Sanfermines
El médico pamplonés que busca a un marine americano herido en el encierro
En al aniversario este 26 de septiembre de la muerte de Paquirri, José Luis Molinero Turrillas recuerda su decisiva intervención tras la gravísima cogida de un toro de Osborne a un militar americano el 10 de julio de 1984. Dos heridas iguales y un final diferente


Publicado el 26/09/2026 a las 05:00
Han pasado 42 años y no hay una noche en que el médico pamplonés José Luis Molinero Turrillas no regrese al 10 de julio de 1984 en la calle Estafeta. Él contaba entonces 27 años y corría el encierro de Osborne cuando el toro de nombre Rehilera cogió al mozo norteamericano Stephen Townsend. La escena fue desgarradora, el astado se cebó con el marine del ejército americano, de 23 años. La cornada le abrió la femoral y la intervención del joven médico pamplonés resultó decisiva. Fue el primero en auxiliarle cuando se desangraba en la acera, junto al antiguo restaurante Casa Flores, ya al final de la calle. Le taponó la herida y advirtió de la gravedad para que fuera trasladado de inmediato al hospital.
Las hemerotecas recogen con detalle la cronología de aquella escalofriante mañana y al doctor Molinero le gustaría contactar con el mozo al que perdió la pista tras la cogida. Estaba destinado en Vicenza, en Italia, en la base de paracaidismo que las fuerzas armadas estadounidenses mantenían en la ciudad, en el marco de la OTAN. Pero tras su estancia en el Hospital de Navarra fue trasladado a Alemania, a otra base del ejército americano para continuar allí su recuperación.
José Luis Molinero desconoce si le quedó alguna secuela. “Se fue con una pequeña cojera de la que se habría podido recuperar” y que no le habría impedido hacer una vida rutinaria, y volver a saltar de los aviones, su pasión entonces.
Molinero ha tratado de contactar con él, pero todos los intentos han resultado fallidos. Internet y las redes sociales facilitan hoy el rastreo, pero hay una coincidencia extraordinaria, si bien el de Stephen Townsend es un nombre común en el mundo anglosajón. Porque un general del ejército americano tiene este mismo nombre y, además, prácticamente la misma edad. “Pero no es él, le escribí y me vino a decir que estaba harto de que le preguntaran por el marine cogido en Pamplona. Él nació en Alemania y el nuestro en Estados Unidos, no es él”, lamenta Molinero y reconoce que es complicado localizarle, aunque no arroja la toalla.


Rehilera, un toro negro mulato de 530 kilos, empitonó repetidamente a Townsend, entonces subteniente de las fuerzas armadas, pero le hirió de extrema gravedad la cornada en la pierna izquierda, de más de 40 centímetros de longitud. Le alcanzó a la altura de región inguinal, en el triángulo scarpa que le lesionó el paquete vásculo nervioso y le seccionó la vena femoral. Ingresó en el Hospital de Navarra con “shock hemorrágico”, prácticamente desangrado. “No había móviles, comuniqué por walki talkie con el hospital y el servicio de Urgencias estaba ya alertado y preparado para cuando llegó la ambulancia”, explica José Luis Molinero.
Un minuto más tarde, ninguna actuación hubiera tenido ya sentido, subrayaban los equipos médicos en la crónica publicada en Diario de Navarra.
José Luis Molinero recuerda que la cogida tuvo una repercusión “brutal porque se trataba de un militar americano”. “Aquel día salí hasta en el Washington Post”, cuenta y relata una concatenación de hechos y coincidencias en su encuentro de auxilio con Stephen Townsend.
“Yo tenía claro que mi último encierro sería el del 14 de julio de 1983”, concede. Ese día era el debut de Borja Domecq, ganadero de Jandilla, muy unido a su familia. “Él nació de manera fortuita en Pamplona en 1945, cuando mi padre, practicante, hacía prácticas en la maternidad del hospital con el doctor Juaristi”, apunta Molinero que había planteado su retirada del encierro como un homenaje a Domecq Solís. “Pero aquel 10 de julio de 1984 vino un amigo medio torero a Pamplona, me lio y me vi en la historia de Townsend”, concluye. Rememora con suma precisión cada segundo de aquella escena, cómo se encontró al mozo tendido en la acera, tratando de incorporarse, cómo gemía pidiendo ayuda y se desangraba, su cara pálida. Y, en fin, cómo notó pulsación y actuó. “Introduje la mano en la herida abierta y le pincé con los dedos, o lo hago, o se muere”.


El propio Townsend explicaba en una entrevista publicada en Diario de Navarra el 13 de julio que enfrentarse al toro, tratar de escapar de la embestida, “no era cuestión de valor, sino de supervivencia”. “Solo al ver las fotografías he comprendido que aquellos eran los momentos de mi muerte”, reflexionaba desde su habitación en el Hospital. “La mayor angustia fue sentir que toda aquella sangre era mía”, contaba a la periodista. “Sólo quería escapar de él, luché con todas mis fuerzas, pero era un muñeco entre sus astas”.
En este punto Molinero rescata otro episodio que le ha marcado. La muerte de Paquirri, a quien también conocía, solo dos meses después en la plaza de toros de Pozoblanco, en Córdoba. La herida, también una cornada en la femoral, resultó en su caso mortal y Molinero sostiene que el arrojo de los médicos fue decisiva para salvar la vida del militar americano. “Paquirri no tuvo esa suerte” y afirma que su muerte “evidenció con una crudeza insoportable las profundas carencias médicas de la España taurina de 1984”. Pozoblanco contaba con una enfermería precaria. “Faltaba anestesia general adecuada y plasma para reponer la masiva pérdida de sangre”. El torero tuvo que soportar un agónico trayecto de 70 kilómetros por las revueltas carreteras secundarias de Sierra Morena rumbo al Hospital Militar de Córdoba. Un shock hipovolémico acabó con su vida antes de llegar”.


“Impactado por el desenlace” el periodista Manuel Molés llamó personalmente al doctor Molinero a quien conocía de los Sanfermines. Y éste le dejó una frase contundente: “Manolo, ese hombre, amigo, en Pamplona no habría fallecido”. Molinero recuerda la “extraordinaria” cobertura que Molés hizo del suceso en la cadena SER, y repara en “la fiscalización técnica” “Confrontó la realidad con cirujanos y expertos y la conclusión del debate radiofónico fue unánime: Paquirri no murió por la fatalidad del pitón, sino por la geografía de la precariedad”. El doctor Molinero llegó a señalar el “miedo escénico quirúrgico que sobrevoló la enfermería de Pozoblanco”.
Molinero apunta que “la presión mediática liderada por Molés canalizó una profunda indignación popular que obligó a las autoridades políticas a intervenir de urgencia, aquella comparación directa con el milagro de Pamplona forzó una renovación integral del derecho taurino en España y la ley cambió las condiciones sanitarias de los festejos a través de tres ejes estrictos: equipos multidisciplinares obligatorios, infraestructuras rígidas y blindaje de las UVI móviles”.
José Luis Molinero, reside ahora en Barcelona, tiene 69 años y lleva años colaborando con ONGs que le han llevado a distintos países. El reciente terremoto de Colombia hizo añicos el proyecto que allí iniciaban. “Fallecieron cuatro monitores y la monjica que teníamos, ahora tratamos de recomponer todo y volver a empezar”, asegura que seguirá trabajando “mientras la cabeza y el corazón sientan como sienten”.