La pasarela de Labrit lleva más de un año cerrada al público
Se va a encargar un informe técnico al margen del de los arquitectos y el del ayuntamiento


Actualizado el 04/08/2017 a las 08:29
El pasado 5 de julio se cumplió un año desde que el Ayuntamiento de Pamplona informara del cierre de la pasarela de Labrit. ¿El motivo? En febrero de 2016 se habían desprendido dos placas de acero del revestimiento y se decidió “cerrar unos días”. Se observaba “un notable grado de oxidación en las soldaduras y en las placas de la estructura”. Desde entonces, la cuestión ha consistido en un ir y venir de informaciones, cierres y responsabilidades hasta que ayer, la Junta de Gobierno municipal aceptó parcialmente una de las alegaciones presentadas por el equipo redactor del proyecto y director de la obra. La propuesta incluye la elaboración de un informe técnico firmado por un experto distinto a las partes cuyo dictamen dirima entre el informe pericial del Ayuntamiento de Pamplona, suscrito por Intemac, y el presentado por los redactores del proyecto y directores de obra.
Un informe preliminar del Ayuntamiento elaborado 10 días después del primer desprendimiento decía que la seguridad estructural “no estaba comprometida”, y la pasarela se reabrió. Cuatro meses después, el 23 de junio, se volvía a prohibir el paso un par de días para realizar labores de mantenimiento, pero unas semanas después, el día 5 de julio, se volvía a cerrar. La clausura atendía a las conclusiones del informe encargado al Instituto Técnico de Materiales y Construcciones (Intemac). Y llegó la polémica.
Dicho informe concluyó que había fallos en el proyecto, la fabricación y en el montaje de la pasarela. Como solución provisional, se colocó una malla en la parte inferior que aún hoy se puede ver. Su instalación costó más de 9.000 euros.
Entonces, el concejal de Ciudad Habitable, Joxe Abaurrea, no dio cifras sobre el precio de la posible reparación. Hoy, el coste de la solución está algo más claro. El Ayuntamiento aprobó el pasado mes de julio destinar este año para los arreglos 250.000 euros y una cantidad similar durante el año que viene.
Tras un primer intento fallido para abrir un procedimiento de declaración de responsabilidad para reclamar a los arquitectos y constructores de la pasarela 720.003 euros por los defectos aparecidos, el consistorio reabría el pasado mes de mayo el expediente incluyendo en él la posibilidad de realizar una prueba de carga que finalmente parece que no se hará.
Ana Pagola Divassón no está muy molesta por tener que dar más vuelta o subir escaleras para cruzar Labrit, pero asegura que “da rabia tenerlo así”. Se refiere a la infraestructura inaugurada en 2010 y cerrada desde hace más de un año. Trabaja en un taller en la plaza San José, junto a la Catedral, y asegura que utilizaba la pasarela habitualmente. “Cuando no la tienes no la echas de menos, pero cuando te la dan y te la quitan, sí”, dice mientras pasea a su perro en los jardines de la calle Aralar. Cree que “nos volvemos vagos” cuando ponen nuevas facilidades, pero lo cierto es que “a la gente le viene bien para no cruzar la carretera”. Ella suele moverse en bicicleta, y antes iba a trabajar atravesando la pasarela sobre dos ruedas. “Solía venid de la Media Luna y pasar por aquí, por donde molestas menos a peatones y vehículos y tú vas más segura; pero ahora voy por la calle Amaya porque debo cruzar por la parte de la Estafeta, hay más pasos de cebra, semáforos, y al final es peor”, dice Ana.
Con su hijo mayor dormido en la silleta y con el segundo en camino, embarazada de cuatro meses y medio, Nerea Aldaz Aravio-Torres, vecina del portal 33 en la calle Juan de Labrit, dice que el cierre de la pasarela es “una faena”. Aunque admite haberse “acostumbrado”, eso no quita para que esté “deseando que la abran”. Normalmente aparca al lado del Arzobispado, al otro lado de la carretera del Vergel, pero como no hay muchas plazas, muchas veces lo deja tras la plaza de Toros. “Tengo que ir hasta Estafeta porque voy con la silleta y embarazada, así que no puedo bajar escaleras. Con la pasarela sólo tenía que hacer una línea recta”, dice. Le molesta que no se vea movimiento de trabajadores, lo que no le da ninguna esperanza de que la abran en el corto plazo. “Se hacen las cosas mal y luego no se arreglan, en su día sentías como se movía con el solo paso de una bici, pero no te vas a imaginar que tiene peligro”, recuerda. Ya es un año sin esta infraestructura que a ella y sus vecinos del portal les resultaba tan práctica. “De mi edificio todos estamos molestos porque nos pasa lo mismo cuando no hay mucho sitio para aparcar donde el Arzobispado”, comenta, y añade como ejemplo que “una vecina mía empezaba a dejar a su hijo de diez años ir solo al colegio en el Segundo Ensanche porque no veía peligro, pero ahora vuelve a acompañarle porque tiene que cruzar la carretera solo”.