Sangüesa y merindad

El balón que da vida al Pirineo

Es deporte, pero es mucho más que deporte. El campeonato de futbito de Garralda es un nexo de unión para los vecinos de pueblos y valles del Pirineo

Una jugadora del equipo Suhar de Espinal dispara a puerta en un partido frente al Urkulu de Orbaizeta
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Una jugadora del equipo Suhar de Espinal dispara a puerta en un partido frente al Urkulu de Orbaizeta
Una jugadora del equipo Suhar de Espinal dispara a puerta en un partido frente al Urkulu de Orbaizeta

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Aser Vidondo

Publicado el 10/04/2022 a las 06:00

Es el plan del sábado tarde por excelencia en el Pirineo. El evento que no falla y que, durante las frías y lluviosas tardes del invierno, reúne a la juventud. La cita en la que más de un centenar de adolescentes, y otros jugadores algo más veteranos, llegados de una punta a la otra de esta extensa comarca comparten unas horas de deporte y hermandad. Momentos de encuentro propiciados por una labor voluntaria y comprometida que hunde sus raíces treinta años atrás, y cuyos objetivos siguen hoy tan vigentes como el primer día. El Campeonato de futbito de Garralda se ha consolidado como una de las actividades anuales más destacadas de la zona y ejerce como destacado nexo de unión entre los llamados a liderar el futuro de estos pueblos y valles.

Son las 3.30 horas del sábado 19 de febrero de 2022 y el balón echa a rodar. No dejará de hacerlo hasta pasadas las ocho de la tarde. En las calles de Garralda (190 habitantes) reina el silencio. Cuesta encontrar gente. Pero en ese mismo momento, medio centenar de personas se dan cita ya en la pista cubierta del colegio, donde se celebra esta cita deportiva amateur. “El ambiente irá a más conforme avance la tarde”, adelanta Oskar Garralda Ilincheta, de Oroz-Betelu y 53 años, uno de los principales impulsores de esta cita deportiva y social. Y no se equivoca. Cuando la tarde se acerque a su fin, serán más de 150 personas (esencialmente jóvenes, pero también familias y niños) las que se congreguen en estas instalaciones deportivas, vibrando con los partidos y compartiendo la tarde en las gradas entre cervezas, pastas y café, chocolate caliente o meriendas de todo tipo. “Es una cita futbolística, sí, pero va más allá. Ayuda a fomentar las relaciones entre los jóvenes de unos sitios y otros”, apostilla Carlos Arcelus Rota, de Garralda y 37 años, otro de los organizadores.

Este campeonato, en su versión masculina, hubiera cumplido este invierno su edición número 30 de no haber mediado la pandemia de covid, que obligó a suspender la cita de 2020-21. Así, este año tuvo lugar la 29ª edición, en la que se impuso Xorinaga sobre un total de 9 equipos. En el campeonato femenino, que comenzó años después, cumplía su 14 edición y la segunda celebrada en las mismas fechas que el masculino (del 11 de diciembre al 19 de marzo). Concurrieron aquí 5 equipos y se alzó con el primer puesto Kiñota.

Imágenes del Campeonato de futbito de Garralda./
Imágenes del Campeonato de futbito de Garralda./ALBERTO GALDONA

Pero lo de menos son los ganadores en una cita en la que ganan todos, pues con este evento el que verdaderamente triunfa es el Pirineo. La cita, que fomenta la deportividad y el compañerismo, combate la dispersión poblacional ejerciendo como nexo de unión. “Como en origen, es una excusa perfecta para que la gente, aunque sea para un rato, salga de sus pueblos, se conozca, se relacione y estreche lazos de unión”, añade Oskar Garralda.

Y no es pequeña la nómina de pueblos desde los que llegan participantes, de una punta a la otra del Pirineo. Este año, asciende a un total de 20: Jaurrieta, Ezcároz, Burguete, Valcarlos, Espinal, Oroz-Betelu, Olaldea, Orbaizeta, Orbara, Aria, Villanueva de Aezkoa, Garralda, Abaurrea Alta, Zubiri, Eugi, Arrieta, Úriz, Azparren, Bizkarreta-Gerendiain y Aoiz.

