Comercio
Las ganas de emprender de Inés, que abrió una tienda a los 64 años
Con 64 años Inés González dejó su trabajo en hostelería para abrir su propia tienda en Marcilla, un establecimiento con artículos de mercería, complementos y también ropa. A sus 66 años, no contempla por ahora la jubilación


Publicado el 01/11/2025 a las 05:00
La de Inés es una historia que va ligada al emprendimiento. Un sentimiento, el de emprender, que ha conocido desde bien pequeña, en casa, y ha desarrollado después, ya cuando se inició el mundo laboral.
Inés González Martínez tiene 66 años y la última vez que emprendió fue hace año y medio, cuanto sumaba 64 primaveras. “Había estado más de veinte años llevando el bar de los jubilados de Marcilla y llegó un momento en que los horarios y la exigencia del contrato de abrir todos los días del año me impedía poder disponer de algún día de vacaciones así que decidí dejarlo. Tenía 64 años y aún no podía jubilarme pero tampoco lo quería”, afirma tajante.
Fue entonces cuando decidió abrir La Tienda de Inés, un establecimiento centrado en sus inicios en la venta de productos de mercería pero que ha ido dejando hueco a otros artículos como complementos y regalos -bisutería, bolsos…- así como algo de ropa, tanto de bebé como de mujer.
“Era un tipo de tienda que yo veía que faltaba en Marcilla y que obligaba a desplazarse a otra localidad, por ejemplo Peralta. Lo hablé con mis dos hijas que me animaron y me lancé”, cuenta sobre cómo decidió abrir y dar impronta propia a un negocio que había echado el cierre años atrás.
Abría así en mayo de 2024 en la calle San Barolomé La Tienda de Inés, un espacio con la mercería como base pero al que la inclusión de otros artículos ha ayudado a crecer poco a poco.
“Sí que de vez en cuando la gente viene a comprar hilo o alguna cremallera pero con eso no puedes mantenerte. Poco a poco fui introduciendo cosas que han tenido buena aceptación, sobre todo algo de ropa que ya permite a quien quiera poder vestirse en el propio pueblo”, relata. Este año y medio, prosigue, ha sido de ir asentándose. “Poco a poco, espero, se irán viendo los frutos”, dice.
Con los 66 ya cumplidos asegura Inés que no tiene en mente, al menos en el corto plazo, la jubilación. “¿Cuál sería la alternativa? Estar en el sofá haciendo punto. Es algo que me gusta pero para ratos puntuales. A mi lo que me da vida es venir a la tienda, abrirla cada día, charlar con la gente, atenderles de forma personalizada…”, subraya a la par que incide en la importancia de contar con negocios en los pueblos para que sigan teniendo vida.
¿El futuro? Ya se verá, de momento Inés no piensa más que en el día a día. Sus dos hijas están trabajando de momento cada una en una cosa. Una de ellas también emprendió y tiene una empresa de decoración de eventos. “Lo llevamos en la sangre”, apunta recordando a su padre, sastre en Madrid que recaló en Cervera del Río Alhama para quedarse con la fábrica de chocolate del pueblo. La propia Inés se casó con otro emprendedor del sector de la construcción con el que formó una familia en Marcilla, localidad en la que decidió quedarse después de separarse. “Aquí llegué desde Cervera y desde el primer momento lo sentí como mi casa y aquí espero, en La Tienda de Inés, seguir mucho tiempo”, concluye.