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Caza

Un jabalí de 150 kilos en Torralba

El cazador Javier Corres Díaz de Cerio, de 72 años, abatió al enorme animal con un único y certero disparo de su escopeta, a más de 170 metros de distancia, en una finca propiedad de la familia

Un jabalí de 150 kilos en Torralba
Un jabalí de 150 kilos en Torralba
Actualizado el 18/12/2020 a las 06:00
Javier Corres Díaz de Cerio, de 72 años, decidió el domingo acompañar a su hijo Julio en una batida en su localidad natal, Torres del Río, junto con la cuadrilla de caza en las faldas de la sierra de Codés. Bien pertrechado y colocado en su puesto -en el que pudo, porque no llegó a tiempo para el sorteo en el que se asignan las posiciones-, este veterano cazador no daba crédito a lo que observaba por la mira de su escopeta: un enorme jabalí de 150 kilos cruzando una finca de siembra propiedad de la familia. A pesar de la distancia, de 170 metros, bastó un único disparo. “Me di cuenta de que era un animal grande, pero no imaginaba que tanto”, declaró ayer Corres todavía sorprendido por la proeza.
En su trayectoria como cazador, este jabalí es la pieza de mayor tamaño a la que ha dado caza. “He abatido otros de 50 o 60 kilos, pero tan grandes como este no se ven con facilidad. Dan mucho respeto y, si se ven amenazados o heridos, pueden ser muy peligrosos”, dijo. Lo hizo además de casualidad. “No suelo ir a cacerías de jabalí. Participo cuando el día sale bueno y los rastreos localizan a los animales en lugares accesibles para mí”. Tampoco es habitual ir a cazar con escopeta y acertar a tanta distancia. “Los rifles tienen mayor alcance”. Fue un disparo certero.
En la pieza donde dieron con el animal, en el término de Santa Pía, cerca de la muga con Espronceda, no es frecuente encontrar jabalíes. “Cuando aumenta el caudal del río Linares suelen subir hacia la sierra, pero este ejemplar, por lo que sea, se quedó abajo”. Su hijo Julio ha heredado la afición de su padre. Cada domingo, la cuadrilla de caza se pone en marcha. “Es un trabajo de equipo”, apuntó Julio Corres.
Todo comienza con el rastreo de los astutos sabuesos guiados por los perreros. “Ellos marcan dónde buscar”. Se siguen sus huellas y se toman posiciones. Con todos en sus puestos, los perros tienen que despertar con sus ladridos a los jabalíes que se encuentran dormidos durante el día y a esperar. No siempre hay suerte. “Primero fuimos a una zona y nada. Decidimos probar en otra antes de volver a casa. Tuvimos suerte. Tras este jabalí salieron otros seis, de menor tamaño, y abatimos a cinco de ellos”, relató.
El equipo de caza trasladó después las piezas a una carnicería de Murieta donde se aprovecha la carne. Ahora, toca esperar a la valoración de los colmillos, que se realiza en un taxidermista, donde hace el trofeo. Dependiendo del tamaño oficial, la cacería de Javier Corres podría tener en unos meses un buen galardón. “Una medalla de plata o de oro, que es lo máximo”, adelantó su hijo Julio. Aunque la hazaña de Javier ya es conocida en la zona. “Me han llamado conocidos por teléfono para felicitarme y también de los pueblos cercanos. La noticia ha corrido rápido”, agradeció Javier.
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