Patrimonio Forestal de Navarra

La Bizkaia, un valle que no se olvida

La confluencia en el tiempo de una canción, un libro, un museo y una asociación vecinal ha revitalizado la memoria de lo que fue el valle de la Bizkaia. Un territorio que se despobló totalmente hace medio siglo pero que nunca cayó en el olvido

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La Bizkaia, un valle que no se olvidaAser Vidondo
La Bizkaia, un valle que no se olvida

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Aser Vidondo

Actualizado el 30/08/2020 a las 06:00

"Torres sin campanas, ecos de emoción. Tus campos de trigo el bosque ocupó. Vive la maleza en tus casas desiertas, recuerdos que quedan en el corazón”. ‘Bizkaiaes una sentida jota compuesta en 2017 por Jesús Aiesa, de Leache, que evoca un despoblado valle navarro con el mismo nombre. Un extenso territorio que, pese a llevar décadas deshabitado, nunca ha caído en el olvido. De ello se han encargado especialmente quienes vivieron en sus 8 pueblos, y sus descendientes, que al menos una vez por año desde 1964 se reúnen para celebrar una fiesta. Y ahora, más que nunca, el valle de la Bizkaia tiene presente y futuro. Así lo permite asegurar la coincidencia en el tiempo, además de la citada canción, de la publicación de un libro sobre la historia y etnografía de este valle, la inminente puesta en marcha de un museo y el nacimiento de una asociación vecinal en su favor.

“Ha confluido todo y eso ha dado mucho impulso a trabajar porque no se pierda la memoria de este territorio”, destaca Javier Marco Apesteguía, alcalde de Ezprogui, municipio en el que desde 1841 se enclava la Bizkaia (también escrita como la Vizcaya). El nombre haría referencia al topónimo de una loma (‘bizkar’) o al arroyo ‘Vizcaya’. Hoy, este paraje boscoso y abrupto es una finca del Patrimonio Forestal de Navarra, con sede en Sabaiza, donde se cría jaca navarra. La Diputación adquirió todo el valle entre 1944 y 1969. Hay además un albergue juvenil en Guetadar.

Y ese apego por las raíces familiares se demostró de nuevo este sábado con la gran afluencia de público que se concentró en la pequeña población de Ayesa (37 censados), donde se presentó el libro ‘La Bizkaia de Navarra. Memorias de un valle en silencio’. Obra del investigador valdorbés de 54 años Juan Jesús Recalde Recalde, cuya madre precisamente nació en uno de sus pueblos, en Julio.

El valle de la Bizkaia se ubica a caballo entre la Val de Aibar y la Valdorba. Lo integraban los lugares de Arteta, Gardaláin, Guetadar, Irangote, Julio, Loya, Sabaiza y Usumbelz (ahora se ha documentado un noveno, Usaregi). A principios de 1965, su último vecino, Antonio Orzanco, de Gardaláin, se trasladó a vivir a Pamplona. Ahora, como curiosidad, un arado romano hecho por él es una de las primeras piezas que acoge el museo. Se prevé abrir en primavera, si bien ayer, por la presentación del libro, fue posible acceder y apreciar éste y otros objetos, como una losa sepulcral de una casa nobiliar del siglo XVI de Loya.

ENTREVISTAS A MAYORES

Juan Jesús Recalde, tras bucear en archivos y realizar más de 40 cuestionarios etnográficos a mayores para escribir el libro, reconoce que “el valle tiene muchas peculiaridades”. “Una de ellas, que sus habitantes nunca fueron propietarios de casas o tierras. Eran caseros de la nobleza”, destaca.

Cita apellidos “típicos” del valle como Beorlegui, Orzanco, Lecumberri, Induráin, Sola, Valencia, Mendia o Janáriz, y apunta también que “hay uno autóctono: Zaratiegui”. “La primera vez que sale escrito, alude a la Bizkaia”.

Otra curiosidad es que en dos de los pueblos, Irangote y Gardaláin, “hubo vecinos foranos”. “Era como una multipropiedad y para poder comprar una vecindad debías ser hidalgo. Eran pueblos ya deshabitados donde tener derecho a sitio casal (en referencia a las casas en ruina existentes) te permitía llevar ganado, acceder a hierbas, etc.”.

En la Bizkaia, los pueblos más al sur eran agrícolas, y los más altos ganaderos. “Siempre fueron pequeños, nunca de más de 8 o 9 casas. La tierra no daba más de sí. Y, pese a toda la pobreza lógica, hubo 5 palacios”, indica Recalde.

¿Por qué se despobló la Bizkaia? “Había poca y mala tierra, nunca llegó electricidad ni agua corriente, estaba muy mal comunicado... y cuando en 1944 la Diputación foral compró los primeros 4 pueblos, el resto ya fueron cayendo. Algunos vecinos dicen que les echaron como si hubieran puesto un embalse”, apunta.

Dice que, “pese a que los pueblos eran pequeños, las familias eran grandes”. “Hay cientos de descendientes del valle, sobre todo por la zona. Y los más mayores cuentan que vivían en medio de una pobreza extrema, pero con mucha alegría”. “Siempre estaban guitarra en mano y cantando coplas, con un vocabulario muy propio, dado su aislamiento”, refiere.

Amigos de la Bizkaia
 

 

Con el objetivo central de “dar respaldo” al nuevo museo, meses atrás se constituía la Asociación de Amigos de la Bizkaia. Una entidad que preside Eugenio Lecumberri Seviné, de 80 años y con raíces familiares en Gardaláin. “Existía una comisión para organizar la fiesta del valle cada último domingo de junio, en Sabaiza, y desde la misma se lanzó la asociación”, repasa. Esta entidad “canaliza la cesión de objetos para el museo” y planteará acciones “culturales, de desbroce de caminos o de cuidado de cementerios”. “Nos encanta que el museo cristalice. Había miedo a que las nuevas generaciones olvidaran sus raíces, pero ahora entre esto, el libro, la asociación, la canción... todo cobra nuevo impulso”, reflexiona. Cree que “se tiene mucho cariño a la Bizkaia porque era un mundo cerrado, pero también muy entrañable y alegre”. “Las relaciones eran íntimas, a veces conflictivas, pero como todos eran muy pobres, se acababan apoyando. Siempre con la poesía y la música presentes, y con amor por la Virgen de Irangote”.

Museo con aportaciones vecinales
 

 

Ayesa ha destinado un espacio privilegiado, a la entrada del pueblo, para ubicar el ‘Museo de evocación de la Vizcaya’. Una dotación de 80 m2 creada en un antiguo almacén de piedra rehabilitado por el concejo, con respaldo del consistorio de Ezprogui, con una inversión de 35.000 euros y ayuda de 20.000 del PDR. “Había inquietud por parte de vecinos de la Bizkaia de disponer de un espacio para el recuerdo del valle despoblado y se ha respondido”, destaca el concejal Roberto Lecumberri Eusa, recordando otras iniciativas locales de dinamización como la recuperación del trujal o el espectáculo México cabalga en Ayesa. El trabajo “para crear un discurso museístico” se adjudicó al sangüesino de 23 años Manu Navallas Juan, graduado en Historia, que también recoge, a través de la asociación, objetos cedidos por vecinos para exponer. “Este valle es una joya, con un pasado nobiliar y un modo de vida especial al ser tan cerrado”, dice. Una vez musealizado, podría abrir en primavera.

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