FIELES AL CAMPEONATO

Las chicas son las encargadas de inaugurar la tarde de futbito en Garralda. Y muchas manifiestan su fidelidad a este formato desde que arrancó el torneo femenino. Es el caso de Irati Caminondo Ibiricu, de 31 años y de Valcarlos, vecina de Abaurrea Alta. Este año, defiende la camiseta de Irube. “Vengo a jugar desde el primer año. Es mi motivación de la semana. El ambiente es fenomenal, y lo mejor es que, o bien juegas con gente conocida, o bien esto te ayuda a conocerla”, indica. A la pregunta de dónde estaría en ese momento si no existiera el campeonato, la respuesta es clara. “Pues estaríamos en casa”, asegura, mirando a su “txiki. “La traigo para que vaya metiéndose desde ya en el ambiente de todo esto”, dice, agradeciendo la labor de los organizadores.

El mismo mensaje hacia el “gran esfuerzo” de la organización parte minutos después de boca de Oihana Gorraiz Barberena, de Garralda y 36 años, y de Amaia Arcelus Echávarri, de Oroz-Betelu y 37. Compañeras también del equipo Irube, eminentemente aezkoano. “Planteamos que se promoviera un campeonato femenino en una juerga en el Errota y al poco tiempo se hizo realidad”, refieren. “Nosotras participamos desde el primer año. No habíamos jugado a futbito más allá de en la plaza del pueblo, pero nos motiva mucho venir por el buen ambiente que se forma, por reencontrarte con gente que no ves habitualmente, por salir del pueblo, por hablar con vecinos del entorno con los que igual no hablarías nunca...”, enumeran. Y, desde unas gradas que poco a poco se van poblando, añaden que “este campeonato es un punto de encuentro para el Pirineo desde el deporte”. “En la zona apenas hay actividades, y menos tras la pandemia”, sentencian.

En la edición de este año han tomado parte un total de 168 jugadores y jugadoras dentro de los 14 equipos masculinos y femeninos. Algunos acudían todos los sábados, pero otros solo puntualmente. “No se realizan fichas. Puede jugar cualquiera. La única norma es no jugar con dos equipos”, indican Sergio Múgica Chapar, de 40 años y Orbaizeta, y Alfredo Arcelus Rota, de 39 y de Garralda, otros dos organizadores.

Cada equipo paga una inscripción de 150 euros, de los que recupera 50 si juega todos sus partidos. Tras una fase de liguilla, se celebran semifinales y finales. Y en la cena de fin de fiesta (a la que sigue una gaupasa) se entregan los trofeos. “Tenemos patrocinio de establecimientos y colectivos de la zona, y algunos años una pequeña ayuda del Instituto Navarro de Deporte. Nosotros costeamos los trofeos, y pagamos al ayuntamiento los gastos de luz y gasoil, además de hacer labores de limpieza, mantenimiento, llevar el marcador, arbitrar, etc.”, repasa Oskar Garralda.

PASO A LA JUVENTUD

Lejos parecen quedar ya los años en los que se contó con hasta 18 equipos en el campeonato masculino y 13 en el femenino. Un síntoma que se vincula a los efectos de la despoblación y el envejecimiento del Pirineo. Pero desde la organización del Campeonato de futbito de Garralda apuntan a una doble llama de esperanza. La que deja el torneo relámpago de txikis que se celebra en fiestas de Garralda y que reúne a más de un centenar de participantes (este verano, sería la décima edición). Y también la que evidencia que la participación en los torneos adultos parece haber llegado a un “punto de inflexión” , pues ha pasado a contar casi de forma generalizada con jugadores muy jóvenes.

Es el caso, por ejemplo, de Lucas Díaz Navarro, de 14 años y de Orbara. “Es mi primer año. No conocía este torneo, pero hay un ambiente buenísimo”, explica minutos antes de que su equipo, Aezkoako Gazteak, con jóvenes de Aezkoa (anteriormente se llamaba Herriko Ostatua), salte a la pista. Jugador también en Osasuna cadete, refiere que es el más pequeño del equipo, integrado por jugadores de diferentes edades. “Unas veces te pisan, otras pisas tú. Y si hay algún roce, se queda en la pista. Es un ambiente muy sano, sin malos rollos”, asegura. “Yo me lo paso genial jugando, pero en la grada también. Aquí hay chicos y chicas de mi clase, entre otra mucha gente de la zona”, afirma.

