Procesión
Una romería única hacia Roncesvalles
La procesión del valle de Arce y Oroz-Betelu volvió a reunir a cientos de personas dos años después. Se caracteriza por sus elementos tradicionales y por mantenerse viva a lo largo del tiempo gracias a que se transmite la tradición

Actualizado el 08/05/2022 a las 22:47
Las letanías y los cantos volvieron a escucharse este domingo en honor a la Virgen de Roncesvalles. Los penitentes cargaron una vez más con sus cruces de madera y las parroquiales. Las primeras pasan de generación en generación. Algunas son huecas, pero otras pueden llegar a pesar hasta sesenta kilos. Son de fabricación casera, al igual que las túnicas negras. Al terminar la etapa de romerías se guardan en cada casa hasta el año que viene.
Este es uno de los elementos más característicos y que más llaman la atención de esta tradición de la procesión del valle de Arce y Oroz-Betelu. Además, el hecho de que abuelos, padres e hijos sigan caminando juntos hacia Roncesvalles desde la Edad Media la convierten en un evento único.
La romería inició el recorrido de 17,5 km desde Uriz hasta la Real Colegiata de Roncesvalles a las seis de la mañana. Llegaron pasadas las diez. Según los asistentes de pasadas ediciones había más gente que de normal. “También había muchas ganas. Normalmente se nos une menos gente a lo largo de los pueblos, pero se nota que este año somos muchos. Salimos desde Uriz a las seis de la mañana y yo voy bastante bien. Es verdad que al principio da un poco de pereza, pero una vez que coges ritmo la motivación crece”, explica Imanol Mina, joven de 26 años nacido en Uriz.
DE ABUELOS A NIETOS
“Aquí caminamos tres generaciones distintas: el abuelo, el hijo y los nietos. Es una tradición que se transmite de padres a hijos. Tengo 71 años y la romería ya se realizaba cuando yo era pequeño. Por aquel entonces se hacía ida y vuelta. Lo que sí sé es que es una fecha muy tradicional marcada en rojo en el calendario por todos nosotros. Es un día especial en el que las familias nos juntamos para honrar la tradición y para ir a comer juntos después a algún sitio de alrededor”, apunta Andrés Martínez, natural de Erro, que camina con su hijo Ander, su sobrino Julen y su nieta Sofía, todos con su cruz de madera.
“Acude gente de todas las edades, algunos muy pequeños. Yo creo que lo bonito es eso: que la tradición se mantiene y que los jóvenes participan. Yo diría que desde los 5 hasta los 25 años siguen acudiendo a la procesión. Nos alegra mucho ver gente de estas edades que se reservan este día para venir hasta aquí. Valoran el mantener el arraigo en el pueblo porque lo sienten como suyo. Ojalá siga así”, añadía el alcalde de Oroz-Betelu Javier Larrea.
UNA EDICIÓN ESPECIAL
“Acude gente de todos los pueblos de alrededor. Vamos desde gente de Oroz y Azparren hasta vecinos de Uriz y Nagore. Se trata de recuperar un día muy señalado de gente que igual no viene a lo largo del año pero que hoy no falla. Llevábamos dos años sin poder celebrar esta fiesta, así que la gente tenía muchas ganas acumuladas. Ha sido muy bonito volver a venir en procesión, ver caras que no veíamos desde hace mucho tiempo y estar de nuevo con el prior y el resto de sacerdotes”, indica Javier Larrea.
“En 2020 solo se celebró una misa que se retransmitió por redes sociales. El año pasado se pudo hacer la celebración de la eucaristía pero no la romería por los pueblos. Al tercer año ya lo hemos podido realizar todo con normalidad. Se nota que la gente tenía muchas ganas y además hemos disfrutado de un día espléndido. La gente ha venido en masa”, apunta Bibiano Esparza, prior de la Colegiata de Roncesvalles.
Puede que las cruces de madera ya estén guardadas, pero volverán a lucir el año que viene en la romería.
