Despoblación
Un pueblo sin niños en Navarra
De los 11 vecinos que viven a diario en Orbara, valle de Aezkoa, los dos últimos en nacer fueron dos hermanos hace 31 y 29 años. Así es la vida en el corazón de la despoblación.


Actualizado el 23/11/2024 a las 23:49
Existen en Navarra pueblos sin niños y niñas. Muchos. Cada vez más. En uno de estos escenarios vacíos y silenciosos del Pirineo navarro, las dos últimas personas en nacer fueron Miguel Arrikaberri, de 31 años, y su hermano Pablo, de 29. Ambos tuvieron que migrar a una residencia de Pamplona y a casa de un familiar, con 14 y 11 años, para poder seguir estudiando. Y solo uno regresó al valle. Así, reconocen los vecinos, comienza la despoblación.


Curiosamente, a la entrada de esta localidad da la bienvenida una señal que informa al visitante de que accede a una zona residencial. En esta indicación, azul y rectangular, sobresalen en trazos infantiles las siluetas blancas de un niño corriendo detrás de un balón frente a un adulto, una vivienda, un vehículo y un camino. Muy cerca de la señal, ubicada al lado de otra que prohíbe circular a una velocidad superior de 20km/h, también se distingue un abrevadero de madera arruinado por el paso del tiempo.


Para llegar hasta aquí, a Orbara, en pleno valle de Aezkoa, hay que adentrarse por Aribe, desviarse a la altura de la iglesia hacia la fábrica de armas de Orbaitzeta y la Selva de Irati durante al menos cuatro kilómetros, dejando siempre a la derecha el curso de un río colmado y calmado, y continuar hasta entrar en la localidad y darse de bruces con un rótulo a pie de arcén que dice: “Eskola Taberna”. Entonces, hay que girar a la izquierda y ascender una pendiente suave hasta una plaza y una iglesia románica del siglo XIII. Unas mesas y sillas marcan el lugar exacto donde se puede aparcar. El mobiliario y los gatos que lo rodean panza arriba al sol de otoño dan fe de la presencia del único bar que regenta Salvador Parra ‘Salva’, un hostelero de San Adrián que decidió cambiar de aires tras la pandemia para hacerse un hueco entre la despoblación, ofreciendo productos de la Ribera navarra a turistas y trabajadores de la zona. El primer lunes de noviembre prepara migas.


Una sensación de vacío envuelve los primeros pasos del visitante sorteando la iglesia por su margen derecho. Justo en la trasera del santuario reside José Miguel Burusko, de 76 años, y pegada a su vivienda se encuentra la de Ángel Doray Adot, uno de los dos vecinos más longevos, de 90 años. Un hombre de memoria eterna que atesora los momentos cotidianos de la infancia de un lugar hoy despoblado. ”Está todo aquí”, asiente, señalando a su cabeza. “En Orbara tuvimos escuela y muchos niños, comercios, taxi, frontón, pelota mano, hasta cine”. Lo guarda todo en su cabeza y en una fotografía que descuelga de una pared del salón. “Ese soy yo, el de jersey de rayas”, asiente. El tic-tac de un reloj de pared marca el paso del tiempo. Son las diez de la mañana.
Frente a la casa de Doray vive otro de los niños de la fotografía, el más anciano de Orbara, con 93 años. Su hija, Virginia Arozarena, de 42, es la alcaldesa. “Seguramente, somos el pueblo del valle con menos población”, reflexiona, en el umbral de una puerta en la que destacan una flor Eguzkilore de la buena suerte y un ejemplar de este periódico que, como suscriptores, les acaba de llegar. “Entre semana estaremos once vecinos y censados alrededor de 27”, precisa la edil. “En las calles hay más gatos que vecinos”. Sonríe.
Esta es la primera foto fija en uno de los 152 municipios de Navarra a los que cuesta mantenerse en pie por “el alto riesgo” de despoblación, tal y como alertó en mayo la Cámara de Comptos. Según los datos demográficos del INE, el Pirineo navarro se ha quedado en los últimos veinte años sin un 23,60% de sus residentes. En lo que se refiere a la zona de los valles de Aezkoa y Erro y los municipios de Valcarlos, Roncesvalles y Burguete la pérdida es de un 18,75%.


