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Obituario

Fallece Clara Villoslada, religiosa que veló por los niños

Hija de la Caridad, nació en Segovia y trabajó en Gerona, pero sus tres hermanos y sus sobrinos viven en Pamplona

Clara Villoslada Martín.
Clara Villoslada Martín.
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Actualizada 12/01/2021 a las 08:34

La vida de Clara Villoslada Martín se apagó en Pamplona el sábado por la tarde. Religiosa de 85 años, nacida en Segovia y que desarrolló su vida laboral en Gerona, llevaba los dos últimos años en la capital navarra, donde residen sus tres hermanos y sobrinos. Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, Sor Clara dedicó toda su vida al cuidado de los niños y las familias con más dificultades de Salt, una localidad de unos 3.000 habitantes en Gerona. Allí, puso en marcha en 1985 La Casita, un hogar en el que acogía a menores de familias desestructuradas y les ofrecía una formación humana y cristiana y por donde han pasado más de 2.000 niños. Sus tres hermanos, Aurelio, Adolfo y Cipriano, impulsaron la empresa de construcciones metálicas Añuri. El segundo fue secuestrado por ETA a finales de 1989 y liberado a los tres meses. Nacida en Fuente de Santa Cruz (Segovia) en 1935, ingresó en el noviciado de la Hijas de la Caridad a los 22 años. Al poco tiempo, su padres, Vicente y Asunción, se trasladaron con su otros tres hijos a Pamplona para trabajar y, en 1965, Cipriano levanta la empresa.

Mientras, Clara Villoslada trabajó en un psiquiátrico de Gerona y tras fundar La Casita, impulsó una fundación con este nombre. Una de las primeras voluntarias que comenzó a trabajar con ella, Salomé Jorrillo Casellas, de 51 años, recuerda a esta religiosa como “una persona con un amor incondicional tremendo”. No solo se ocupó de enseñar a coser a las niñas y de dar formación a los chicos, dice, sino que también se encargaba de sus familias. “No le importaba regresar a dormir a la comunidad a la una de la madrugada, si una familia tenía problemas y debía ayudarles”, recuerda. “Fue un ejemplo de vida del que todos aprendieron. Y esos valores los están transmitiendo ahora a sus hijos”. El proyecto de la fundación se cerró hace dos años, cuando Clara Villoslada, con problemas de salud, fue a vivir a Pamplona, a la residencia La Providencia. “El proyecto creció tanto que se necesitaba mucho dinero para continuarlo. Pero eso no significa que, más adelante, podamos reabrirlo y seguir adelante con su obra”, confía Salomé Jorrillo. Los niños a los que atendió recuerdan en un escrito remitido por Jorrillo cómo vivieron una infancia y adolescencia de ‘ora et labora’, ya que el trabajo con niños se completaba con la formación cristiana. “Tuvimos uno de los centros de Cataluña donde había más grupos de Juventudes Marianas Vicencianas (JMV). Jóvenes de todas las edades encontraban tiempo para parar y hacerse preguntas sobre la vida”. Su hermano Cipriano Villoslada recuerda con emoción el trabajo que hizo su hermana. “Es un ejemplo en estos tiempos de tanto individualismo y en los que tantas personas lo están pasando mal”. Y rememora cómo traía a muchos de aquellos niños de La Casita en un autobús para hacer la Javierada.


La religiosa ha recibido varios reconocimientos a lo largo de su trayectoria, como el Premio 3 de marzo a la labor altruista del pueblo (Ayuntamiento de Salt, 2004); el galardón del Obispado por su trayectoria social y solidaria (2014); el Voz de mujer, del Instituto Catalán de la Mujer (2015); y el nombramiento como Hija Predilecta de Salt (2015).


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