Entrevista

La difícil historia de la pamplonesa que vive en las huertas de Echavacoiz

Entrevista que se publicó el pasado 11 de octubre a Ariadna Pindado

Un informe insta a eliminar las 14 huertas 'okupas' de Echavacoiz
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Un informe insta a eliminar las 14 huertas 'okupas' de EchavacoizEduardo Buxens
Un informe insta a eliminar las 14 huertas 'okupas' de Echavacoiz

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R.M.

Actualizado el 10/12/2020 a las 16:47

A continuación, reproducimos la entrevista que se publicó el pasado 11 de octubre a Ariadna Pindado en Diario de Navarra.
SI QUIEREN QUE PAGUE UN ALQUILER, YO ESTOY A FAVOR"

 

En una de las huertas de Echavacoiz, vive desde hace seis años una pamplonesa de 33 que llegó allí tras una historia difícil



Para el que desconozca el barrio, llegar a la zona de las huertas “ilegales” no es una tarea sencilla. Hay que rebasar los edificios del grupo Urdánoz y continuar el paseo que transcurre paralelo al río Elorz un centenar de metros en dirección a Zizur. Una pasarela salva el cauce de este pequeño afluente del Arga.

Al cruzarla, nos encontramos con un camino angosto, surcado en un enjambre de zarzas que se convierten en paredes de pinchos a ambos lados. Este atajo desemboca en un camino más grande, por el que cabe un coche, y que conecta con las parcelas de cultivo que existen entre Barañáin y Echavacoiz. Las huertas se suceden a la izquierda del camino, con el río Elorz a la derecha.


VIVIR EN LA HUERTA

En las primeras, hay cultivos, pero no personas. Es mediodía de un día entre semana. Las huertas están cerradas por una valla metálica. A los pocos metros se escuchan varias voces que salen de una de las huertas. La voz femenina es de Ariadna Pindado Etxandi, una pamplonesa de 33 años que llegó a la huerta que ahora ocupa tras un pasado de malos tratos. Ocurrió hace seis años. Desde entonces, duerme en una tienda de campaña y convive con dos perros y dos gatos. Cultiva frutas y hortalizas. En el terreno, como a lo largo de gran parte de la ribera del río, hay una enorme higuera rebosante de frutos. Está con dos amigos.

Ariadna se muestra inicialmente molesta con “lo que ha publicado la prensa”, pero se va tranquilizando conforme transcurre la conversación. “Padezco de fibromialgia y estoy con tratamiento psicológico”, asegura. Cobra la renta de exclusión social, unos 600 euros. Dice que le daban alimentos en la parroquia hasta que llegó el coronavirus y se interrumpió el reparto. “Yo soy ecologista. Si veo un microplástico, lo recojo. Limpio el río a menudo porque me dedico a proteger la naturaleza, cada planta, cada flor. Yo como de mi huerta. Si vienen del Ayuntamiento no me voy a ir. Me ofrecen ir a un albergue, pero tengo que abandonar a mis animales”, se lamenta.

Como ya advierte el informe del Ayuntamiento, la huerta en la que vive Ariadna es fácilmente inundable ante una crecida del río Elorz. “El agua ha llegado hasta aquí”, señala con el pie a un par de metros de la puerta de entrada. Ariadna siempre ha colaborado con los técnicos municipales y con los policías comunitarios. “Cuando vinieron, me dijeron que les gustaba mucho la huerta. Y los abuelos están encantados con nosotros. Pero mi asistenta social dice que cualquier día llegan las excavadoras. Yo creo que están presionando”, continúa. “Si quieren ponernos un alquiler, yo estoy a favor”, afirma.

Las 14 huertas situadas junto al cauce del río no sólo están sobre una propiedad ajena. El problema añadido y más peligroso es precisamente su proximidad con el cauce, en una zona fácilmente inundable.

Ariadna conoce la iniciativa del Ayuntamiento de instalar 45 huertos urbanos en un solar situado al otro lado del grupo Urdánoz, frente a la parroquia del barrio. De ellos, 38 serán de uso individual y siete para asociaciones. Tendrán dos tamaños y un coste anual de 40 y 60 euros y por un periodo de seis años. “Dicen que nos van a dar prioridad, pero lo que han dicho en el Ayuntamiento es que las van a dar por sorteo. Yo no me lo creo”, concluye.

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