Un Privilegio festivo y de multitudes en Pamplona
La ciudad celebró el 595 aniversario en el que Carlos III unificó los tres antiguos burgos


Actualizado el 09/09/2018 a las 11:37
8 de septiembre. La fecha en la que Pamplona recuerda cuando en 1423 Carlos III El Noble firmó el tratado por el cual germinó la ciudad dejando atrás los tres burgos históricos, San Cernin, San Nicolás y Navarrería. Y es el 8 de septiembre; no hay concesiones para retrasar o adelantar la celebración al fin de semana más cercano de cara a que mayor número de gente pueda disfrutar de esta jornada en la que la corporación en cuerpo de ciudad recorre las calles del Casco Antiguo, en la que la comparsa de Gigantes y Cabezudos no liga su salida a un santo (San Fermín, San Fermín txikito y San Saturnino), y en la que el mausoleo de la Catedral que guarda los restos del monarca navarro impulsor de la actual ciudad recibe una ofrenda floral. Sólo una pequeña licencia: se celebra por la tarde para evitar horarios escolares y laborales.
Este año, el 8 de septiembre, ha caído en sábado. Y en una jornada en el que el verano siguió presente y con un Casco Antiguo jalonado con 120 puestos de artesanía y gastronomía emulando un mercado medieval. Así que se decidió que la celebración del Privilegio de la Unión fuera por la mañana. Y la fiesta concentró, además de miles de vecinos de la ciudad también a un público nuevo: el de los turistas.
Los primeros en recordar que Pamplona celebraba su fundación tal y como es hoy fueron los Gigantes y Cabezudos de la comparsa, que a las diez de la mañana, salían de su sede de la estación de autobuses para ir en busca de la corporación. Eso sí, con suficiente tiempo para que las familias disfrutaran de su paso hasta la plaza consistorial.
A las once y media, les esperaban los representantes municipales a las puertas del ayuntamiento con el revestimiento que requiere el cuerpo de ciudad: el grupo de dantzas municipal Duguna, txistularis, maceros, libreas, timbalero y clarineros, y tras el alcalde y concejales vestidos de gala, la guardia de honor y la Pamplonesa. Una comitiva de alrededor de 150 personas que partió hacia la Catedral por las calles Mercaderes y Curia. En la seo, les esperaban Alfonso López Vallejos, secretario del cabildo, José Antonio Goñi, maestro de ceremonias y, como figura máxima, el dean de la Catedral, Carlos Ayerra.
Este último comentó que, desde que en esta legislatura se decidió descolgar la misa del programa de actos se celebra a las nueve media. “De esta manera, todas las personas que después quieren participar en el desfile tienen tiempo de sobra para cambiarse”. Ayer, el ritual consistió en depositar la corona de flores a pie del mausoleo y recorrer los principales pasillos de la seo envueltos por la música de la coral de la catedral y el grupo Ensemble de Chirimias y Bajones Miguel Arrozpide, con instrumentos del Renacimiento.
“El mausoleo es muy visitado porque quedan pocas piezas de esta categoría en catedrales hechas por Lohmé. Y se aprovecha la visita de los turistas para contarles la historia del Privilegio de la Unión y de ahí que Carlos III fuera enterrado en un lugar tan destacado. Como muestra de lo querido que era, el escultor hizo las figuras de alabastro de los plorantes”, indicaba Alfredo López Vallejos.
La comitiva partía para regresar al edificio consistorial en un recorrido que incluyó los tres antiguos burgos y, desde hace 595 años, en un trazado libre de murallas. Pamplona se había convertido en una única ciudad.
Al llevar a la plaza consistorial, los gigantes bailaron el txantxigorri. En recámara, por si había tiempo, estaba la coreografía del Percebe, que al final se quedó fuera. “Todos nuestros bailes tienen nombres gastronómicos. El motivo es que para aprenderlos, dibujamos los pasos y, según a qué plato se parezcan, así los llamamos”, explicaba Mari Ganuza, presidente de la comparsa que, tras la despedida de la corporación, se quedó como protagonista en solitario por las calles de la ciudad a su regreso a la estación de autobuses.
Además de los gigantes, en la plaza también pusieron en escena sus dantzas el grupo Duguna. Una treintena de jóvenes dirigidos por Aritz Ibáñez Lusarreta nada preocupado por el relevo generacional. “Tenemos ochenta chavales, así que hay futuro asegurado”, comentaba. Su primer baile, la soka dantza incluyó, como otros años, un recordatorio de la celebración. “Al empezar, sale un zaldiko y un músico de Cornamusa, tal y como aparecen en el sello del Privilegio de la Unión”. Dantzas en las que el grupo, además, invitó a la corporación a sumarse a la coreografía como así hicieron Ana Lezcano (UPN); Maider Beloki, Aritz Romeo y Joxe Abaurrea (Bildu); Esther Cremaes, Javier Leoz y Mikel Armendáriz (Geroa Bai) y Maite Esporrín y Patricia Fanlo (PSN).



