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Iglesia Católica

La Oliva bendice al pamplonés Javier Urós como su 96º abad desde 1134

Recibe el anillo, la mitra y el báculo de su nueva encomienda ante una treintena de sacerdotes y unos 300 fieles

El arzobispo Francisco Pérez, coloca la mitra al nuevo abad de La Oliva en la ceremonia de ayer.
El arzobispo Francisco Pérez, coloca la mitra al nuevo abad de La Oliva en la ceremonia de ayer.
Actualizada 08/10/2020 a las 06:00

La comunidad cisterciense de Nuestra Señora de la Oliva, integrada hoy día por 15 miembros, de ellos 3 novicios, celebró el miércoles la acogida de su nuevo abad, Javier Urós Murillo, nacido hace 57 años en Pamplona, con el eco aún reciente de la pérdida de su antecesor, Isaac Totorica. El arzobispo Francisco Pérez -al que acompañaron su auxiliar, Juan Antonio Aznárez, y el prelado de la diócesis de Córdoba, Demetrio Fernández-, presidió el ritual de la bendición del abad, que difiere de una ordenación episcopal aunque comparta ciertos símbolos, entre ellos, el anillo, el báculo y la mitra. Javier Urós es el 96º abad de un monasterio de 1134.

Postrado en el suelo, en presencia de una treintena de sacerdotes y unos 300 fieles, entre ellos dos de sus hermanas, Mari José y Mari Carmen, escuchó las letanías después de atender a unas palabras que el abad del Monasterio de Santa María Huerta (Soria), Isidoro Anguita, le dedicó en la homilía: “Fuiste enfermero. La cualidad del abad es ser médico para sus hermanos”. Estuvieron también los abades de San Pedro de Cardeña (Burgos), Poblet (Tarragona) y Leyre. Hasta las bóvedas milenarias se elevaron interpretaciones del tenor Eduardo Zubikoa y la soprano Dorota Grzeskoliak, acompañados al órgano de Pedro Ardaiz. Sonó a música celestial.

 

Regresa al principio...
Vuelvo a mi monasterio de origen.


¿Qué supone ser abad?
Estoy asimilándolo. Llevo elegido un poco más de un mes. Me supone servir más si cabe a la comunidad. He tenido poca experiencia como prior en las Escalonias. Supone estar siempre dispuesto a servir y a entregarme a mis hermanos y por el monasterio.


Por cierto, ¿cómo se elige a un abad?
Los monjes profesos solemnes de este monasterio se reúnen al igual que los de sus ‘casas hijas’, como es la de Córdoba y el monasterio de Zenarruza, que está en Vizcaya. Si hay mayoría, sale elegido. Es un cónclave pequeño.


¿Cómo era su vida antes de optar por la vida de clausura?
Antes había trabajado en Salud mental, en agudos en el Hospital. Estudié enfermería. Fui Hermano de San Juan de Dios. Trabajar en Salud mental suponía trabajo físico y también psicológico. Entonces venía a la hospedería interna de La Oliva. Venía a descansar y a vivir con los monjes. Ahí fue madurando la vocación. Un año antes, en 1992 se celebró la Expo de Sevilla. Me dije a mí mismo: ‘Si quiero ir a Tierra Santa, tiene que ser ahora’.


Entre Sevilla y Jerusalén, lo tuvo claro.
Sí y eso que después he ido mucho a Sevilla. La experiencia de Tierra Santa fue definitiva. Pensé: ‘Tengo que entregar mi vida en el monasterio’.


¿Qué necesita La Oliva?
Necesita oración. También hay un proyecto para arreglar la iglesia. Parece que todo está muy bien encauzado. Ha pasado una primera criba del Ministerio de Fomento. La iglesia es un monumento que empezó siendo románico y acabó siendo gótico. Nos haría mucha ilusión comenzar este proyecto en el que padre Isaac (Totorica) puso tanta ilusión; tanto empeño, para que la comunidad pudiese finalizarlo.


Ustedes tan acostumbrados al recogimiento, ¿qué pueden decir a los que vivimos en el mundanal ruido en un período como el actual después de meses de confinamiento?
Al principio del confinamiento, me entrevistó un periodista de El País sobre los consejos que podíamos dar. Le dije que a nosotros nos ayuda mucho la rutina, levantarnos a la misma hora, comer a la misma hora... Aunque tengamos tantos aparatos a mano, conviene estar con uno mismo en ciertos momentos para luego compartir con los hermanos. Habría que dejar un poco de lado todas las tecnologías, que son muy buenas. Tendríamos que valorar más lo que la vida nos da y poder fortalecer las relaciones humanas. Y también es bueno saber desconectar, que a veces nos cuesta tanto.


¿La Oliva goza de salud en medio de la pandemia?
Gracias a Dios, sí. El otro día vino personal del centro de Salud, que tanto nos ayuda y está encima de cada hermano. Procuramos estar con la mascarilla, distantes unos de otros. Las PCR dieron todas negativas.


La media de edad es de...
70 o 72 años. Y yo vengo de una comunidad en Córdoba con una media de 48.


¿Será usted de los jóvenes?
Aquí sí, allí era de los mayores.


‘Fratelli Tutti’, la última encíclica del Papa, un mensaje de fraternidad y amistad social. ¿Qué le dice?
No he tenido tiempo para leer la encíclica. Este Papa es un hombre que quiere renovar la Iglesia. Lanzará estas ideas para que los cristianos las favorezcamos, las desarrollemos.


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