Comercio
La pasión por las flores que el tafallés Guillermo Guillén heredó de sus padres
Guillermo es el pequeño de cuatro hermanos dedicados todos al mundo de las flores y él, desde Tafalla, prevé ampliar su negocio a finales de año


Publicado el 21/03/2026 a las 05:00
La savia corre por las venas de la familia Guillén Monreal. Quien hace esta afirmación es Guillermo Guillén Monreal el pequeño de cuatro hermanos floristas que heredaron la pasión y el oficio de sus padres, Ignacio Guillén y Lourdes Monreal.
Ellos comenzaron a escribir la historia de una saga familiar ligada al mundo de floricultura y el arte floral. “Mi padre emigró a Francia y allí estuvo trabajando en el campo, fue el precursor de todo lo que vino después. Le encantaban las plantas y al regresar a España comenzó a vender flores por las calles y mercadillos desplazándose en su Renault 4”, rememora hoy su hijo pequeño.
Conoció después a la que sería su mujer, Lourdes Monreal, gran amante también de las flores y con quien formó un tándem perfecto. “Mi padre era el floricultor, quien criaba las flores, mientras que mi madre se encargaba de la parte más ornamental, de todo lo que era crear adornos y decoración relacionado con flores. Eran la pareja perfecta”, cuenta. Tuvieron cuatro hijos y todos siguieron sus pasos. Ignacio y Armando hacen lo propio en Barañáin, Pello ahora en Barásoain y Guillermo en Tafalla, con un negocio ubicado en el conocido como centro comercial La Toscana, a las afueras de la ciudad del Cidacos.
Floristería Guillermo Guillén es el establecimiento en el que trabaja Guillermo que, adelantó, ampliará el negocio con un local nuevo que tiene previsto poner en marcha, si todo marcha bien, previsiblemente, a finales de este mismo año en el casco urbano de la ciudad del Cidacos. En el local donde está ahora Guillermo trabaja con María Belloso y cuando se trasladen al nuevo piensa ampliar la plantilla incorporando a un nuevo trabajador, un chico de Tafalla que ya estuvo con él cubriendo una baja de su compañera. “Trabaja muy bien y en el nuevo local habrá trabajo para los tres”, adelanta.
En cuanto a los servicios que ofrece, Guillermo Guillén se muestra tajante. “Florísticamente abarcamos todo. Me gusta decir que acompañamos en todas las fases de la vida porque preparamos flores para celebrar un nacimiento, festejar una comunión o una boda, regalar en un cumpleaños y también despedir en un funeral”, explica Guillén que sigue formándose constantemente. “Tengo 51 años, llevo desde los 15 trabajando y en todo este tiempo no he dejado de aprender con diferentes cursos”, afirma.
Llevar toda una vida dedicándose a la floristería y el arte floral, constata, no hubiera sido posible sin el apoyo de una clientela fiel. Con todas y cada una de las personas que atraviesan la puerta o llaman para un pedido se involucra de forma personalizada. “Para mi es Juan, María, Pedro…. No el pedido 135. Quiero decir que cada encargo es especial porque quien me lo hace tiene una necesidad concreta y yo quiero que quede contento con el resultado”, reflexiona Guillermo que comparte pasión y profesión con su mujer, Marta Ciprián, florista también pero en Barañáin.
Compartir gremio, asevera, supone un apoyo muy grande ya que forman un buen equipo cuando llega algún encargo en momentos inesperados como pueden ser los festivos. “En estos casos suelen ser por temas de fallecimientos que no entienden de horarios y es entonces cuando seguimos dando lo mejor de nosotros aunque nos pille fuera de horario habitual. Quien encarga unas flores de despedida se merece que así lo hagamos y, personalmente, para mi es también la forma de hacer un homenaje a quien se ha marchado”, finaliza.