porque sobre ella residen ya los arrendatarios del alquiler social promovido por Nasuvinsa. Aunque desde Bildu en la alcaldía se ha hablado en repetidas ocasiones de “abordar el tema” y hacerlo con “mano izquierda” no se han tomado decisiones al respecto ni se han dado a conocer los términos de un posible acuerdo de utilización.

Polémicas y dudas | De cómo al hasta cuándo

En el tiempo pasado desde la ocupación de este espacio municipal, sí se han dado pasos adelante sobre la regularización del resto de locales que el Ayuntamiento deja en manos de colectivos de la ciudad. La legislatura pasada sacó adelante una ordenanza específica para este fin. El objetivo, ordenar estas cesiones a entidades sin ánimo de lucro que desarrollan su labor en ámbitos como el deportivo, el cultural o el social y requieren disponer de un espacio para ello.

Sobre el gaztetxe de la calle La Imprenta persisten hoy las mismas dudas, las de si se perpetuará allí de manera indefinida y de qué manera lo hará. Mientras, con el altavoz de las redes sociales a través de las que promueve sus eventos y tras la polémica del último pleno municipal por estar abierto en plena crisis sanitaria, sus ocupantes consideran que no “son un chabisque, ni una sociedad, ni nada similar” -una comparación que consideran “inadmisible”- sino “un espacio autogestionado que se está limitando a realizar actividades culturales cumpliendo con todas las medidas sanitarias establecidas”.

CHABISQUES, OTROS LOCALES Y EL TÉRMINO "SIMILARES"

Salvo un pequeño paréntesis el pasado verano tras el final de la desescalada, chabisques y centros de reunión -34 en Estella según el registro municipal- han permanecido cerrados durante la pandemia. ¿Qué ha establecido la normativa foral al respecto a lo largo de este tiempo? El pasado 20 de junio, con la entrada de Navarra en “la nueva normalidad”, se permitió el uso de los locales denominados “bajeras de ocio, piperos o similares” siempre y cuando se garantizase el cumplimiento de una serie de normas de desinfección e higiene.

Con ese contexto, el Ayuntamiento de Estella dio luz verde a las reaperturas. La evolución de la pandemia llevó a cambiar las cosas solo unas semanas después. El 17 de julio, mediante una nueva orden foral, el Ejecutivo ordenaba la suspensión de toda actividad haciendo referencia a esos mismos términos, “la bajeras de ocio, pipotes o similares”.


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