Verano

El calor vacía las terrazas... pero no llena las heladerías en Pamplona: "Cuando pega el sol no hay trabajo"

Las altas temperaturas de las reiteradas olas de calor desplazan el consumo hacia la noche y reducen la rentabilidad de las horas centrales del día. "Nadie sale a la calle"

Menor afluencia de personas en las terrazas de los bares de Pamplona en horas donde el calor aprieta
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Menor afluencia de personas en las terrazas de los bares de Pamplona en horas donde el calor aprietaSERGIO MARTÍN
Menor afluencia de personas en las terrazas de los bares de Pamplona en horas donde el calor aprieta

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Noelia GorbeaIker Eguaras Galar

Publicado el 06/08/2026 a las 05:00

El calor ha dejado de ser una conversación recurrente del verano para convertirse en un factor que condiciona la vida y la actividad económica de Pamplona. Las sucesivas olas de calor no solo están elevando los termómetros, sino que están transformando la manera en la que vecinos y visitantes organizan su tiempo. La ciudad cambia de ritmo cuando el mercurio se dispara: las calles se vacían durante las horas centrales del día, los planes se retrasan hasta la caída del sol y los locales climatizados ganan protagonismo frente a terrazas y otros espacios al aire libre. Esta transformación de los hábitos tiene un reflejo directo en numerosos negocios cuya actividad depende, en gran medida, del buen tiempo. 

Sin embargo, el calor extremo está desmontando una idea muy extendida: más temperatura no siempre equivale a más clientes. Nueva realidad Cuando el sol aprieta demasiado, muchos optan por refugiarse en casa, acudir a la piscina o limitar sus desplazamientos hasta el anochecer. El consumo no desaparece, pero cambia de lugar, de horario y, en muchos casos, también de forma. La hostelería y las heladerías, dos de los sectores más estrechamente vinculados al verano, son un buen ejemplo de esta nueva realidad. Las terrazas permanecen prácticamente vacías durante buena parte de la tarde y concentran la actividad cuando las temperaturas comienzan a descender; mientras que las heladerías, comprueban que los episodios de calor extremo no se traducen en largas colas. 

En ambos casos, los profesionales coinciden en que las horas perdidas son difíciles de recuperar, aunque la actividad se prolongue hasta entrada la noche. El fenómeno refleja un cambio más profundo en la forma de vivir el verano. Y es que lo que antes eran excepciones durante unos pocos días de verano comienzan a repetirse con bastante más frecuencia.

TERRAZAS

Entre los profesionales consultados existe un diagnóstico prácticamente unánime. El gran vacío se concentra entre las tres y las siete de la tarde, coincidiendo con las horas de mayor intensidad del calor. Solo cuando el sol empieza a perder fuerza las terrazas recuperan parte de su actividad. Sin embargo, ese repunte no siempre basta para compensar las ventas perdidas.

En Bubble Waffles, Rosa Argumedo reconoce que su establecimiento parte con cierta ventaja. La terraza deja de recibir el sol hacia las doce y media o la una del mediodía, lo que les permite tener sombra durante el grueso de la jornada. Gracias a ello, el impacto del calor resulta menor que en otros locales. “Funcionamos muy bien con la sobremesa; postres y cafés”, insiste. Pero esa situación constituye la excepción. En la mayoría de las terrazas de la céntrica Plaza del Castillo, las horas centrales de la tarde se han convertido en tiempo muerto.

Así lo describe Yeray Font desde El Quince Plaza. “Cuando pega el sol casi realmente no hay trabajo”, afirma. Durante los episodios de calor intenso, la terraza empieza a vaciarse entre las tres y media y las cuatro de la tarde hasta quedarse con apenas un par de mesas ocupadas. La actividad no vuelve hasta las nueve y media o diez de la noche. Para él, la consecuencia es evidente: ventas que desaparecen. “Si el día se mantuviera en unos 20 grados se trabajaría todo el día sin parar”, asegura, convencido de que las temperaturas extremas perjudican incluso más al negocio que los días de invierno.

Los hosteleros buscan sus propias técnicas para atraer clientela
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Los hosteleros buscan sus propias técnicas para atraer clientelaSERGIO MARTÍN
Los hosteleros buscan sus propias técnicas para atraer clientela

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La escena se repite en Viva San Fermín, en plena Plaza Consistorial. José Luis del Río explica que, aunque la ubicación proporciona cierta sombra y algo de corriente, entre las cuatro y las siete la terraza queda prácticamente vacía. “Se nota muchísimo el calor”, resume. Basta con que refresque ligeramente para que las mesas vuelvan a llenarse, una prueba, a su juicio, de hasta qué punto las altas temperaturas están condicionando el consumo.

Luis González, en el bar Kiosko, cuenta de los clientes llegan “de golpe”. Además, observa un cambio en las preferencias de los consumidores, que durante las horas más duras buscan el interior de los establecimientos antes que las terrazas. Ni siquiera los sistemas de pulverización de agua logran aliviar realmente la sensación térmica. “Engaña un poco”, comenta. “Pero no estamos acostumbrados”.

Idéntica lectura a la que hace Luis Martinicorena, del Casino Eslava. “El aire acondicionado ayuda, pero no sustituye la actividad habitual del verano”, dice, mientras estima que el calor está acelerando un cambio que ya se venía produciendo. “Hace diez años la gente vivía en la calle y ahora, no sale”, lamenta. Considera que el ocio se ha vuelto puntual y concentrado: jueves por la noche, sábados o domingos al mediodía. El resto de la semana, y especialmente cuando el calor aprieta, la ciudad pierde vida. “Cada día tiene su venta. Lo que no vendes hoy no lo vendes mañana”, entiende. Y es José Manuel Olivencia, del Txoko, quien refuerza la idea. "La gente sale tarde y se nota en las ventas. Por mucho que ofrezcas dentro, una terraza siempre es una terraza", entiende. 

