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El tendero de la esquina lucha por lograr su sueño

Llegó de Ucrania hace trece años, con 18, y la ilusión de trabajar y poder comprar un coche

El tendero de la esquina lucha por lograr su sueño
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El tendero de la esquina lucha por lograr su sueñoJ.A. Goñi
El tendero de la esquina lucha por lograr su sueño

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pilar fdez. larrea. Pamplona

Actualizado el 09/02/2015 a las 06:00

Las calles de Erripagaña acogen estos días sus primeras nieves, rincones helados de febrero donde Pablo y Victoria, mellizos de dos años y medio, han caminado sobre blanco por primera vez.


Son los hijos de Bodhan Koshovskyy, el tendero del barrio. Él creció en Ucrania y está bien acostumbrado a inviernos de ocho letras, en los que al termómetro le daba pereza subir de cero. Temporales que no eran un fenómeno atmosférico, sólo una estación.


Los hijos de Bodhan son pamploneses y él casi lo es también. Lleva trece años en la ciudad.


Llegó cumplidos los 18, con intención de trabajar y ahorrar lo suficiente como para comprarse un coche, permitirse “un lujo”. Lo consiguió al año, uno de segunda mano.


Y regresó a su país, de vacaciones. Por un tiempo. Pero al poco volvió. “Allí no veía futuro, claro que me hubiera gustado no tener que salir, de hecho, no aprendí idiomas porque nunca imaginé que dejaría Ucrania, pero la vida es dura, te lleva por otros caminos y hay que aceptarlo.


Había trabajo, pero los sueldos apenas te dan para comer”, describe la aspereza del país.


Bodhan se empleó en frutas Zabalza, en las huertas de la Magdalena, y allí ha trabajado, “muy contento”, hasta que abrió su propio negocio, hace tres meses y medio. “Me trataron muy bien, y eso sí me gustaría que lo pusieras”, resalta este hombre de rasgos aniñados, ya entrado en la treintena.


“Me enseñaron mucho”, dice, aunque él ya sabía algo de labrar la tierra. En su casa, en Ternopil, población de tamaño similar al de Pamplona, cultivaban una huerta, sembraban patata, remolacha y otras verduras, “como casi todos los vecinos allí”, puntualiza.


Hace unos meses le concedieron una VPO de alquiler con opción a compra en Erripagaña, en la zona de Pamplona. “El barrio estaba totalmente desatendido, no había ningún servicio, vi esa necesidad y me animé”, recuerda. En poco tiempo abría la ‘Tienda de la Esquina’, donde vende fruta de la Magdalena, pan y otros productos de ultramarinos.


Su horario es amplio y adaptado al de los vecinos. “De momento, este es un entorno dormitorio, la gente se va a trabajar y viene por la tarde, es entonces cuando más clientes llegan”, apunta.


Está contento con la marcha del negocio. “Podía ir mejor, pero podía ir peor”, traba una respuesta fácil de entender. Ha entablado ya relación con muchos de sus vecinos. Los atiende por su nombre, sabe de sus vidas y ese es, en fin, uno de los valores añadidos de las tiendas de barrio.


Bodhan imagina ya sin duda un futuro en Pamplona. Y sus prioridades ahora distan mucho de las de la ilusión del primer coche.


“Mis hijos nacieron en Virgen del Camino y el otro día pisaron por primera vez la nieve en la cuesta de Beloso, con el trineo, son experiencias que viven aquí, nunca he cambiado Pamplona desde que llegué y la ciudad me ha tratado muy bien, me gusta la cultura y el modo de vida”, desgrana aquellos inicios en los que no sabía una palabra de español.


Hablaba ucraniano y el alemán que aprendió en el colegio. Pero en menos de un año se hizo con el idioma, “sin academias, en la calle, en el día a día”.


Mañana tal vez hagan un muñeco, como el de La niña de nieve, aquel cuento ucraniano en el que Marusha y Youshko descubren que su hija estaba hecha de nieve y se había derretido al calor del sol.


Bohdan compactará bien la figura, le dará forma, para no dejar escapar el sueño de criar a sus hijos en un entorno de oportunidades, aunque sea a 3.000 kilómetros de su tierra.

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