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Lumbier

La residencia se adapta a los mayores

El modelo de atención centrado en la persona va ganando peso en las residencias. La de Lumbier es un buen ejemplo, adaptada ya en su totalidad al trabajo en unidades de convivencia.

DESDE EL PATIO DE LA RESIDENCIA Posan de izda. a dcha.: Jesús Sánchez Sanz (residente), Katty Bravo Jaramillo (auxiliar de geriatría), Vanessa Sola Iso (terapeuta ocupacional), Maribel Miranda Garcés (responsable de administración), Arantza Beorlegui Primo (coordinadora asistencial), Misael Narros Martin (gerente) y Miguel García Maya (residente).
DESDE EL PATIO DE LA RESIDENCIA Posan de izda. a dcha.: Jesús Sánchez Sanz (residente), Katty Bravo Jaramillo (auxiliar de geriatría), Vanessa Sola Iso (terapeuta ocupacional), Maribel Miranda Garcés (responsable de administración), Arantza Beorlegui
Actualizada 10/06/2021 a las 06:00

Que la residencia se adapte al usuario, y no al revés. Es el gran objetivo al que hoy se aspira en las residencias navarras, un modelo de atención centrado en las personas que va calando poco a poco. Y la de Lumbier es un buen ejemplo de que, con ilusión e implicación de todas las partes, ese horizonte puede alcanzarse. Este centro, que acoge a 112 mayores y emplea a más de 70 trabajadoras, se ha adaptado ya en su totalidad al trabajo mediante unidades de convivencia. “Espacios más íntimos, hogareños, sensibles y atractivos para las personas residentes que les permiten vivir mejor, más felices”, defiende Misael Narros Martin, su gerente.

La residencia San Isidro de Lumbier está gestionada por la Mancomunidad de Servicios Sociales que integran varios municipios de la zona, y asociada a Lares. Hasta ahora, funcionaba con dos unidades por tipología de casos (la psicogeriátrica, con 30 plazas, y la geriátrica, con 88) y mediante un modelo asistencial tradicional “orientado a la gestión por tareas”.

En 2018 elaboró un plan estratégico para reorientar ese modelo y colocar a la persona residente “en el lugar que le correspondía”. “Queríamos conocer sus biografías, sus gustos, sus voluntades, respetar sus estilos de vida, etc.”, indica Narros. Así, y anticipándose a la estrategia posteriormente definida en este sentido desde el Gobierno de Navarra, el proceso iniciado conllevó acciones como obtener el respaldo de la mancomunidad, iniciar un plan de formación con la plantilla o generar los recursos extra necesarios, de 250.000 euros al año, sin tocar las tasas. “Fue clave renovar en 2019 el acuerdo marco de concertación de plazas con el departamento de Derechos Sociales, triplicando las de geriatría. Así, 60 de estas 88 plazas (un 70%) son ya públicas, más las 30 psicogeriátricas”.


MÁS EMPLEO

Si bien la irrupción de la pandemia de covid en 2020 retrasó los plazos, desde el pasado 1 de febrero, tras la vacunación, el centro empezó a trabajar ya con los residentes del área geriátrica repartidos en 3 unidades de convivencia (la psicogeriátrica se mantiene como una cuarta unidad independiente).

“Son como pequeñas residencias dentro de la residencia. Unas 40 personas autónomas integran la Unidad 1 ‘San Ramón’; 20 con algún tipo de demencia, la Unidad 2 ‘Trinidad’; y 25 con gran dependencia, la Unidad 3 ‘Arbayún’”, repasa Arantza Beorlegui Primo, coordinadora asistencial.

“Cada unidad, autónoma, cuenta con espacios propios como sala de estar, cocina, comedor o rincones especiales (lectura, actividades, bienestar...). Antes, todos se reunían en una sala”, añade. Para esta reubicación fue necesario reorganizar estancias, aprovechar espacios sin uso, y que el Gobierno, dueño de los edificios, instalara un segundo ascensor.

Cada unidad tiene asignado su personal, lo que facilita el conocimiento, los cuidados y el trato más cercano, y cada residente elige a una persona de referencia. “Se habla más con ellos. Y eso no se ve como más carga de trabajo, sino que se trata depriorizar. Es un cambio cultural”, cree Beorlegui. Así, se han aumentado las horas globales de trabajo de 37.000 a 52.000, contratando o incrementando la jornada a 9 personas.

“Se promueve mucho la independencia y autonomía, el que los residentes decidan y mantengan sus rutinas, flexibilizando por ejemplo horarios que antes debían ser más estrictos. Además de priorizar el bienestar físico, se mira mucho el emocional y social. El que estén bien”, explica.

Cada residente dispone de un Plan de Atención Individualizado (PAI) a revisar anualmente entre el usuario y un equipo multidisciplinar de la residencia, y “se trabaja para elaborar un documento con ‘Los 10 mandamientos’ de cada uno con lo que les gusta”.

Katty Bravo Jaramillo, auxiliar de geriatría, considera que “el cambio ha sido a mejor”. “Como estás dedicada a una unidad en exclusiva, y con más tiempo, conoces mejor sus gustos, cómo les gusta que les levanten o les aseen. Damos mejor atención a los residentes y ellos lo valoran”, sentencia.

La terapeuta ocupacional Vanessa Sola Iso destaca que “las actividades son ahora en grupos más pequeños y acordes a las personas que viven en cada unidad”. “En la Unidad 1 hay más talleres creativos, como una revista de la que sacaremos pronto un segundo número; en la 2, actividades de psicomotricidad; y en la 3, acciones más sensitivas”, enumera. “Y estamos abiertos a sus propuestas, algunas muy interesantes, como la de hacer ‘terapia visual’ mediante un vuelo en avioneta sobre la zona”, añade.

 

"AHORA NOS DAN MÁS OPORTUNIDAD DE EXPRESARNOS"

 

“Antes estaba todo más revuelto. Ahora, cada uno en nuestro sitio”. Así lo cree Jesús Sánchez Sanz, de 72 años y natural de Huesca, aunque ha vivido décadas en Navarra. Lleva 5 años en la residencia de Lumbier, y ha quedado integrado en la Unidad de convivencia 1 ‘San Ramón’, de personas autónomas. “Yo he estado siempre bien aquí, pero con el cambio estoy más unido a la gente, podemos proponer más ideas... Lo siento todo más cercano “, asegura.
Compañero de esta unidad es Miguel García Maya, de 72 años y de Montilla (Córdoba), aunque navarro de adopción desde hace 56 años. Lleva 3 años y medio en este centro. “En Lumbier se vive bien, y en la residencia mejor. Con este cambio, vivo más tranquilo y relajado. Dan más oportunidad de expresar lo que nos gusta y lo que no, de tomar decisiones y realizar actividades que proponemos, como hace unos días, cuando pudimos elaborar unas migas. ¡Muy ricas nos salieron!”, refiere.

La residencia se adapta a los mayores

 

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