Hotel municipal busca gestor en el valle de Goñi
Hace algo más de una década, el Ayuntamiento del valle recuperó en Aizpún, su capital, un edificio camino de la ruina que luego promovió como un establecimiento rural, el Teodosio de Goñi del que se despiden hoy por jubilación sus arrendatarios


Actualizado el 23/07/2020 a las 11:49
A 750 metros en las faldas de la sierra de Andía, un hotel municipal busca arrendatarios. Hace algo más de una década, en la primavera de 2009, el establecimiento rural que lleva el nombre de Teodosio de Goñi abría las puertas en Aizpún, un pequeño concejo de 20 vecinos. Viajeros franceses, belgas, holandeses y, entre los nacionales, mallorquines, valencianos, catalanes o vascos han recalado desde entonces en un alojamiento que tuvo como promotor al propio ayuntamiento del valle de Goñi. En sus cinco pueblos se despliegan 158 habitantes. La población hoy empadronada en un municipio compuesto con la singularidad de una doble condición en el mapa local de Navarra. La de pertenecer a la merindad de Estella -donde tiene también su sede judicial- y ser parte al mismo tiempo de la comarca de Pamplona.
Parte de los novedosos proyectos que arrancaron con ilusión en su día en la zona e implicaron en el reto a anteriores corporaciones que depositaron en ellos buena parte de sus recursos, el hotel de Goñi pasa ahora una página. Pedro García Muñoz y María Elisa Alvariñhas Coimbra, encargados de su gestión en esta última etapa, se jubilan y el ayuntamiento licita una nueva explotación.
Otros gestores para un negocio de titularidad municipal con nueve habitaciones y restaurante que recibe ya las llamadas de los interesados. Le llegan a Gumersindo Induráin, el alcalde independiente del valle, que cuenta un detalle que les sorprende entre esas primeras demandas de información. “Cuando preguntas por su motivación personal, surge el tema del covid. Te comentan que le quieren dar la vuelta a su vida y a sus negocios que a lo mejor tienen en otros lugares, que por eso les interesa esta posibilidad”, cuenta.
En un valle con casas rurales que tiene en el del hotel el único bar y restaurante, el Teodosio de Goñi nació también -recuerdan José Ignacio Preboste y el actual alcalde- como un servicio para sus propios pueblos y los limítrofes. Se vuelve después del confinamiento a recorrer un entorno del que los dos hablan orgullosos. El lugar que atesora San Donato, la sierra de Andía, el Nacedero de Arteta y el cañón de Artazul.
FRUTO DE UN ACUERDO
Gumersindo Induráin, de 41 años, formaba parte ya en 2009 de la corporación que entonces presidía José Ignacio Preboste, hoy uno de los concejales. “Entonces en el ayuntamiento estuvimos al 100% por hacerlo. Sabíamos dónde nos metíamos, pero con el tiempo la gente ha estado contenta”, recuerda este último sobre la apuesta por recuperar una parte del edificio que iba camino de la ruina para dar un recurso a la zona en forma de oferta turística. El primer pensamiento vislumbraba un albergue, pero la idea del hotel se abrió paso luego bajo el paraguas de una importante subvención del Gobierno de Navarra.
La inversión final rondó el millón de euros de los que el municipio aportó unos 300.000 €. Con la decisión de restaurar la deteriorada casa de piedra anexa al edificio consistorial el valle quiso apostar por su potencial como destino rural y se embarcó en el proyecto hostelero. Al pleno municipal competerá ahora adjudicar el futuro contrato, por un máximo de cinco años y con un canon mínimo de 6.000 € por ejercicio a cuenta del arrendatario. Deberá, además, mantenerlo en perfectas condiciones.
Pedro García, de 64 años, y María Elisa Alvariñhas, de 61, lo han llevado en equipo. Ella, oriunda de Portugal y él, un manchego afincado en Andosilla al frente estos años de los fogones del Teodosio de Goñi cuentan que se han sentido como en casa en el valle. “Tienes que vivir aquí para llevarlo y hacerlo como un negocio familiar, pero con ganas hay muchas posibilidades. Es duro porque abrimos todo el año y a nosotros nos llega el momento de la jubilación, pero hemos encontrado muy buena gente en el valle y eso ha sido muy importante para nosotros”, relata Pedro.
Cuando se vayan en fechas muy próximas, Pedro se llevará consigo las figuras de su tierra natal. El Sancho y el Quijote que instaló a su llegada como un guiño a La Mancha en una de las dos terrazas del Teodosio de Goñi. “Las fotografías de los clientes con ellos han ido por muchos lugares del mundo. Ha sido una buena experiencia, la pena no haber empezado con diez años menos para haber estado otros diez”.
Los tres puertos que llevan al valle -el de Goñi, el de Guembe y el de Ulzurrun- hacen también de sus pueblos un reclamo de ciclistas y moteros. Además de recibir visitantes que buscan desconectar en la naturaleza, para los vecinos -explica el alcalde- el hotel se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los puntos de encuentro. “Entre los lazos que nos unen, este ha sido uno ellos”, subraya Gumersindo Indurain. Hay más para la población de cinco concejos -Aizpún, Azanza, Goñi, Munárriz y Urdánoz- con solo cuatro de sus habitantes menores de 18 años y la despoblación entre sus principales batallas. “Nos unen también costumbres como la fiesta del valle que hubiera cumplido en agosto 25 años y que no se celebrará por la situación del covid, pero que ha servido para que se viera gente que a lo mejor no lo había hecho en mucho tiempo”, argumenta.