Comercios singulares
Un lugar donde los libros vuelven a nacer
Larga vida a los libros, una frase que encaja perfectamente con la filosofía de este establecimiento que recupera aquellos viejos ejemplares o recopila libros desclasificados o ensayos que ya no se editan. Y en una calle donde otras tiendas apuestan por el ayer


Actualizado el 18/05/2021 a las 06:00
Los descatalogados, los que ya no son una novedad literaria, los antiguos, ejemplares raros... en definitiva, libros que podrían quedar arrinconados en una vieja estantería, o peor, en la basura, en cambio en la calle del Carmen renacen, se convierten en objeto de deseo de coleccionistas, de personas que buscan ese ensayo sin reeditar... y ahí están, esperando otras manos y otros ojos en Librería Iratxe bajo la tutela de Kike Abárzuza Apezarena. Una especie de anticuario de los libros que sigue la estela de su padre. Aunque el negocio no siempre fue tan especializado en los orígenes de la tienda de la familia Abárzuza.
“Mi padre y su hermano (Manuel y Víctor Abárzuza Murillo) tenían una bajera en la bajada de Carnicerías (la extinta calleja que en un lateral del ayuntamiento conducía directamente al mercado de Santo Domingo). Vendían libros, junto con prensa y papelería, aunque ya para entonces había un estante con ejemplares usados y antiguos”. Los hermanos toman rumbos diferentes en la década de los cuarenta y Manuel, casado con Narcisa Apezarena Álvarez, abre la tienda el Bibliófilo en Carlos III. “Era una réplica de la que tenía con su hermano, aunque aquí ya los ejemplares antiguos toman más relevancia”.
Como almacén, cuentan con un local en la calle Monasterio de Irache que acabaría convirtiéndose también en librería-papelería, e incluso en estanco. La familia decide quedarse únicamente con este último establecimiento hasta el año 2000. “Yo entonces opto por venirme al Casco Antiguo, primero a la Bajada de Javier y finalmente a la calle el Carmen, donde llevo desde 2010”. Como recuerdo de aquella tienda en la que aprendió el oficio, decidió bautizarla como Librería Iratxe. “Y también porque allí ya nos metimos más enserio con los libros antiguos, los de segunda mano o los descatalogados”. Un mundo que, dice Kike, a él le fascina por lo que decidió dejar atrás el mundo de la papelería cuando asumió el negocio.
“LA VIDA EN LA TIENDA”
Cuenta Kike que en su familia se entraba ya como comerciante de “pleno derecho” entre los 13 y 14 años. “A esa edad te mandaban a cuidar el puesto de la tienda que se colocaba en la plaza del Castillo el Día del Libro. Pero en realidad, todos los hijos de padres con tiendas te dirán que la vida la haces allí, detrás del mostrador, desde que eres un crío”. Y a los 18 años ya decidió que este sería su oficio.
Un oficio que ejerce como antaño. “Hay clientes con los que tienes una relación muy estrecha y estás en permanente contacto. Si llega algo de lo suyo, les llamas por teléfono, o son ellos los que se pasan por aquí para preguntar. Antes de internet, hacíamos nuestro catálogo, a máquina de escribir, de los productos que mandábamos cada cinco o seis meses a clientes de toda España”.
Ahora, el mundo virtual ha restado esa clientela habitual, por lo que hay que ir en su busca en ferias del libro antiguo. “Acudo a la de Valladolid, Madrid, Bilbao, San Sebastián y, por supuesto, la de Pamplona. Hace un par de años, en la capital, se me acercó un hombre que había conocido a mi padre y se acordaba hasta de la tienda de Monasterio de Irache”.
Aunque el grueso importante de esta clientela comienza desde la mediana edad hacia arriba, Kike también constata que entre los jóvenes este tipo de ejemplares les provoca curiosidad. “Sobre todo, se decantan por ensayos políticos o de economía”. Y dice que, por suerte, son más numerosos que los que pasan por delante de los puestos de la feria o de la librería vanagloriándose de que no han leído un libro nunca. En cuanto a la calle del Carmen dice que si bien no es excesivamente comercial tiene la ventaja de pertenecer al Camino de Santiago - “que te proporciona potenciales compradores”- y de haberse convertido en un lugar de segundas oportunidades gracias a otros locales como un anticuario u otro de productos de segunda mano.