EL 56% DE LOS MUNICIPIOS DE NAVARRA
En Navarra son varias las localidades que llevan años sin registrar nacimientos debido a la pérdida poblacional. Este problema ha impactado especialmente en las zonas de la montaña Navarra, Pirineo y Zona Media, donde los jóvenes tienden a migrar hacia ciudades más grandes como Pamplona, dejando a las localidades envejecidas. Un ejemplo: Aribe y Orbara han perdido más de un 43% de sus habitantes.
En mayo de este 2024, la Cámara de Comptos publicó un informe clave en el que analizaba las medidas de la Administración Foral. Según señalaba el documento, en los últimos treinta años la población navarra ha aumentado el 27%, al tiempo que más de la mitad de los municipios (el 56%) perdía habitantes. “Actualmente hay 152 municipios navarros en riesgo de despoblación”, precisaba el estudio.
En sus conclusiones, destacaba que la despoblación es un “problema complejo” en el que concurren diversas causas y múltiples factores, identificados en los estudios y planes realizados tanto a nivel estatal como en Navarra. Asimismo, Comptos recordaba algunas iniciativas del Gobierno de Navarra para luchar contra la despoblación. Destacaba, en este sentido, la aprobación el año pasado de la Estrategia de Lucha contra la Despoblación, que planifica actuaciones y proyectos para abordar de manera transversal el problema con una estrategia que debe concretarse en un plan plurianual y operativo. De hecho, el informe subraya que no se ha aprobado una ley foral de lucha contra la despoblación, con medidas económicas, fiscales y administrativas que frenen la pérdida de habitantes en las localidades más afectadas. En septiembre, el presidente de Comptos insistió en la necesidad urgente de dotarse de una ley foral contra la despoblación.


ÁNGEL DORAY ADOT (90 AÑOS): "NUNCA IMAGINÉ QUE VIVIRÍA ALGO ASÍ"
Los gatos parecen guiar al visitante hasta la casa de Ángel Doray Adot, de 90 años. Al abrir la puerta y correr las cortinas, su primer gesto es mostrar los cuatro marcos que cuelgan de la pared del salón y que le ayudan a rememorar. Uno de estos cuadros protege el recuerdo de su yeguada en el campo; del segundo marco resalta una fotografía de la presa eléctrica; del tercero, un certificado de estudios primarios con fecha en 1964; y del cuarto, una fotografía de un grupo de niños y niñas posando junto a un sacerdote en la escalinata. “Soy ese”, dice, señalando con un dedo agrietado por el trabajo. “Tengo recuerdos muy buenos de la niñez, y eso que solo teníamos un frontón y una pelota hecha con hilo de lana en casa. Los padres no nos compraban mejores pelotas”. Ríe. “El frontón estaba delante de la iglesia. Bueno, era una pared. No conocíamos otra cosa y nos divertíamos. Yo tendría nueve años. Era monaguillo y tenía que responder en latín”, ríe. Su gesto cambia. “Hoy no hay niños y el pueblo se ha quedado muy triste. Estamos unos pocos jubilados”. Se escucha el movimiento de las agujas de un reloj de pared. “Qué diferencia a lo de ahora. Nunca imaginé que viviría algo así. Nos hemos quedado sin niños... ¿Cómo se va a industrializar un valle tan lejos de las vías principales? Es imposible. Una fábrica se levanta donde hay buenas comunicaciones”. Su dedo vuelve a tocar el cristal de la imagen. “En la fotografía no estamos todos. Faltaban cinco niños o más. Como el edificio de la escuela era muy viejo se construyó una nueva, donde está ahora la taberna”. El certificado de estudios primarios se lo concedió el Ministerio de Educación a Ángel cuando éste tenía 31 años. “Durante cuatro años fui a clases nocturnas. Así terminaron mis estudios”.




FERNADO ESPINAL ARANAZ (PANADERO), VALESTA CRUZ, ÁNGEL DORAY ADOT, JOSE MIGUEL BURUSKO (76) Y CHARO LÓPEZ: "TENÍAMOS CINE, ZAPATERÍAS, MODISTAS, ULTRAMARINOS Y UN TAXI"
Datos recientes en Navarra indican que el 22% de la población tiene más de 65 años, y este porcentaje es aún más elevado en zonas rurales, donde el número ha aumentado de manera significativa en las últimas dos décadas. Los jóvenes y familias tienden a migrar a centros urbanos, donde las oportunidades laborales y servicios educativos son más accesibles, dejando a los pueblos con menos capacidad para atraer nuevas generaciones. Navarra registra una de las tasas de natalidad más bajas de España, con solo 7.6 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2022, lo que contribuye a la falta de niños en los pueblos.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de alumnos en escuelas rurales ha descendido en más de un 20% en la última década, obligando al cierre de escuelas en algunos municipios por falta de estudiantes. Para las comunidades rurales, la desaparición de centros educativos es un factor clave que refuerza la emigración, ya que las familias suelen preferir lugares donde sus hijos accedan a una educación cercana y de calidad.
“Los pocos que quedamos en Orbara solo nos vemos en dos momentos del día, al mediodía cuando se escucha la camioneta de Fernando y salimos a comprar el pan, y por la noche a la hora de la partida en el bar”, comenta José Miguel, 76 años. “Has llegado a un pueblo vacío y triste entre semana. En mi opinión, nos quedamos sin niños cuando centralizaron las escuelas en Garralda. Entonces, se cargaron los pueblos”. José Miguel fue uno de los últimos alumnos en la escuela que ocupa hoy el restaurante de Salva. “Jugábamos a fútbol en la plaza, a pelota, incluso teníamos cine y cambiábamos las películas con otros pueblos. Había hasta dos zapaterías, dos modistas, dos tiendas con ultramarinos y un taxi. Había taxis en todos los pueblos y en la central eléctrica trabajaron seis vecinos hasta que se automatizó”. Se queda pensativo unos segundos. “Para evitar la despoblación se necesita empleo y servicios”. A su lado, Valesta, mujer nicaragüense que llegó a Navarra, trabaja como cuidadora interna en una de las casas. Le sorprende la falta de niños en los pueblos. “Un hogar sin niños no es vida”, describe.


