Son noticia
Una miss navarra... que jamás cambió a su familia
Fue consciente de lo que significaba la palabra fama. Con todas sus letras. Leyre Navarro Díez, vecina de San Adrián y Miss Navarra hace 17 años, rememora aquellos días con una sonrisa. Acompañada por su familia, se siente realizada. “La moda ya no forma parte de mi vida. Es pasado”, dice


Actualizado el 27/01/2018 a las 20:55
Aún no había cumplido la mayoría de edad y ya había recibido una etiqueta que la acompañaría desde entonces y durante toda su vida: fue bautizada como ‘la chica más guapa de Navarra’. Sus facciones y su mirada inocente enamoraron sin remedio a la Comunidad foral de la moda. Entrevistas en medios impresos, radios, televisiones y un sinfín de recortes que Leyre Navarro Díez todavía conserva en su casa de San Adrián.
Ha llovido mucho desde entonces. Diecisiete años en los que esta mujer de la Ribera ha tratado de no dejarse absorber. Sigue siendo la misma. Al menos eso afirman quienes más la conocen, aquellos que la vieron en lo más alto y para quienes siempre será una ganadora.
Pero para llegar hasta ese momento, serán muchos los que, como es lógico, se pregunten qué empuja a alguien a entrar de lleno en una competición de semejante calado. “La verdad que no me preparé en absoluto. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza la idea de ser Miss Navarra. Fue todo casualidad”, revela Leyre, quien a día de hoy trabaja en General Mills, una corporación estadounidense afincada en San Adrián.
Y con humildad, revela cómo una mañana estaban ella y su padre de compras por Pamplona, sin rumbo determinado cuando, él, su padre, reparó en un cartel colgado en un escaparate. ‘Casting de Miss Navarra, hoy en Reverendos’ (antigua discoteca de la capital). “Se giró hacia mí y me preguntó: ¿Vamos?. Y no me lo pensé demasiado. Acepté”, recuerda Leyre.
Y, poco a poco, fue superando fases, ensayos, peticiones... hasta que llegó el momento de la gala final en el hotel Tres Reyes de Pamplona. “Me alcé con el título de Miss Elegancia y Miss Navarra. Estaban toda mi familia y amigos ahí, conmigo, cerca, apoyándome. Lo pasamos genial. Tengo muy buen recuerdo, como si fuera hoy”, expresa emocionada quien hoy es madre de dos hijos (Triana y Carlos) y está casada con Julián González Jiménez.
UN RECUERDO VIVO
Acerca de las posibles presiones o sugerencias obligadas para alcanzar la meta, Leyre lo niega en rotundo. “Para nada. Nunca”. Es tajante. “Jamás sufrí acoso ni nada similar. Era un mundo totalmente nuevo para mí y como tal lo disfruté”, se reafirma. No obstante, reflexiona, la moda es un negocio como otro cualquiera, con sus virtudes y defectos. “No en todos los casos se valora a las modelos al cien por cien. Es sacrificado ya que tienes que cumplir con una serie de cánones y eso implica un duro esfuerzo personal”, se reafirma, aunque reconoce que, en su caso personal, volvería a repetir cada paso. “No cambiaría”.
Con el discurrir de los años y la vida en movimiento, podría haberse empañado parte de aquellos días. Algo que tampoco ha sucedido. “La gente lo tiene en su recuerdo, al igual que yo. Es algo que vivimos y que nadie nos podrá quitar”, valora desde San Adrián. Es por eso que el dulce sabor de la fama no cegó a esta joven, que siguió su camino hasta llegar a la sección de Vegetales de General Mills, donde trabaja en la actualidad. “Ahora me dedico a algo completamente distinto. Voy a trabajar y cuido de mi familia y de mí misma, sin duda lo más importante de mi vida”, reflexiona. “Espero seguir mucho tiempo así, con este empleo. Reconozco que me gusta y me tratan bien. Mis compañeros se han convertido en una especie de segunda familia para mí. ¿Qué más se puede pedir?”, se cuestiona con una sonrisa.
Puede que muchos pensasen en que las decisiones de Leyre la hubieran llevado lejos de casa. A Madrid, quizá. Pero no fue así en absoluto. “Adoro mi pueblo. San Adrián es para mí el mejor destino del mundo. Su gente es estupenda y como decimos aquí, ‘en San Adrián nadie es forastero”, reitera Leyre, quien admite que a día de hoy la moda vive en un segundo plano. “Es un mundo que no ocupa ningún lugar en mi vida. Es pasado”, zanja. Aunque lanza un mensaje. “Como en cualquier otro trabajo, hay que tener los pies en la tierra. Mejorar cada día y disfrutar. Ese sería mi mayor consejo”, declara.
VÍNCULOS IRROMPIBLES
En estos diecisiete años, Leyre ha madurado. Lo sabe. Por eso es consciente de que su familia, en especial su padre, fallecido, siempre han estado a su lado. “Son un apoyo incondicional. Mi padre, que ya no está, ocupa un lugar crucial. No hay un solo día que no piense en él y en todo lo que me dio. Ambos teníamos un vínculo muy especial”, se emociona. Madre de dos niños, Carlos y Triana, Leyre sabe de lo que habla. “Creo que cuando cambias el rol, cuando te conviertes en madre, sabes exactamente qué papel desarrollan un padre y una madre; y eso es mucho más importante que cualquier título”, afirma, dejando claro el amor que profesa por los suyos. “Los quiero sobremanera”.
En su momento, Leyre también ocupó una página de este periódico explicando en qué consistía su trabajo como socorrista. “Es pasado. Fue algo que hice en mi juventud y que ahora no me planteo”, asiente, mientras asegura que nadie se ha sentido intimidado al acercarse a ella. “Es cierto que me convertí en Miss Navarra, pero no cambié para nada. Siempre me he considerado muy normal y he tratado de hacer sentir bien, cercano a todos lo que han dado un paso hacia mí”, determina.
Sin supersticiones ni manías, Leyre sonríe y mira de soslayo y con cariño desmedido a los suyos, que juegan en San Adrián, en el estudio de su amiga y fotógrafa, Paula Marín.