Otro caso también de jugadora joven es el de Maider Ardanaz Dufur, de 20 años y de Espinal. “A veces echamos aquí la tarde entera del sábado, pues además de jugar también nos gusta ver después a los chicos del pueblo”, señala tras defender en la pista los colores del Suhar. “Llevo en el equipo unos 5 años porque me gusta y por mantener un poco lo de jugar. Además, es una forma de juntarnos gente de distintas generaciones”, apunta.

Llegado desde Jaurrieta, Wilber Filiu Del Toro, de 20 años, saluda en ese momento a unas amigas que siguen los partidos desde la grada. “Venimos de lejos, tenemos unos cuantos kilómetros desde el valle de Salazar, pero este es el plan del fin de semana. Juntarnos todos los chavales del Pirineo, jugar a futbito, y luego terminar la tarde en el bar. Es una forma genial de relacionarnos con la gente del entorno”, considera. Lleva “varios años” representando al equipo salacenco El polígono de Iciz. “En el Pirineo no hay campos de fútbol, así que jugamos a fútbol sala. Eso hace que históricamente haya habido mucho nivel”, añade.

Desde la otra ‘punta’ del Pirineo, desde Eugi, llega en su caso a Garralda bien mediada ya la tarde futbolística Nico Gail Etxeberria. De 27 años, es uno de los ‘veteranos’ integrantes del equipo Carrascal de Esteribar-Erro. “No he dejado de participar desde los 18 años. Se respira un ambiente exquisito, muy buen rollo; la cerveza de después es sagrada; y la cena con gaupasa final ayudan mucho a consolidar esa unión entre valles”, cree. Refiere que, si bien hoy los equipos están copados especialmente por jóvenes de corta edad, “siempre hay veteranos dispuestos a echar una mano”. “Un día nos quedamos sin portero y vino a ayudarnos un exjugador de Eugi de 42 años. Le encantó volver, pues este campeonato le dejó huella”.

Los ‘piques’ entre equipos de Espinal y Burguete, o entre Aezkoa y Salazar, son ya “clásicos” del campeonato, indican desde la organización. Y bien lo sabe Mikel Reka Goikoa, de 29 años y de Villanueva de Aezkoa, que juega desde los 14 en el campeonato de Garralda. “Esto engancha”, asegura antes de pasar defender la portería para el Aezkoako Gazteak frente al combinado salacenco de El polígono de Iciz. El marcador, esta vez, no arroja un resultado favorable. Pero Reka remarca que lo importante es “juntarte, socializar, hacer deporte y pasarlo bien”. “Esto no lo cambio por nada. En 15 años no habré faltado más de 5 días. Me ha servido para hacer amistades con jóvenes de otros pueblos más allá de mi equipo, y también con gente más joven y mayor que yo”, expone. Además de defender el “mérito” de quienes organizan este evento deportivo, pide más apoyo para que se pueda mantener. “Es triste ver cómo el número de equipos va decayendo. Animo a la gente joven a que se deje de tanto móvil y se ponga a jugar”, dice.

Completados los partidos de la tarde, el marcador se desconecta, la música ambiente deja de sonar, las gradas de vacían y las luces se apagan. Culmina así una nueva tarde de deporte. Una de tantas que tanto han aportado por el bien del Pirineo y sus gentes. Pero no se apaga la llama de hermandad. El balón ha dejado de rodar, sí, pero la tradición manda: el encuentro y la fiesta siguen en los bares.

Desde la izda.: Carlos Arcelus Rota, Alfredo Arcelus Rota, Sergio Múgica Chapar y Oskar Garralda Ilincheta. Faltan Alejandro Belzunce, Javier Antxo y Asier Txikirrin
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Desde la izda.: Carlos Arcelus Rota, Alfredo Arcelus Rota, Sergio Múgica Chapar y Oskar Garralda Ilincheta. Faltan Alejandro Belzunce, Javier Antxo y Asier TxikirrinAlberto Galdona
Desde la izda.: Carlos Arcelus Rota, Alfredo Arcelus Rota, Sergio Múgica Chapar y Oskar Garralda Ilincheta. Faltan Alejandro Belzunce, Javier Antxo y Asier Txikirrin

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“Todo empezó en una noche de marcha en fiestas de Garralda”

Tres focos marcan el origen de todo este “tinglado”. Así lo reconoce Oskar Garralda Ilincheta, de 53 años y natural de Oroz-Betelu, el considerado por muchos el ‘alma mater’ del Campeonato de futbito de Garralda. No en vano, lleva trabajando en su organización desde el comienzo, desde hace tres décadas. “Se gestó casi por casualidad, o quizá fuera cosa del destino. En aquellos años, los viernes de invierno y primavera nos reuníamos varios jóvenes de Aezkoa, Burguete y Oroz-Betelu para jugar a futbito en Garaioa. La conversación por parte de dos de ellos una noche de marcha en fiestas de Garralda derivó en que había que organizar algo para dinamizar la zona. Y ahí empezó todo”, explica, añadiendo, como tercera pieza de este puzzle, que tomaron como “espejo en el que reflejarse” un campeonato de futbito que entonces se promovía en verano en Orbaizeta.

