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Historia

Marcas romanas en el Pirineo

El hallazgo en la última década de hasta 8 miliarios, enormes mojones de piedra que marcaban las distancias junto
a las calzadas romanas, ha permitido conocer mejor el trazado de estas vías de paso en el entorno pirenaico navarro

Foto de Juan Mª Martínez Txoperena, colaborando en la extracción del miliario de Setoain.
Juan Mª Martínez Txoperena, colaborando en la extracción del miliario de Setoain.
SOCIEDAD DE CIENCIAS ARANZADI
Actualizada 28/03/2021 a las 06:00

El 28 de agosto de 2011, Juan Mª Martínez Txoperena, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y especialista en megalitos pirenaicos, regresaba satisfecho a su casa de Espinal (valle de Erro) tras haber descubierto un dolmen en la misma orilla del río Urrobi. “Se estaba haciendo tarde, pero quise acercarme hasta unas grandes piedras que tenía vistas hacía tiempo con la idea de echarles un ojo más a fondo”, recuerda. Y cual fue su sorpresa cuando, “nada más retirar con el palo algo de musgo sobre una de ellas”, observó cómo sobre una aparecían unas letras en latín que “se leían perfectamente”. Fue de esta manera como se descubrió el primer miliario del total de 8 que han sido localizados en la última década en el Pirineo y Prepirineo navarros. Del hallazgo del último, encontrado en Setoain (Esteribar) con 1,85 m de altura, 55 cm de diámetro y 1.135 kg de peso, se informaba este mes. Evidencias que permiten conocer mejor por dónde transitarían las calzadas romanas, dado que los miliarios eran piedras talladas de gran envergadura y forma semicilíndrica que se ubicaban junto a estas vías para marcar, entre otros aspectos, las distancias.

En aquel primer caso, acontecido concretamente en una zona de monte de Espinal conocida como Mugarriluze, “al pie del camino Bidezarra que ya no se usaba”, se acabó certificando el hallazgo de 3 miliarios, dos epigráficos (con escritura grabada en piedra) y uno no. “El que mejor se leía estaba dedicado al emperador Constancio (293-306 d.C.), y el otro, que se leía peor, refería a Aureliano (270-275 d.C.)”, repasa Txoperena. Hoy, permanecen expuestos en la casa del Concejo de Espinal.

Con este descubrimiento, se puso en marcha en Aranzadi un equipo de investigación formado por Rafael Zubiria Mugica, Javier Puldain Huarte, Ramón Ruiz de Cabestany y el propio Juan Mª Martínez Txoperena que se ha dedicado a “patear los montes y antiguas sendas” para obtener luz sobre antiguos poblamientos y vías de comunicación romanas.

“Los miliarios, según la normativa romana, debían estar al pie de la calzada y poder leerse sin bajar de un carro en marcha, por lo que debían ser grandes”, destaca Txoperena. Como conocedor de la materia, indica que “entre el 70 y el 80% de los que se encuentran son anepígrafos, están sin grabar”. “Y eso es porque estaban pintados, tal y como se sabe ahora tras hallarse uno así conservado en Jordania y realizarse análisis forenses a otros buscando pigmentos”.

PASO A PASO

En julio de 2014 llegaba el siguiente descubrimiento. “Lo realizó Ramón Ruiz de Cabestany en Zandueta (valle de Arce). La gran piedra estaba en el cementerio de la antigua iglesia, apartada junto a una pared. Posiblemente se hubiera empleado en su día en el altar, dado que estas eran piedras talladas muy relevantes y con el paso del tiempo se reutilizaban. Por su gran peso, eso sí, siempre en zonas próximas a donde estaría la calzada, como aquí es el caso”, indica. “No tiene epigrafía, pero es claramente un miliario. Como certificaron los técnicos del Gobierno, y por sus dimensiones y tipología, no habría otra explicación”. Este miliario está expuesto en el Ayuntamiento de Arce, en Nagore.

