Calles y Barrios

Casa Paco, donde los arrieros se encontraron

Negocio centenario por el que han pasado cuatro generaciones de la familia Pueyo, Casa Paco cambió de dueño hace dos años. Javier Vinacua reformó el local, pero manteniendo todos los elementos que le dan ese toque de casa de comidas a la que acudían arrieros de los pueblos, militares, viajantes y, en Sanfermines, los ‘divinos’ del encierro

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Casa Paco, donde los arrieros se encontraron

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Pedro Gómez

Actualizado el 26/03/2021 a las 06:00

Cuando Javier Vinacua adquirió Casa Paco hace dos años, en ningún momento se le pasó por la cabeza cambiar el nombre del bar restaurante. Hizo un lavado de cara al local y algún retoque en la oferta gastronómica. Nada más. Es consciente de que tiene entre manos uno de los establecimientos de hostelería más antiguos y de mayor solera de Pamplona. Javier habla con respeto y admiración de José Luis Pueyo Arizcuren, que ahora tiene 80 años y es nieto de Paco Pueyo, fundador de esta casa de comidas. Esa relación de amistad entre Javier y José Luis nació en el barrio de San Juan hace ya muchos años. “Yo trabajaba en un bar y José Luis, que vivía cerca, venía a tomar el café”, explica.

Allí fue conociendo retazos de la historia de este rincón al abrigo de la iglesia de San Nicolás. No se conoce la fecha exacta, pero la familia Pueyo saca a relucir un cuadro de 1908 de Javier Ciga, que se hospedaba en una habitación de esta casa con vistas a Lindachiquía. En el lienzo se ve el cartel Sidrería Vinos y Licores y debajo posan como en un equipo de fútbol los miembros de la familia. Allí está Tomás Pueyo, que fue quien montó la tienda almacén junto a su mujer, Balbina. Con su coche de caballos vendía sidra y vino a granel por las casas y también hacía de taxista. El violinista Pablo Sarasate hacía uso de sus servicios, cuando llegaba a la estación de tren o se iba de gira. “Sobre todo venían arrieros y gente de los pueblos a hacer recados y ataban aquí las mulas. Luego se volvían bien cargados”, explica Javier Vinacua.

FRECUENTADO POR MILITARES

Paco, hijo de Tomás, fue el que convirtió la sidrería en casa de comidas, primero con bocadillos y luego con platos más elaborados. “La abuela puso una cocinilla y pronto cogió fama como cocinera”, añade el actual dueño. La tercera generación, los hermanos Javier y José Luis, consolidaron el negocio, con el actual comedor de 60 plazas. Hace medio siglo, el restaurante era muy frecuentado por los militares que se alojaban en los cuarteles junto a la Ciudadela y de jóvenes que venían a hacer la mili. Y también seguían acudiendo gente de los pueblos y viajantes. El establecimiento celebró hace 13 años el centenario, cuando esa tercera generación iba pasando el relevo a la cuarta, de la mano de Luis, hijo de Javier, y Jorge, vástago de José Luis, que finalmente decidieron tomar otros caminos profesionales.

Javier Vinacua, con años de experiencia en el bar Fitero, se lanzó a esta aventura empresarial. “Quería mantener el espíritu de taberna, adaptado al siglo XXI. Sí que hicimos una reforma, de los baños, la fontanería y la instalación eléctrica, pero la fachada la dejé tal cual está desde hace tres décadas”, comenta. El interior luce los muros de mampostería y ladrillo rústico, así como la vieja chimenea, que se ha mantenido como elemento decorativo. “También cambié la barra porque para acceder a ella había que agacharse y me parecía infrahumano estar pasando con un agujero de 1,20 metros”. Javier Vinacua reinaguró el local el 1 de julio de 2019, cuando no había visos de que el planeta se enfrentaba a una pandemia. “Vivimos tiempos difíciles, pero si salimos de esta podemos durar otros cien años”, bromea. La comida de puchero sigue siendo la protagonista. “Cazuelas, ajoarriero, menestra, rabo, alubias rojas..., todo casero y a poder ser de cercanía y de temporada”, comenta sobre el menú del día.

DESTACADOS

Apertura No se conoce la fecha exacta de su apertura, pero hay un cuadro de Ciga que constata que ya en 1908 era punto de venta de sidra, vino y licores. Después de la Guerra Civil, Francisco Pueyo cambió el cartel por el de Casa Paco.

Los Sanfermines Al local acuden a almorzar a un grupo de ‘divinos’ del encierro, a veces, con séquito de periodistas.

Menú diario y de fin de semana Entre semana hay menú del día por 15 euros con tres primeros, tres segundos y tres postres a elegir. Son también afamados los almuerzos, de huevos fritos con distintas opciones a elegir, así como callos, menudicos, ajoarriero, migas...

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