SALVADOR PARRA 'SALVA' (ESKOLA-TABERNA): “RESULTA GRATIFICANTE VER A LOS NIÑOS LOS FINES DE SEMANA”
La pérdida de habitantes implica una menor demanda de servicios y productos locales, lo cual afecta directamente a la economía de estos pueblos. Negocios como tiendas, bares y farmacias se ven forzados a cerrar, generando un círculo vicioso que aumenta la despoblación. En Orbara solo hay un bar-restaurante regentado por un hombre de San Adrián que lo dejó todo y se vino hasta aquí tras la pandemia. Salvador Parra, ‘Salva’, cuenta que llegó aquí buscando tranquilidad, bienestar y paz. Ingredientes que anhelaba en su día a día y que hoy conforman una carta en la que predominan productos de la huerta de la ribera. “En el pueblo ya no quedan niños”, lamenta, mientras prepara las comandas para una nueva jornada de entre semana. “¿Cómo es un pueblo sin niños? Creo que es curioso, silencioso. Y resulta gratificante cuando los ves jugando el fin de semana".
ESCUELA DE GARRALDA
En este contexto, la falta de relevo generacional impacta en las actividades agrícolas y ganaderas, que tradicionalmente han sido la base económica de muchas de estas localidades. La dificultad para encontrar jóvenes interesados en continuar con estos trabajos deja a muchos campos sin explotar y a granjas sin herederos. Frente a esta situación, el Gobierno de Navarra y diversas organizaciones han implementado políticas para atraer familias jóvenes a las zonas rurales. Programas de incentivos para el emprendimiento rural, ayudas para la vivienda y el desarrollo de infraestructuras (como la mejora de la conectividad a internet) son algunas de las medidas en marcha. Además, se está promoviendo la apertura de escuelas rurales multigrado, donde se agrupan niños de diferentes edades para mantener la oferta educativa en pueblos pequeños. Sin embargo, el éxito de estas iniciativas depende en gran medida de la creación de empleo local y de infraestructuras adecuadas que hagan viable y atractiva la vida rural para las familias jóvenes. En la escuela rural de Garralda se concentran los últimos 109 niños y niñas de entre 3 a 15 años de la zona pirenaica. Muchos de ellos se verán obligados a estudiar a Pamplona, al cumplir los 16, y probablemente no regresen.


MIGUEL ARRIKABERRI (ÚLTIMO EN NACER DE ORBARA, 31 AÑOS): "CON 14 AÑOS TUVE QUE MARCHAR A UNA REDIDENCIA DE PAMPLONA PARA ESTUDIAR... Y VOLVÍ"
Uno de los muchos jóvenes que se han visto obligados a desplazarse a Pamplona para poder estudiar son Miguel Arrikaberri, de 31 años, y su hermano Pablo, de 29. Los últimos en nacer en Orbara. Miguel trabaja hoy en la gasolinera de Valcarlos, pueblo natal del padre, lo que le facilita la estancia cuando le toca sin tener que recorrer los 80 kilómetros entre ida y vuelta. Si se quedara sin empleo, dice, tendría que buscarse la vida en Pamplona, pero reconoce que le gustaría permanecer en el valle y tener familia. Cuando no trabaja vive en Orbara. “¿Cómo es vivir en un pueblo sin niños? Ir por las calles y no encontrarse a nadie es muy triste. Hace unos años había mucha vida, hasta las askas (abrevaderos en euskera) cumplían su función a diario… Vivimos en el eco del pasado. Ha desaparecido la cotidianidad de hace 25 años”.
Para este joven que no piensa en doblegarse ante la transformación social que obliga al desarraigo, el único secreto para mantener el pulso vital en los pueblos en dos palabras: “Trabajo rentable y vivienda”, subraya. “Solo así se pueden asentar las familias. Al final, estas obligado a marcharte de los pueblos como muy tarde con 16 años. Yo me fui con 14 para poder estudiar un grado de electricidad y lo recuerdo como una experiencia muy enriquecedora, en la residencia de estudiantes con gente del valle. Me ayudó a descubrir cosas nuevas. La experiencia me enriqueció a nivel personal, pero supongo que es muy duro para los padres”, explica. Su hermano tuvo que hacerlo a los 12, en su caso fue a una casa de un familiar.


