Eclipse

Cuando el fin efímero del Sol no importa

O sí importa, pero provoca miedo. Aunque la observación del fenómeno fue masiva, también hubo personas que no alteraron sus rutinas

Terrazas semivacías, aunque con mesas ocupadas, en la plaza del Castillo de Pamplona durante el eclipse solar
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Terrazas semivacías, aunque con mesas ocupadas, en la plaza del Castillo de Pamplona durante el eclipse solarJ.C.CORDOVILLA
Terrazas semivacías, aunque con mesas ocupadas, en la plaza del Castillo de Pamplona durante el eclipse solar

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Ruperto Mendiri

Publicado el 13/08/2026 a las 05:00

Las antiguas civilizaciones veían en un eclipse solar una crisis cósmica que era una amenaza aterradora para sus vidas, sus reyes y sus dioses. Hoy, ayer, todo está completamente medido. Sabíamos desde hace meses la hora exacta en la que la Luna, nuestro satélite, 400 veces más pequeño que la estrella que da sentido, luz y vida a nuestro sistema planetario, el Sol, cubriría por completo su disco irradiante. La luz cayó a las 20.24 horas y Pamplona adoptó un color macilento y extraño. El eclipse solar de ayer fue un fenómeno masivo, seguido por millones de personas en nuestro país. Pero todavía hay heterodoxos a los que les invade el miedo, la indiferencia o la desidia. Gente que ayer no se separó de la mesa de un bar o que continuó con su vida normal sin alterar rutinas.

Lorea y Eva son dos amigas que se conocieron en la universidad, de 23 y 24 años respectivamente. Ayer, apenas media hora antes del inicio del eclipse apuraban un vino en un bar de la calle Estafeta. “No. No vamos a verlo. Todo esto de que puedas quedarte ciego o que provoque daños en la retina da un poco de miedo. Yo no entiendo a la gente que quiere verlo. A mí no me interesa. Nos iremos a casa a ver una película o algo”, decía Lorea. Eva asentía. “Me da tanto miedo como a ella. Las noticias de que se han repartido gafas no homologadas no dan mucha tranquilidad. Por si acaso, prefiero no verlo”, añadía.

“HAY COSAS MÁS IMPORTANTES”

En el Caballo Blanco, la gente comienza a tomar posiciones para ver el fenómeno. Junto a la catedral una familia aguarda el momento. La madre, joven, aclara que lo verán por sus hijos, pero que no tienen un interés especial. Critica la “monetización” en que se ha convertido el eclipse. Muy cerca, Fernando, pamplonés de mediana edad, se muestra indiferente ante el evento astronómico. “No deja de ser un fenómeno más de la naturaleza. Cuando ves todos los problemas que hay en el mundo y que se hayan empeñado en que nos pongamos a ver el eclipse y nos pongamos unas gafas, pues a lo mejor hay otras cosas más importantes que esto”, considera. Y deja una reflexión sobre el componente comercial del eclipse. Le traiciona el subconsciente y confunde las gafas que se retiraron del mercado con las mascarillas. “¿Qué negocio hay detrás de todo esto?”, se pregunta.

En la plaza de San José, Beatriz, Mamen y David, tres amigos, se debaten entre verlo y no verlo. “Hoy he escuchado a un profesional que decía que el realmente bueno es el del año que viene. Si este es un 9,5, el de 2027 es un 10”, concede él. Beatriz, pamplonesa de 52 años y licenciada en Bellas Artes, hacía una interpretación casi metafísica del eclipse, que iba a acompañar con un ritual de “psicomagia”, al estilo surreal de Alejandro Jodorowsky. “Aunque no sé si verlo, sé que el eclipse es una especie de renacimiento. Tengo un dibujo de mi yo del pasado que lo hice en un momento muy oscuro de mi vida. Morirá con el eclipse. Y mañana haré un dibujo con mi yo nuevo”, sonríe.

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