Poco después, en octubre, Rafael Zubiria y Juan Mª Martínez Txoperena recorrían el más que probable trazado de la antigua calzada romana del Pirineo, por la zona de Ibañeta. “Había una maleza de mil demonios y nos tuvimos que bajar a la carretera. Fue desde allí, mirando al monte, cuando vimos asomar una piedra caliza en un terreno de cuarcitas, y eso nos hizo sospechar”, rememora. “Fui al día siguiente con la azada, lo confirmamos y hablamos con Patrimonio para sacarla. Al final eran dos. Una de caliza, que conservaba escasa epigrafía. La otra, de arenisca, con una dedicatoria parcial que se pudo completar, y que se refiere a Galerio, emperador del 305 al 311 d.C.”. Uno se desplazó al centro expositivo de Valcarlos y el otro, al depósito arqueológico del Gobierno de Navarra.

Refiere que “todos estos son miliarios del Bajo Imperio cuando ya empezaba a perder importancia su función principal de ofrecer información al viajero”. “Cada 1.000 pasos (milla romana, unos 1.480 metros) se ponía uno, y comenzaron a tener carácter más propagandístico, de hacer la pelota al emperador de turno”.

Al tiempo, en mayo de 2016, desde Aranzadi acudían a la antigua iglesia de San Miguel de Lizoain, hoy reconvertida en centro cultural del valle de Lizoain-Arriasgoiti, para valorar si una piedra de grandes dimensiones, que se había utilizado como base para el altar, se trataba de un antiguo miliario. Estaba colocada boca abajo, semi enterrada, y pesaba más de 1.300 kilos. “No tenía epigrafía, pero tampoco tenía lógica que fuera otra cosa que una piedra miliar reutilizada, y eso nos confirmó que por allí cerca pasaría una calzada romana”, apunta Txoperena. Este miliario se conserva en la misma iglesia.

Y ya el 24 de octubre de 2018, el equipo de Aranzadi se topaba con el que hasta ahora es el último miliario localizado gracias a sus incursiones. Fue en Setoain (valle de Esteribar), en el lugar denominado Etxezarreta. Cerca de restos de muros y construcciones distinguieron, entre la maleza, una gran piedra que se asemejaba a un miliario. Y así lo confirmaron posteriores investigaciones, que localizaron además algunas hendiduras “probablemente relacionadas con su reutilización posterior”. El 16 de noviembre de 2020, “tras una complicada tarea con la ayuda de una excavadora”, fue trasladado al depósito de los Fondos de Arqueología del Gobierno. Es anepígrafo.

"Kilometradas" para reconstruir los trazados de las calzadas

“Esto es una pasión. Nos hemos pegado kilometradas por el monte buscando evidencias para reconstruir por dónde transitarían las calzadas romanas en el Pirineo. Y encontrar evidencias, obtener resultados, te refuerza la afición”. Así lo asegura Juan Mª Martínez Txoperena, vecino de Espinal (Erro) de 76 años e investigador de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Desde 2011, con el hallazgo de los 3 primeros miliarios en Espinal, se volcó junto con varios compañeros, especialmente Rafa Zubiria, en el estudio de las calzadas. “Rastreamos las zonas que encajan con las condiciones que buscaban los ingenieros romanos: sin cuestas imposibles para los animales, en segundas terrazas de los ríos, que eran zonas no inundables y con cascajo cerca para la obra...”.

Tras una década de trabajo, el reciente hallazgo del miliario de Setoain (Esteribar) les ha “roto todas las teorías”. “Siempre se pensó que la calzada Iter XXXIV, entre Astorga y Burdeos, subiría al Pirineo desde Pamplona por Esteribar (ruta del Camino de Santiago), pero lo cierto es que hasta ahora no habíamos encontrado prueba alguna, y mira que hemos pateado la zona. Ahora ya tenemos la primera evidencia fiable”.

Reconoce que ese hecho les llevó a pensar en que “quizá usaran en parte el recorrido de la calzada Tarraco-Oiasso, que unía Tarragona con Irún (pasaba por Sos, Lumbier, Urroz, Lizoain, Olloki, Ezcabarte, Arraitz, Santesteban...), y que después, desde Villaveta (Lónguida), subirían por la calzada del Pirineo”. Una vía “no documentada en las fuentes históricas” y que han localizado entre Villaveta e Ibañeta.

En torno a esta calzada del Pirineo, recuperada en parte años atrás como recorrido turístico (26 km), se enmarcan los miliarios de Zandueta, Espinal e Ibañeta, así como los yacimientos en estudio y excavación de Iturrotz (Villaveta), Arce e Iturissa (Espinal-Burguete). En torno a la Tarraco-Oiasso, el miliario de Lizoain. Y en la Iter XXXIV, el de Setoain.

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