En primera persona
Dormir junto al cauce del Arga bajo la lluvia en Pamplona: "No nos dan solución, no tenemos escapatoria"
Decenas de personas sin hogar duermen en tiendas de campaña, bajo cartones y plásticos junto al río. Las intensas precipitaciones de las últimas horas han elevado el nivel del agua y han dejado algunos de estos refugios improvisados completamente rodeados


Publicado el 08/10/2026 a las 05:00
"Tengo 39 años y llevo seis meses en Pamplona. Vivo aquí abajo, junto al río, en una tienda de campaña pequeña". Es Saddiq señala el lugar en el que duerme, oculto entre la vegetación de la orilla del Arga, a la altura del barrio pamplonés de la Rochapea.
Camina por el cauce y conduce hasta el pequeño refugio de plásticos en el que pasa las noches. A su alrededor, el paisaje muestra las consecuencias de las lluvias caídas desde la noche del martes. El río ha crecido, el agua ha ganado terreno y algunos de los pasos que utiliza habitualmente han desaparecido. "No tengo ningún tipo de ayuda, ni comedor ni habitación. Nada, cero ayudas. Solo un poco de comida de Apoyo Mutuo, una bolsa con una lata de atún y unos yogures".


Cuando se despertó, sobre las ocho de la mañana, comprobó que el Arga había subido considerablemente y que el camino por el que suele abandonar el cauce estaba anegado. "Al despertar me he dado cuenta de que el río había subido mucho y me he quedado sin camino para salir del cauce. Por todos lados había agua. Es muy peligroso, pero no nos dan una solución".
Es Saddiq habla mientras avanza entre la maleza. "Esta es la vida de un inmigrante en España. Muy difícil. Todas las personas nos dicen que no pueden ayudarnos. No tenemos otra solución. Esperamos un día mejor. No tenemos escapatoria", lamenta.


El lugar donde duerme este hombre, que trabajó como contable en su país, no es una excepción. Saddiq guía al periodista por un tramo de la orilla prácticamente invisible desde los caminos más transitados. Entre árboles, arbustos y barro van apareciendo las huellas de quienes han hecho del cauce su refugio.
Se detiene ante un punto que califica de "catastrófico". Para llegar hay que internarse todavía más en el cauce. En una pequeña isleta cubierta de vegetación aparece una estructura levantada con cartones. Según explica, allí duerme habitualmente una pareja de españoles.
Pero este miércoles por la mañana no están. Es posible que, ante la subida del agua, hayan abandonado el lugar, aunque parte de sus pertenencias sigue en el sitio. "Los conozco. Llevarán unos cinco meses", cuenta. Al contemplar las cajas de cartón, con Pamplona al fondo, cuesta creer que esta escena se produzca a apenas unos minutos del Ayuntamiento.
No es el único asentamiento. A lo largo de la orilla aparecen pequeñas tiendas de campaña y refugios construidos con plásticos y cartones. También somieres, mantas empapadas y colchones completamente anegados.


Son los rastros de una realidad escondida entre la vegetación y entre las grietas del bienestar: personas sin hogar que pasan las noches a pocos metros del agua.
Para buena parte de Pamplona, la mañana de lluvia se traduce en paraguas, grandes charcos, desplazamientos lentos y atascos. Sin embargo, para quienes duermen a la intemperie significa sobrevivir entre colchones empapados, mantas mojadas y refugios rodeados de agua. Entre la soledad y el miedo.


Es Saddiq sigue junto al río. Dice que espera cambiar de emplazamirento este fin de semana, cuando mejore el tiempo. "Es muy difícil ser inmigrante en España", repite en plena tormenta.

