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Pamplona

Adiós a Ciclos Ruiz, icono de la Txantrea

Con 22 años, Rosa Ruiz Sanz tomó el relevo de su padre, Urbano, al frente de Ciclos Ruiz de la Txantrea, que ha surtido de bicicletas al barrio desde 1950. La tienda está a la venta por jubilación

Foto de Rosa Ruiz Sanz, en la tienda taller que regenta en la Txantrea desde 1982.
Rosa Ruiz Sanz, en la tienda taller que regenta en la Txantrea desde 1982.
Actualizada 03/03/2021 a las 06:00

Ciclos Ruiz ha surtido de bicicletas a distintas generaciones de la Txantrea y además las ha arreglado para que duraran años. Dentro de unos meses, este negocio abierto por Urbano Ruiz va a poner fin a más de siete décadas de andadura. Su hija, Rosa Ruiz Sanz, se jubila después de ejercer durante 45 años el oficio de mecánica, que aprendió desde cría “cacharreando” en el viejo taller familiar.

Su padre llegó a tener media docena de empleados, pero ella ha permanecido sola desde que se jubiló su padre en 1982. Urbano Ruiz falleció en 2004. Gran aficionado a la bicicleta y la montaña hasta sus últimos días, fue uno de los fundadores del club montañero Aitonak y con 80 años seguía subiendo a San Cristóbal.

Padre e hija han hecho gala de ese trabajo artesanal, de intentar arreglar antes que cambiar. “Mi padre arreglaba los rodamientos bolita a bolita. Ahora la mayoría de talleres van a lo rápido, a cambiar componentes. A mí me gusta estirar la vida de las piezas aunque suponga meter más horas que no puedes cobrar al cliente”, comenta Rosa Ruiz, que admite que “esto no es como un taller de coches con su precio por mano de obra”.

Esta mujer menuda y delgada ha sabido ingeniárselas para suplir la fuerza que en ocasiones hace falta para soltar piezas agarrotadas. “Te apañas con las herramientas que tienes, haciendo palanca como sea”, comenta.

Rosa Ruiz recuerda su infancia y juventud en la calle Cintruénigo de la Txantrea, en las casas con bajera donde se montaban talleres de distintos oficios. Desde la década de 1950, Urbano Ruiz se dedicaba a arreglar motos y bicis. “Mi padre pintaba los cuadros y yo me dedicaba a rascarlos. Pasaba horas con la lija. Mi madre también venía a ayudar. Me encantaba salsear con las herramientas. Todo me resultaba superfamiliar”, recuerda Rosa.

En 1970, Urbano Ruiz se trasladó a la calle Mendigorría, frente al colegio de las Jesuitinas. La Txantrea empezaba a expandirse con la construcción de nuevos bloques. “Mi familia compró la bajera y fuimos de los primeros negocios en abrir en esta zona. Pronto empezaron a abrir todo tipo de tiendas, de alimentación, un librería, de ropa... se convirtió en una zona comercial con mucha vida. Luego vino el supermercado Eroski. Ahora ya quedamos muy pocos”, señala.

Antes de cumplir los 18, Rosa ya trabajaba en distintas fábricas y a la vez echaba una mano a su padre. Al cumplir los 22 ya decidió quedarse en el negocio familiar. “Y hasta hoy”. Ha vivido de cerca la evolución del material, cada vez más sofisticado. “Pero ya no fabrican las bicicletas tan resistentes. Antes casi todas las piezas eran aceradas. Ahora, por muy cara que sea la bici, acaban saliendo holguras y desajustes”.

AFICIÓN A LA MONTAÑA

En estas cuatro décadas sólo ha cerrado cuando nacieron sus dos hijos, cuando le operaron de juanetes y algunos días de vacaciones. Como mujer trabajadora, no ha tenido que demostrar nada a nadie. “A la tienda vienen muchos clientes de Burlada, Villava y también de pueblos de toda la zona norte, de la Ultzama y hasta de Burguete. Estoy recibiendo muchos mensajes estos días. Me dicen que les voy a hacer una faena, que a ver quién va a querer ahorra arreglar una bici de 10 o 15 años”.

Su intención es cerrar el 1 de julio, al cumplir los 63 años. Por eso ha puesto ya el cartel de Se Vende. “Han venido varias personas a interesarse. Yo les digo las cosas claras. Para llevar este negocio hace falta alguien con buena mano y experiencia. Hay chavales muy buenos, que saben desmontar y montar todo en condiciones, pero tienen otros trabajos. Mis hijos también conocen el oficio, pero ya tienen sus trabajos y su vida”, concluye Rosa López, que admite que estos últimos años han sido de mucho volumen de trabajo: “Se ha tocado que ha crecido la afición”.

Cuando se jubile, esta mujer sabe que no se va a aburrir. De su padre también ha heredado la pasión por la montaña. “Me encanta viajar y subir al monte. Siempre que puedo me escapo a algún sitio y lo seguiré haciendo”, comenta. Tampoco piensa dejar de lado las herramientas. “En casa todo me lo hago yo. Si se estropea un grifo yo misma lo arreglo. Y siempre hay cosas por hacer”, expresa Rosa Ruiz.


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