“El balance es muy positivo”, reconoce hoy Oskar Garralda, uno de aquellos dos jóvenes de los que partió la idea, tras 29 ediciones dentro de la organización del campeonato masculino, más 14 del femenino y una décima del torneo txiki prevista para este verano. “Supone sacrificio, pero compensa. Es un punto de encuentro semanal para toda la juventud de los pueblos y valles colindantes, y ha fomentado las buenas relaciones entre sus gentes”, cree, agradeciendo “el compromiso de todos los participantes”. “Este campeonato se ha convertido en la excusa perfecta para que la gente salga de sus pueblos por un rato y para fomentar el deporte en una zona donde escasean las actividades de ocio para jóvenes”.

“APORTA MUCHO”

Oskar Garralda es, por ‘galones’, la cara más conocida de este torneo, pero está “muy bien arropado” por un equipo que integran hoy también: Sergio Múgica, de Orbaizeta; los hermanos Alfredo y Carlos Arcelus, de Garralda; Alejandro Belzunce, de Garralda; Javier Antxo, de Villanueva de Aezkoa; y Asier Txikirrin, de Aribe.

“Esta es la única actividad que lleva 29 años en marcha en la zona y que no ha fallado nunca, salvo por la interrupción de la pandemia. Aporta mucho, y la gente disfruta dentro y fuera de la pista”. Así lo creen Sergio Múgica Chapar, que tiene 40 años, y Alfredo Arcelus Rota, de 39. “Quienes hoy estamos organizando, arbitrando los partidos, etc., empezamos de chavales, jugando con 14 o 15 años. Y nos enganchó”, refieren.

Evocan el valor de esta cita deportiva que “es capaz de atraer equipos de una parte a otra del Pirineo, desde Zubiri y Eugi a Jaurrieta y Ochagavía, pasando por Erro, Aoiz, los pueblos de Aezkoa, Valcarlos o el valle de Arce”. “El año que más equipos tuvimos, fueron 18 de chicos y 13 de chicas. Hubo momentos de mucho nivel futbolístico, sobre todo de equipos de Salazar. Y hay piques en la pista, claro, pero sanos. Ahora son menos los equipos y está todo más igualado”, consideran. La media de edad de los jugadores “rondará poco más de los 20 años”. “Hay gente de más edad, pero ya no se ven aquellos equipos de veteranos jugadores”.

Asimismo, ponen sobre la mesa que “uno de los alicientes destacados de este campeonato son las cervezas y las cenas de los sábados noche en los bares del pueblo, y especialmente la cena final en el Hotel Loizu de Burguete, con unas 160 personas”. Allí se hace la entrega de trofeos y tras ella se promueve una gaupasa en Garralda.

“EL PIRINEO SIGUE VIVO”

“Hay gente que nos dice que, si no fuera por este campeonato de futbito, muchas veces no subiría al pueblo el fin de semana. Esto es lo único que hay por aquí en invierno”. Así lo reconoce, por su parte, Carlos Arcelus Rota, de 37 años. Y coincide en que coordinar esta cita deportiva amateur cada sábado “es trabajoso, pero compensa, pues los participantes y el público lo agradecen”.

Además de la labor futbolística (coordinan las inscripciones y el calendario, arbitran los partidos, llevan los marcadores...), los organizadores contribuyen al mantenimiento de la pista deportiva cubierta de Garralda, vinculada al colegio y de propiedad municipal. “Cambiamos focos, pintamos los vestuarios, limpiamos... Al final, cualquier mejora redunda en el pueblo”, indica, y remarca que a través de la gaupasa final también se colabora económicamente con entidades de la zona, generalmente con Irati Irratia. “Esto es un buen ejemplo de que el Pirineo sigue vivo, que no todo es despoblación y tristeza. Basta con ver el ambiente de cualquier sábado en el frontón”, sentencia.

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