Historia

Las fuentes que permitieron crecer a Pamplona

Jubilado de su carrera como neumólogo, Víctor Egia Astibia recopila el patrimonio navarro, centrado en el desarrollo industrial. Ese camino le llevó a hablar de las fuentes de Pamplona en el 20 aniversario del abastecimiento desde Itoiz

Varias de las fuentes clave en la historia de Pamplona
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Varias de las fuentes clave en la historia de Pamplona

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Cristina Aguinaga

Publicado el 21/06/2026 a las 05:00

Arteta y Eugi e Itoiz y Eugi en la actualidad ya sea la temporada invernal o estival. El manantial de Subiza desde el siglo XVIII. La fuente Viella e Iturrama y las ocho fuentes ( Consejo, Taconera, Ciudadela, San Antón, León, Chapitel, Santo Domingo y Santa Cecilia) antes de 1750. El agua del río y los manantiales y pozos en épocas pretéritas. El recorrido por el abastecimiento de agua en Pamplona, que en 1982 se unió al del resto de la comarca de la mano de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, incluye hitos e historias bien documentadas y estudiadas. El médico neumólogo Víctor Egia Astibia (Pamplona, 1952), con orígenes en Oroz Betelu, se encuentra entre los que se han detenido a ilustrarlo, junto al desarrollo industrial de la comunidad y el patrimonio de la ciudad.

Su trabajo, rescatado de los archivos municipal y general de Navarra, pero también de los que antes llevaron a cabo José Joaquín Arazuri (1967), David Alegría (2011), José García Esteban (1987), José Luis Molins (1990) y José Esteban Uranga (1948), se detiene en las fuentes de Pamplona. Sobre todo en los elementos prácticos y ornamentales que enriquecieron la trama urbana y hoy son parte de su patrimonio. De eso habló el miércoles en el salón Pinaquy de la sede de la Mancomunidad de la Comarca en Salesas, que honra a uno de los ingenieros que trabajaron también para mejorar ese abastecimiento. Presentado por el gerente de la sociedad gestora de la entidad, Alfonso Amorena, que conectó la charla y el recorrido gráfico con los veinte años que se cumplían, ese mismo día, desde la entrada en funcionamiento del abastecimiento del embalse de Itoiz a través del Canal de Navarra.

EL SIGLO XVIII Y PARET

Egia se centró en el siglo XVIII. El conocido como el Siglo de las Luces y transición del Antiguo Régimen a la Edad Contemporánea que trajo la Ilustración y el nacimiento de la Revolución Industrial también fue un momento clave en la ciudad. Para combatir la insalubridad que suponían las aguas sucias arrojadas por la ventana, el virrey Conde de Ricla iba a combatir encargando al arquitecto Pablo Ramírez de Arellano, en 1767, un proyecto que consistía en diseñar saneamientos y bajantes en las viviendas para que desembocasen en una mineta situada en el subsuelo que devolviera el agua al río. De la misma manera se construyeron sumideros en las calles para evacuar las aguas pluviales. “Este sistema de saneamiento fue pionero en España superando, en calidad, al de ciudades como Madrid y a la altura de París”, subrayó.

El siguiente paso fue la traída de aguas desde el manantial de Subiza, en la cendea de Galar. Y el encargo, fracasado, al ingeniero francés Gency. Ventura Rodríguez, que trabajaba en la fachada de la catedral, recibió otro encargo para dirigir el proyecto y la dirección de obra recayó en Ochandátegui y Alejo. El resultado es conocido. La construcción en Noáin, en el valle de Elorz, de un acueducto de 1.245 metros que poseía 97 arcos y un canal a cielo abierto. Terminado en 1790. La canalización atravesaba Tajonar y Mutilva, en Aranguren, o Mendillorri, en Egüés, e incluía respiraderos para evitar la corrupción de las aguas. El canal terminaba en un gran depósito de agua situado justo a la entrada del Portal de San Nicolás (actual calle San Ignacio). Sólo faltaban fuentes estratégicamente situadas en la ciudad para acercarla a los domicilios. Esas fuentes supusieron otra nueva encomienda. Al pintor Luis Paret al que Ventura Rodríguez había conocido en la academia de Bellas Artes y residía en Bilbao. Expulsado de la villa y corte por la mala influencia en el hermano del Rey. Diseñó cinco y una sexta completó la infraestructura seis décadas después. Un trabajo que unió a canteros, escultores y artesanos en su ejecución, a finales de la década.

La de la Beneficencia, también denominada de la Abundancia, se pensó para la actual plaza del Castillo y allí perduró desde 1788 hasta la reforma en 1909. Tenía planta cuadrangular y cuatro caños. La escultura alegórica que la coronoba quedó emplazada en los jardines de la Taconera en 1924. La Mariblanca.

La de Santa Cecilia (1788) quedó en la cercana plazuela triangular de la Navarrería. De tronco cilíndrico, contaba con tres caños. Otra fue proyectada frente a la Casa Consistorial. Para la conocida como Plaza de la Fruta (1788), con forma piramidal y cuatro caños. Su tamaño e impacto en la fachada municipal llevó a trasladarla al final de la calle Mayor, junto a la iglesia de San Lorenzo en la Plaza de las Recoletas y posteriormente (1886) situada en su centro.

La cuarta fuente se diseñó para la plaza del Consejo (1788). De menor tamaño y con un vaso único circular en torno al fuste, fue adquirida por el Conde de Guenduláin, quien fue alcalde, y se recolocó en el patio interior de su palacio. Para sustituirla en la plaza se usó la que Paret había dibujado para la Taconera. La de Neptuno Niño (1788), alusiva a la escultura que corona su forma cilíndrica sobre basamento cuadrado y cuatro caños. Incluyó Egia en este listado, pero aclaró la autoría, la fuente de Descalzos. Obra del maestro de obras y arquitecto municipal, José María Villanueva y realizada en 1854, se instaló inicialmente en la plaza de Santiago, en las inmediaciones de la plaza Consistorial. Fue trasladada dos décadas después a Descalzos.

ARTETA, EUGI Y EL FUTURO

No olvidó el corte de agua procedente de Subiza durante la tercera guerra carlista y la intervención de Pinaquy para bombearla de nuevo. El repaso por el abastecimiento de Pamplona pasó también por el siglo XIX y la traída de aguas desde Arteta, en el valle de Ollo. Proyectada en la década de los noventa y para la que 200 pamploneses crearon una sociedad que tuvo la concesión, inicialmente para 90 años. Acarreó una nueva conducción y la construcción de los depósitos de Mendillorri y, sobre todo, multiplicó el agua que llegaba para cada habitante. La industrialización en los años 60 del siglo XX abrió un nuevo capítulo, con la construcción de Eugi y la traída de aguas a través de la conducción que parte de Urtasun. Historia de la ciudad que ya piensa en cambiarse con una nueva tubería. Del siglo XXI.

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