Sucesos
Residente de la antigua ikastola Jaso: "No sabemos adónde ir... no sabemos nada"
El Ayuntamiento está a la espera de ver cómo queda el edificio mientras analiza qué servicios se pueden implementar de urgencia


Publicado el 27/08/2026 a las 05:00
“No sabemos dónde vamos a dormir, ni adónde vamos a ir, ni nada”, observaba S., de 40 años. Lo comentaba a las nueve de la noche de este miércoles, sentado frente al precinto policial después de que un incendio intencionado arrasara el interior de la antigua ikastola Jaso.
“Tenemos nuestros papeles dentro. No sabemos si se han quemado o no. Todo lo tengo ahí dentro...”, se lamentaba. Finalmente, se les permitió acceder de uno en un solo para recoger sus pertenencias, acompañados por bomberos, pero denunciaban que el Ayuntamiento no les diera soluciones. “Nos tratan como mercancía”, decía tras la visita de dos trabajadoras municipales.
Desde el Ayuntamiento, preguntados por este periódico, señalaban que están a la espera de cómo se resuelve la situación y a que Policía Foral y bomberos digan en qué condiciones queda el edificio. También están revisando los recursos que se pueden implementar de carácter urgente, algo que pondrán en común con el Gobierno de Navarra. “Nuestras capacidades son limitadas”.
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"AQUÍ SE VIVE CON LA LEY DEL MÁS FUERTE"
Un día antes del incendio, cuando este periódico preguntaba el martes por la tarde a I., de 26 años, cómo era la vida dentro del edificio de la antigua ikastola Jaso, respondía: “Todos los días, pelea; la ley del más fuerte”. Aseguraba que últimamente se están produciendo robos y que algunos de los residentes más débiles sufren especialmente esa situación. Insistía, sin embargo, en diferenciar a quienes protagonizan esos incidentes del resto de personas que viven en el inmueble. “Aquí hay gente que ni fuma, te lo prometo. Hay gente que ni fuma tabaco, ni fuma porros, ni se empastilla. Los tienen aquí tirados, sin renta, sin nada”, afirmaba.
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Calculaba que actualmente puede haber “cerca de cien” personas en Jaso. Señala que es difícil precisar una cifra porque “van entrando y saliendo”. Según él, los problemas de convivencia los provoca “un grupo reducido”. Incluso relataba que la noche anterior a la entrevista, el lunes, le habían robado la documentación.
Su temor es que esos episodios terminasen perjudicando a todos los que viven allí. “Los cuatro tontos que están robando están haciendo que los vecinos nos cojan odio. Y así nos sacarán de aquí”. El estado del inmueble era estos días antes del incendio otra de sus preocupaciones. “Te metes por ahí, te metes detrás del pozo, hay heces, orina... Insalubre totalmente”. También hablaba de la presencia de ratas. “Tú vienes aquí por la noche y tienes que protegerte porque te pega un bocado la rata en los tobillos. Hay unas ratas impresionantes”.
Este miércoles por la tarde, con una toalla sobre el cuerpo, veía cómo ardían sus pocas pertenencias. “Ahora qué va a ser de nosotros”, se preguntaba apesadumbrado.