Pamplona
Jóvenes sin hogar vuelven a dormir en la antigua ikastola Jaso pese al incendio que ha calcinado gran parte del edificio y al precinto policial
Un grupo reducido ha dormido esta pasada la noche en el inmueble calcinado de Echavacoiz tras romper el precinto de la Policía Foral y ante la falta de una alternativa habitacional
Actualizado el 27/08/2026 a las 11:50
La desesperación por encontrar un techo ha llevado a varios de los jóvenes sin hogar que residían en la antigua ikastola Jaso, en Echavacoiz, a regresar esta noche al edificio, pese al grave incendio intencionado que este miércoles arrasó buena parte de su interior y al precinto colocado por la Policía Foral.
Han dormido principalmente en el ala izquierda según se accede al edificio, la zona menos afectada por las llamas, y, en especial, en su última planta. Sin embargo, algunos han pasado la noche incluso en espacios calcinados o en dependencias anexas afectadas por el fuego. Es el caso de Mohtar, de 23 años, que este jueves por la mañana dormía en la última planta.
Los jóvenes que han regresado al edificio explican que la ausencia de una alternativa donde pasar la noche los ha llevado a asumir el riesgo de volver a un inmueble seriamente dañado por las llamas.


Agentes de la Policía Municipal de Pamplona identificaban a las nueve de la mañana a las personas que habían pernoctado en el interior del edificio.
La situación contrasta con la indicación trasladada este miércoles por la tarde, cuando se estableció que el edificio permanecería completamente cerrado durante al menos 48 horas para comprobar el estado de la estructura y valorar los daños ocasionados por las llamas. El inmueble quedó precintado, aunque durante la noche no contó con vigilancia policial, como pudo comprobar este periódico a las 22.20 horas.
Este jueves, sin embargo, la prohibición de acceder al inmueble se ha trasladado ya en términos de "recomendación" policial a quienes se encuentran de nuevo en el lugar.
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El regreso evidencia la situación límite que viven las personas sin hogar en la ciudad. Cuando comenzó el incendio, hacia las tres de la tarde del miércoles, la Policía Foral evacuó a las 35 personas que se encontraban en ese momento dentro del edificio. Habitualmente podían pasar allí la noche entre 50 y 70 personas, aunque durante los últimos meses el inmueble había llegado a albergar a cerca de un centenar.
A última hora de la tarde del miércoles, algunos de los evacuados ya mostraban su preocupación por dónde iban a dormir. A las 20.30 horas aseguraban a Diario de Navarra que todavía no habían recibido una solución habitacional por parte del Ayuntamiento de Pamplona. Desde el Consistorio indicaron entonces que estaban pendientes de conocer la valoración de la Policía Foral y de los bomberos sobre el estado del edificio y que estudiaban, junto con el Gobierno de Navarra, qué recursos de urgencia podían habilitar. "Nuestras capacidades son limitadas", señalaron fuentes municipales.
Ante esa falta de respuesta inmediata, algunos de los jóvenes han optado por regresar al lugar que hasta el miércoles era su refugio, aun sabiendo que ahora está parcialmente calcinado. "No tenemos dónde ir", resumían esta mañana algunos de ellos a este periódico.
El incendio que ha dejado a estas personas sin el precario asentamiento del que disponían está relacionado, según los testimonios recabados, con la violenta pelea registrada el martes por la tarde en el mismo edificio. La reyerta dejó cuatro heridos, dos de ellos por arma blanca, y dos detenidos. Otro de los implicados sufrió una fractura de tobillo después de saltar por una ventana.
Horas después, ya el miércoles, el fuego comenzó en diferentes estancias y se propagó especialmente por el ala derecha del antiguo centro educativo. Testigos presenciales sostienen que se trató de un incendio provocado como represalia por la pelea del día anterior y relataron que varias personas habrían rociado con aceite el suelo de la tercera planta antes de prenderle fuego. La Policía Foral investiga lo sucedido.
El incendio se propagó con rapidez por un interior compartimentado en numerosas habitaciones, algunas cerradas con candados y cadenas, además de espacios separados mediante telas que servían como improvisados dormitorios. Entre dormir a la intemperie y hacerlo bajo un techo calcinado, han elegido lo segundo.
