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Pamplona pierde La Fama, una de sus mercerías con más historia

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Pamplona pierde La Fama, una de sus mercerías con más historiaJosé Carlos Cordovilla
Pamplona pierde La Fama, una de sus mercerías con más historia

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Diana de Miguel

Actualizado el 27/10/2017 a las 09:55

Los buenos tiempos de las modistas y de los sastres, con empleados y talleres que desarrollaban una intensa actividad y precisaban a diario elementos que la mercería La Fama les suministraba desde la calle Mayor, desde botones a hilos, pasando por cremalleras o agujas se acabaron hace tiempo. Y con ellos llegó el declive. Hubo una época en la que en el local, donde llegaron a trabajar hasta cuatro bordadoras, se vendían juguetes. Primero sólo para la temporada de Reyes pero más adelante durante todo el año. También se arreglaban planchas. Los registros del Ayuntamiento dan fe de esa etapa en la que La Fama combinó las labores con la electricidad. Porque aunque “había que trabajar mucho y muchas horas” se vivía. Lo demuestra el hecho de que el negocio, que abrió sus puertas en 1904 de la mano del reputado confitero José María Díez, haya conseguido llegar a la tercera generación de la misma familia propietaria. “Todavía hay clientes que recuerdan los chochos y peladillas que hacía el abuelo”, cuenta Fernando Estañán, natural de Marcilla y marido de Maite Hermida Díaz, nieta del popular confitero.


Cuando en 1940 José María, el único hostelero de la familia que se había trasladado de Abárzuza a la capital para “buscarse la vida”, se quedó ciego y tuvo que retirarse de la primera línea, sus hijas decidieron poner en marcha la mercería que con apenas variaciones ha logrado perdurar hasta la actualidad. Se vendían medias, hilos y se hacían remedios. Fernando se sumó años después al negocio y junto a su mujer, que había empezado a trabajar en La Fama con tan solo 14 años, apostó por darle continuidad cuando en 1984 la muerte de su suegro puso en riesgo su supervivencia por primera vez. “Eran otros tiempos”, narra resignado.


Memoria de calle Mayor


Antes de que termine el mes, Fernando, de 70 años, y Maite, de 65, echarán definitivamente la persiana de La Fama. Y con su cierre la calle Mayor perderá a uno de los negocios que mantienen viva su memoria. “De la época y en manos de la misma familia, quedarán Droguería Ardanaz y Ortega… poco más”, dice Fernando. Será el final de una etapa porque aunque el local volverá a abrir muy pronto sus puertas, ya no será una mercería sino una tienda de complementos para móviles. Una actividad muy alejada de ese comercio tradicional cuya supervivencia se antoja cada vez más complicada.


Fernando y Maite llevan desde agosto recordando “anécdotas de los viejos tiempos” con sus clientes “de toda la vida”. Y lo hacen mientras liquidan la exigua mercancía que les va quedando en la tienda. “Los hilos son lo único que parece que no tendrán salida”, asume Fernando. La lencería, las camisetas térmicas, los camisones, los sujetadores y los calzoncillos han ido desapareciendo de estanterías y cajones donde apenas quedan ya un puñado de las tallas con menor demanda.


“Antes estábamos todo el día reponiendo. Todas las mujeres hacían punto de cruz, medio punto y ganchillo. Las lanas se vendían por cientos. Hoy ya casi nadie hace labores y las grandes superficies nos han terminado haciendo polvo. La puntilla llegó con el Corte Inglés”, reflexiona Fernando que aún recuerda la primera vez que la actriz Núria Espert llegó a su tienda buscando hilos de medio punto. “Llevaba gafas de sol, pero la reconocí de inmediato. Siempre me había gustado”, reconoce. Pero tras aquella primera visita de Espert a La Fama llegaron muchas más. “Siempre que actuaba en Pamplona pasaba por aquí para comprar esos hilos que tanto le relajaban”. Fernando atesora años de atención personalizada detrás del mostrador de La Fama y resulta difícil no empatizar con esas historias de vida que relata en cada una de sus transacciones. “Tome, para que tenga un recuerdo de La Fama”, espeta a una clienta a la que acaba de obsequiar con el último retazo de cordón azul que le quedaba en la tienda.


Con medias de seda


La Fama fue la primera mercería que vendió en Pamplona medias de seda. Les llegaban de contrabando de Francia. “Muchos nos recordarán por eso”, dice orgulloso. La histórica mercería completa estos días su último capítulo. A Fernando y a Maite les toca ya descansar. Disfrutar de su jubilación y de sus dos hijos. Uno de ellos vive en Japón “y le debemos una visita. Quizá en primavera…”. Se llevarán la maleta repleta de historias y homenajes como el que el pasado 11 de julio, Fernando y su mujer recibieron de manos de Jesús María Ganuza Senosiáin. Les entregó el pañuelo de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona dentro del reconocimiento que la asociación realizó los pasados Sanfermines a una decena de los más de cuarenta comercios centenarios que todavía perduran en la ciudad. A Fernando aún se le aguan los ojos con solo recordarlo.

Junto a Jesús María Ganuza Senosiáin, el día que le impuso el pañuelo de la comparsa de Gigantes y Cabezudos.

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