VIRGINIA AROZARENA LERGA (ALCALDESA DE ORBARA, 42 AÑOS): “CUANDO TE VAS DEL PUEBLO CON 16 AÑOS, NORMALMENTE YA NO VUELVES"
El silencio se retuerce entre callejuelas al cruzar la plaza y adentrarse pendiente arriba. La edil, Virginia Arozarena, se asoma por la ventana, enmarcada por macetas y escucha. Hubo un tiempo en el que Arozarena era la única niña del pueblo y tenía que ir sola a la escuela de Garralda. “Hace años que no nacen niños en el pueblo”, lamenta esta mujer de 42 años que con 16 se vio obligada a estudiar en Pamplona. “Lo normal es que cuando te vas no vuelvas pero yo regresé”. Sonríe, dejando escapar un velo de nostalgia. “Seguramente Orbara es el pueblo del valle con menos población: entre semana estaremos 11 vecinos y censados alrededor de 27. Vivimos en un entorno envidiable, rodeados de bosques de hayas y robles, pero falta vivienda y trabajo. Hay muchas casas cerradas”. A la falta de vivienda y trabajo se suma la migración forzosa al cumplir los 16 años. “Es muy grande el esfuerzo económico de un padre para que se pueda estudiar en Pamplona”.


PATXI ENCAJE (ALCALDE DE ABAURREA ALTA, 43 AÑOS): "LA DESPOBLACIÓN COMIENZA AL CUMPLIR LOS 16 AÑOS"
Se escucha el sonido de una radial en el centro de Abaurrea Alta. Los doce menores de 16 años que viven en la localidad han salido a las ocho y veinte de la mañana en el microbús conducido por Miguel Javier que les llevará a la escuela de Garralda. “Aquí los chavales no tienen alicientes para que quieran quedarse aquí, así que cuando cumplen 16 se ven obligados a emigrar a Pamplona para seguir estudiando... y normalmente no quieren volver”. Esta es la primera reflexión del alcalde Patxi Encaje, burladés de 43 años y padre de tres hijos, de 13 y 5 años, que llegó a esta localidad a los 20 para establecerse con su propia explotación ganadera. Una “apuesta personal”.
¿Cuál es la situación en el pueblo?
En Abaurrea Alta tenemos doce críos de menos de 16 años escolarizados en la ikastola de Garralda, pero es muy poco para un pueblo de estos con una población censada de 120 habitantes. La población sigue envejeciendo. Se siguen cerrando casas.
¿Qué circunstancias se deben dar para que las parejas se asienten en un pueblo?
Lo primero, desde la Administración tienen que pensar en nosotros a la hora de legislar. Lo hemos dicho muchas veces. Deben promover medidas, pero desde todos los ámbitos. No solo vivienda, sino también puestos de trabajo.
¿Cómo es el día a día con tres hijos menores de 16 años?
Los tres estudian en Garralda, así que coinciden de momento en horarios. A las 8.20 horas salen en el autobús. Y por la tarde las extraescolares. El problema es que cualquier actividad obliga a desplazarse. Pasas todas las tardes de la semana con el coche, en invierno, todo cuesta mucho. Once kilómetros de trayecto es una media de treinta minutos mínimo. Además de nuestros trabajos. Las extraescolares se llevan a cabo sobre todo en Garralda. Luego tenemos pelota en Espinal y fútbol en Aoiz.
Estamos hablando de un centenar de niños y niñas en la escuela de Garralda, que concentra valles de Aezkoa, Erro, Burguete, Luzaide y parte de Arce.
Solo de Aezkoa somos nueve pueblos. En extensión podemos estar hablando de una tercera parte de toda Navarra. Si mides de Zubiri hasta Abaurrea Alta, que casi es el límite, sale una extensión muy grande de Navarra.
¿Cómo cambia la vida en un hogar de la zona rural a partir de los 16 años?
Para poder hacer el Bachillerato o un ciclo de Formación Profesional, lo que se elija, hay que salir de aquí. Y cada uno se las arregla como puede. Esto exige, además de dejar a tu hijo solo en una residencia o en la casa de un familiar, un gasto mensual terrible.
¿Y qué sucede al salir del pueblo?
Una vez que saltan de aquí pierden el arraigo. Es un factor de despoblamiento. En mi caso, con tres hijos, imagina cuando me llegue el momento. No creo que a ningún padre le guste mandar a un hijo, menor de edad, a vivir fuera para poder estudiar.