Los propios consumidores confirman ese cambio de comportamiento 

Martina Aguado reconoce que, durante los episodios de calor extremo, solo busca espacios con aire acondicionado. Sentarse en una terraza, asegura, “resulta prácticamente imposible”. Olmedo Cuenca comparte sensación y dice que estar en la calle durante la tarde. “Me quedo en casa hasta que baja la temperatura”. Para Salvador Beunza, la opción pasa directamente por cambiar de actividad. En los días más calurosos prefiere ir a la piscina y tomar algo allí. “Venir a Pamplona con 40 grados no es para mí”, afirma. 

Por su parte, Igone Satrústegui admite que ha modificado por completo sus rutinas. Si antes era habitual tomar algo en una terraza después de comer, ahora busca establecimientos climatizados o simplemente espera a que refresque. Juan Pedro Salcedo lo resume de forma rotunda: “En las terrazas es imposible estar”. Como muchos otros, vuelve a plantearse salir cuando el calor da una tregua o puede hacerlo en un local con aire acondicionado. El resultado de este cambio de hábitos va mucho más allá de una simple modificación de horarios. 

HELADERÍAS

Queda claro que uno de remedios más dulces para combatir el calor se encuentra en alguna de las doce heladerías que se reparten por Pamplona. 

Ana Larramendi Abascal y su hermana Marta están al frente de Larramendi, reconocible por el color azul que preside sus locales y por llevar el apellido familiar como reseña. Comenzaron su aventura en 2009, en plena crisis económica, con un establecimiento en la calle Estafeta. Diecisiete años después continúan creciendo con dos locales en San Nicolás y García Ximénez.

Pese a las sucesivas olas de calor, no está siendo un verano especialmente positivo para el sector. “No notamos más clientela”, explica Ana Larramendi. Es más, considera que las altas temperaturas perjudican: “Diría que ttrabajamos menos porque la gente se queda en casa o va a la piscina”. Una percepción que comparten desde Helados Mendoza. “Nuestro jefe de ventas es el sol, pero los excesos son malos”, resumen. También en Los Jijonencos observan el mismo comportamiento: “La gente sale menos y más tarde, por lo que las horas de venta se reducen”.

Bajada de ventas en heladerías de Pamplona por el intenso calor
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Bajada de ventas en heladerías de Pamplona por el intenso calorSERGIO MARTÍN
Bajada de ventas en heladerías de Pamplona por el intenso calor

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A las dificultades meteorológicas se suman otros factores. En el Paseo de Sarasate, las obras están condicionando la campaña de Nalia. “La reforma está marcando de forma muy negativa la temporada. Es evidente que las mejoras de la ciudad son necesarias, pero los negocios afectados se quedan en situación de estrés económico”, lamenta Vicente Serrano, que confía en que el próximo verano la situación mejore. Y es que Nalia goza de una larga trayectoria: abrió sus puertas en 1939 y está gestionada por la tercera generación de esta misma familia. “Es la heladería más antigua de Pamplona”, apunta.

Aspecto que, sin duda, ha tenido que enfrentarse al ímpetu de las modas. “Ahora triunfan sabores inspirados en productos como Lotus, Kinder u Oreo. El año pasado fue el pistacho”, comparte Serrano. Por esto mismo, en Nalia, además de sus 32 sabores tradicionales, ofrecen polos, batidos y granizados. Y desde Los Jijonencos reivindican el valor del helado artesanal. “Podemos elaborar sabores ligados al territorio, como cuajada quemada”.

Y aunque son conscientes de que los supermercados siguen siendo el principal canal de compra, las heladerías continúan desempeñando su papel. “Nosotras intentamos hacer un helado realmente artesanal: utilizamos leche fresca, fruta natural y vainilla natural, y no empleamos estabilizantes, grasas vegetales ni aromas artificiales”, afirma Ana Larramendi.

Helados sobre ruedas

​Pero no todos los helados esperan al cliente detrás de un mostrador. Algunos recorren Navarra sobre cuatro ruedas. José, Jesús, Luis y Enrique Mendoza recuerdan cómo comenzó la empresa familiar hasta llegar a las doce furgonetas con las que hoy cuentan. “Con mucho esfuerzo, trabajo, perseverancia y unión”. Desde Cárcar visitan durante todo el verano cerca de 270 localidades, especialmente durante las fiestas, además de acudir a citas como las Javieradas o el Nafarroa Oinez. 

Y es que su principal fortaleza es precisamente la movilidad. “Al ser una heladería móvil nos aseguramos el paso de gente. Y la gente es inteligente: no hace falta explicarles que lo artesanal es mejor”, afirma José Mendoza. Otro de los grandes retos del sector es mantener el equilibrio entre calidad y rentabilidad. Mendoza ha decidido conservar los precios pese a asumir un incremento cercano al 10 % en sus costes. En Nalia analizan cada temporada las tendencias del mercado antes de decidir posibles ajustes. 

Larramendi opta por realizar compras de mayor volumen para reducir costes, mientras que Los Jijonencos prefiere asumir parte del incremento cuando la campaña ya está en marcha. Sea cual sea la estrategia, todas estas heladerías comparten el mismo objetivo: levantar la persiana con la ilusión intacta y el compromiso de seguir apostando por el comercio local.

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