Sucesos
Ioana Dragnea, de 25 años, fallecida en la balsa de la Morea, vivía en Pamplona desde niña, con pareja y un bebé de un año
Llegó desde Rumanía y construyó aquí su vida. Su pareja, Ramón Arbizu, la recuerda como “una persona que se comía la vida a bocados”


Publicado el 02/09/2026 a las 05:00
Ioana Dragnea, la joven de 25 años fallecida este martes tras sufrir un ahogamiento en la balsa de la Morea, tenía una vitalidad que contagiaba a quienes estaban a su alrededor. Alegre, cariñosa y capaz de encontrar felicidad en los detalles más pequeños. Así la recuerda Ramón Arbizu, su pareja. “Sobre todo, sus ganas de vivir. Su cara es el espejo de cómo era. Era alegre, feliz, tenía una vitalidad terrible, una capacidad de encariñarse con todo el mundo, de darle valor a los detalles más pequeños. Con el mínimo regalo, la mínima muestra de cariño, era feliz”, relataba ayer por la tarde, viendo jugar al hijo de ambos, Leonardo, de un año. “Era una persona que se comía la vida a bocados”.
Ioana había llegado a Navarra desde Rumanía siendo una niña, con dos hermanas. No tenía padres y, con el tiempo, comenzó a abrirse camino trabajando. Cuidó de bebés y acudió a Cáritas antes de empezar a trabajar en la hostelería. Pasó por un bar de Buztintxuri y posteriormente trabajó en otros establecimientos, entre ellos el Club de Tenis. Quienes coincidieron con ella conocieron también su capacidad de trabajo. “Era una curranta buenísima”, recuerda Ramón. Pero, por encima de todo, “dejó huella por su carácter”, subraya.
“La quería todo el mundo. Todo el mundo le tenía un cariño brutal”. Tanto es así que ahora recorrer el barrio resulta especialmente doloroso para él: “Salir por el barrio es durísimo, porque la conocía todo el mundo”. Ioana y Ramón se habían conocido unos años antes en un bar que él regentaba.
Ioana entró acompañada de un chico y preguntó si podían cenar allí. Aunque era un bar de copas y no servían cenas, él se ofreció a ponerles una pizza que habían llevado. Durante aquella conversación, ella le contó que estaba buscando trabajo como camarera. En un primer momento, él descartó contratarla porque la vio muy joven. Poco después, sin embargo, una de las camareras causó baja e Ioana volvió a llamar. Aquella coincidencia hizo que terminara incorporándose al establecimiento y que ambos comenzaran a conocerse. Ioana se integró también en la familia de su pareja, que tenía dos hijos. Cuando los conoció, los niños tenían ocho y cinco años. “Los quería a morir. El trato con ellos no podía ser mejor”.
Después llegó Leonardo, el hijo de ambos. El pequeño acaba de cumplir un año. La pareja tenía proyectos. Él la animaba a sacarse el carné de conducir e Ioana ya estaba preparándose para conseguirlo. También pensaban en su futuro como familia. Él tenía una casa en San Jorge y habían hablado de venderla para comprar una vivienda en algún pueblo, buscando un entorno que consideraban mejor para criar a Leonardo. “Todos aquellos planes se han roto”.


El día del accidente, cuenta, Ioana estaba acompañada por familiares y tenía con ella a Leonardo. En algún momento, dejó al pequeño al cuidado de una prima. Ramón se encontraba trabajando como conductor de autobús en La Estellesa cuando recibió la noticia. Este pamplonés quiere agradecer especialmente el trabajo y el trato de todo el equipo sanitario que la han atendido en estos días. “No tengo palabras para decir todo lo que siento...”, expresa al recordar estos días en el hospital.
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“Este tiempo me ha permitido hablarle, decirle lo que sentía y hacerle una promesa. Voy a dar un 200%. Todos los días me va a tocar dar el doble de besos al niño y se los voy a dar, los míos y los suyos. Voy a hacer todo para que sea el niño más feliz del mundo”.