Hostelería
Larga vida al bar centenario de Sangüesa
El bar Rebolé ha cambiado de manos pero no perderá su esencia. Es el compromiso de sus nuevos dueños y gestores. Un local emblemático en la céntrica calle Mayor que aspira a seguir acompañando el día a día de sangüesinos y visitantes.


Publicado el 02/05/2026 a las 17:21
"Aquí lo hemos pasado en grande. Es uno de los bares clásicos de Sangüesa, de los de toda la vida, y siempre ha estado bien atendido. En fiestas no faltamos con la cuadrilla a nuestro almuerzo diario y recuerdos surgen muchos entre estas cuatro paredes”. Javier Garcés Abaurrea, sangüesino de 73 años, se sincera apoyado en la barra del bar Rebolé. Un emblemático local de la ciudad que ya ha superado la cifra de los 100 años de actividad y que se abre a una nueva etapa. Un nuevo ciclo que sin duda traerá cambios, como la reciente retirada del histórico letrero de la fachada, pero para el que sus nuevos dueños aspiran a mantener su esencia, cercanía y buena atención.
“En este bar tenemos una clientela muy fija, a la que saludamos por su nombre, por la que nos preocupamos... Y eso se valora”, apostilla Analía Yerdeo Giangiulio, argentina de 49 años y gestora del bar Rebolé, del que cogía las riendas en marzo de 2015. Tras venderlo la familia Rebolé en noviembre de 2025 a un grupo de empresarios navarros de hostelería, ella sigue al frente. “La vocación es de continuidad”, asegura.
Él bar abre a diario, menos los miércoles, y cuenta con una plantilla de 5 personas. “Estamos en pleno centro, en la calle Mayor, en un lugar privilegiado. Y en un local con muchísima historia. No pocos clientes recuerdan cómo aquí celebraron el banquete de bodas sus padres, nos explican lo diferente que era antes el bar, nos traen fotos antiguas o evocan aquellas partidas de cartas interminables”, repasa. Un bar con una pequeña cocina y especializado en pintxos. “Las estrellas de los vermuts son el frito de gamba y la bola de pimiento”. Abre terraza en verano y ofrece pintxo-pote los viernes.
UN LOCAL CON HISTORIA
Este establecimiento de hostelería fue fundado en 1924 y es el único que permanece abierto más de 100 años en Sangüesa, tal y como resalta Arturo Navallas Rebolé, de 77 años y quien junto a su hermano Javier publicaba meses atrás, en la revista Zangotzarra, un artículo centrado en el centenario del bar Rebolé. Un local gestionado por tres generaciones de la misma familia hasta cambiar de manos recientemente.


Lo impulsó Macario Rebolé Purroy, lumbierino que ‘hizo las Américas’ en busca de prosperidad y viajó a Buenos Aires (Argentina) con 23 años en 1905. Se casó con Eusebia Vigilia, se afincaron en Sangüesa, localidad de su esposa, y así nació el bar Rebolé.
Como propietario de viñas, fue socio fundador de la bodega y vocal de la junta de la Cooperativa de Hostelería de Navarra. Hombre innovador, montó la fábrica de gaseosas Espumosos Rebolé en 1957, donde se fabricaban sifones y hielo, y se embotellaban gaseosas caseras, de refresco y los zumos de naranja y limón.
En diferentes etapas, y por momentos a través de arrendatarios, le siguieron al frente del bar sus hijos Josefina, Ernesto, Maricruz, Teófilo y Consuelo. Y, finalmente, sus nietos Ernesto, José Luis y Arturo. Inicialmente estuvo en la calle Santiago, nº 9, y en 1937 se trasladó a la calle Mayor, nº 52, su ubicación actual, donde ha sido objeto de distintas reformas.
“La trayectoria de este establecimiento de hostelería está muy integrada en la historia de Sangüesa”, destaca Arturo Navallas. “En su día dio a conocer las tendencias musicales del momento, como las zarzuelas, coplas y otros éxitos con su gramófono de discos de pizarra”.


Fue sede también del Sangüesa Club de Fútbol, y era el centro donde se organizaban actividades deportivas como vueltas ciclistas. “Generaba expectación un gran marcador con tablillas intercambiables donde se anotaban los resultados de los partidos de fútbol para poder comprobar los boletos de las quinielas, que se sellaban en el bar desde su comienzo en 1946”. Asimismo, el bar acogió uno de los primeros aparatos de televisión en la ciudad.
¿Y EL LETRERO?
Con el traspaso a los nuevos propietarios se han dado ya los primeros cambios en el bar Rebolé. Se reformaron los baños y próximamente se acondicionará la fachada. Eso incluía días atrás la retirada del tradicional letrero, que daba paso a un toldo. “Hubo expectación el día del desmontaje. Como tenía su historia, lo cedimos al sangüesino Museo Casa Genaro, que reúne piezas antiguas de interés”, explica Analía Yerdeo.
Como se recuerda en el citado artículo de Zangotzarra, la carpintería Hermanos Navallas hizo este letrero de madera en los años 50, con diseño en letra inglesa y color rojo bermellón intenso. Posteriormente se pintó de blanco y, finalmente, de verde oliva.