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Microcooperativa

Reinventarse tras inventarse

Sin haber alcanzado los tres años de labor, el coronavirus obligó a la microcooperativa Eutsi, centrada principalmente en mejorar la calidad de vida de los mayores del Pirineo, a replantear toda su actividad

Actividad intergeneracional con Eutsi en la biblioteca del colegio de Ochagavía (diseño de postales en 2019).
Actividad intergeneracional con Eutsi en la biblioteca del colegio de Ochagavía (diseño de postales en 2019).
DN
Actualizada 01/11/2020 a las 06:00

De la noche a la mañana, todo se vino abajo. Los proyectos, la forma de proceder, los anhelos... La llegada de la pandemia de coronavirus el pasado mes de marzo cortó en seco el devenir de la que apenas tres años antes había nacido como una iniciativa prometedora del Pirineo, vinculada a actuar sobre las problemáticas del envejecimiento y la despoblación. “Nuestro objetivo principal sigue siendo válido: mejorar la calidad de vida de las personas mayores, la infancia y la juventud. Pero la forma de hacerlo va a tener que ser muy distinta que hasta ahora”. Así lo asegura Gonzalo Celay Iriarte, de 27 años y uno de los tres jóvenes socios de Eutsi, sociedad microcooperativa de trabajo de iniciativa social.

En la primavera de 2017 comenzaban su andadura en el valle de Salazar y, dada la buena acogida registrada, este proyecto pionero creció hacia los valles de Roncal y Aezkoa. “Íbamos a empezar también en Erro cuando todo lo paralizó la covid-19”, apunta Celay.

Eutsi se ha venido centrando en desarrollar programas de envejecimiento activo y saludable, algo por lo que en 2018 ganaron en la categoría de Mejor Iniciativa Joven de Economía Social de los premios ‘Hasi Gazte’.

“Teníamos todo enfocado a sesiones presenciales, pues uno de los anhelos de Eutsi es sacar a la gente mayor de sus casas, de su soledad, y mantenerlos activos a la vez que se relacionan con otros vecinos, también desde una perspectiva intergeneracional”, repasa.

Hasta la pandemia, desarrollaban su labor central en los colegios de Ochagavía, Roncal y Garralda, y colaboraban con un programa de ejercicio físico para mayores del centro de salud de Ezcároz. “Los usuarios pagan cuotas simbólicas, y el resto lo cubren subvenciones. Trabajábamos dos días por semana en cada valle, con 2 grupos en Roncal, 4 en Salazar y 2 en Aezkoa. Transportábamos a los mayores a los colegios y hacíamos prácticas intergeneracionales, compartiendo almuerzos con los niños, haciendo ejercicio físico y sesiones psicosociales (memoria), etc.”, enumera Celay. “Vamos, todo lo que ahora no se puede hacer”.

UN CENTENAR DE USUARIOS

Así las cosas, y con un centenar de usuarios que en marzo se quedaron en la estacada, al igual que los 3 socios y 2 trabajadores de Eutsi, llegó el momento de “renovarse o morir”. “Fue, como para mucha gente y muchos negocios, un frenazo en seco. Ahora estamos valorando cómo volver, pues la gente está con ganas, como nosotros”, aventura Gonzalo Celay.

En este proceso, la microcooperativa ha aprovechado que fue seleccionada para participar en los ‘auzolabs’ de AntartikaLab 2020. Un proyecto de la iniciativa Antartika (que lideran los hermanos Archanko Mancho y cuya gestora cultural es Karekin Kultura de Aoiz). En el marco del mismo, se contrataron los servicios de ‘Conexiones improbables’ con la idea de vincular organizaciones de perfil social, medioambiental, educativo o cultural con artistas o personas creativas para afrontar un reto. En este caso: repensar Eutsi.

“La idea inicial era pararnos a hacer un balance de los tres primeros años de andadura y ver qué mejorar. Pero luego, con el coronavirus, el reto se vio ampliado con creces”, refiere Celay.

Comenzaron este periodo de reflexión en mayo acompañados por Marc Badal Pijoan, investigador y dinamizador agroecológico barcelonés residente en Valcarlos. Disponen de 5 sesiones. “Trabajamos un autodiagnóstico colectivo con los miembros de Eutsi y también con agentes con los que colaboran, como sanitarios o colegios”, afirma Badal, quien propició además un encuentro transfronterizo con Atxiki, entidad que trabaja en “activar el cuerpo y la mente de la gente mayor en Garazi-Baigorri”.

“Desde mi perspectiva, les he invitado a aplicar dinámicas de trabajo ligadas al territorio. Para trabajar el ejercicio físico, se puede salir al campo. Y para reforzar la memoria, en vez de un sudoku se puede salir a reconocer plantas. Cosas factibles en el Pirineo y no en Pamplona”, apunta Badal. También, como artista en formación, trabaja en la iniciativa el bailarín y coreógrafo chileno Antonio Chuaqui, que “puede aportar reflexiones interesantes sobre el cuerpo y el movimiento”.

GRUPOS AHORA REDUCIDOS

Frente a las sesiones presenciales y en grupo, “ahora va a tocar algo más a domicilio y a distancia, y con este proceso estamos viendo cómo implantarlo”, apunta Celay. “Si se puede, querríamos retomar la actividad próximamente. Sobre todo, porque los usuarios estaban encantados y la gran mayoría quiere seguir participando”.

“La pena es que lo que antes eran buenas rutinas (activarse mediante el encuentro) ahora se pone en entredicho. La esencia de este proyecto es juntarse, si no pierde la chispa. Por eso aspiramos a poder hacerlo al menos en grupos de 4 un día por semana en los pueblos, y ponerles tarea (ejercicios físicos y psicosociales) para otro día en casa, que luego revisaríamos. Así, los mayores podrían llegar a junio con una mejora de la calidad y la autonomía”, sentencia.


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