Sangüesa despide a los fallecidos en un funeral cargado de dolor

Varias personas requirieron de asistencia y hubo momentos de tensión con familiares que reprocharon a las cámaras de televisión que grabasen

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Sangüesa despide a los fallecidos en un funeral cargado de dolorJesús Caso
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Gabriel González

Actualizado el 21/09/2018 a las 06:00

La imagen vivida ayer ante la parroquia de Santiago Apóstol de Sangüesa tardará en borrarse de la mente de los que ayer presenciaron el funeral por las víctimas del triple crimen de Cáseda. Tres coches fúnebres aguardando su turno para descargar un mar de flores y los féretros de Fermín Jiménez Echeverría y sus hijos José Antonio y Cristian. Todo en medio de un terrible silencio sólo roto por el grito desgarrado de dolor de los familiares.

Tras la autopsia celebrada en el Instituto de Medicina Legal de Pamplona, los restos de las víctimas del crimen habían sido trasladados por la mañana al tanatorio Nuestra Señora de Rocamador, de Sangüesa. Allí se fueron congregando sus allegados a lo largo del día para posteriormente dirigirse a la iglesia donde se oficiaron los funerales.

FUERTE DESPLIEGUE POLICIAL 

Fue allí, con el reloj del campanario dando las seis y media, donde se vivieron las mayores escenas de dolor. Decenas de allegados y un centenar de vecinos arroparon a los familiares. También acudieron autoridades locales y representantes de organismos como la Federación de Asociaciones Gitanas de Navarra Gaz Kaló. Éstos trataron de apaciguar los ánimos cuando varios familiares increparon a los medios gráficos, especialmente a los cámaras de televisión. “Habéis convertido esto en un circo”, les recriminaron. Una tía de dos de los fallecidos clamó entonces contra la difusión en las redes sociales de una foto sacada instantes después del crimen. Por suerte, la tensión no pasó a mayores gracias al fuerte despliegue policial realizado por Policía Foral, Guardia Civil y la Policía local de Sangüesa.

Tras las exequias, que se prolongaron durante poco más de media hora, los féretros fueron trasladados en los tres coches fúnebres hasta el cementerio de la localidad, seguidos a pie por los familiares. En un principio éstos habían mostrado su intención de llevarlos en hombros hasta allí pero al final se decidió emplear los vehículos para mayor seguridad. Allí se procedió al entierro en la más estricta intimidad.

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