Emprendedores
Dos hermanas reinauguran una floristería en Iturrama: "El Día de la Madre se vació la tienda"
Julia e Irene Arellano, de 28 y 23 años, han tomado el relevo de la floristería El Jardín tras la jubilación de su dueño, Juan Pedro Sanz


Actualizado el 09/05/2026 a las 10:40
"Cuando les planteé a mi familia coger en traspaso esta floristería pensaban que estaba de broma”, explica Julia Arellano Zapatero. Pero esta corellana de 28 años iba en serio. El pasado mes de abril, Julia y su hermana Irene inauguraron la floristería El Jardín en la calle Iturrama número 43 de Pamplona. “Han sido unas semanas muy intensas. El día de la Madre se agotaron todas las flores. La tienda se quedó vacía. Ahora estamos con varios encargos para graduaciones universitarias”, destacan.
El Jardín es uno de los comercios más veteranos de la zona. Lo fundó María Pilar Escudero Navarro en la década de 1980. Iturrama era entonces un barrio en construcción donde se mezclaban las grúas y las huertas. Después lo regentó su hijo Juan Pedro Sanz, que hace un año puso el cartel de ‘Se traspasa por jubilación’. Julia Arellano pasaba por aquí de vez en cuando para quedar con los amigos y miraba el cartel. Aunque ya tenía un trabajo estable, vio que era la oportunidad. “En mi familia somos muy aficionados a la jardinería y las manualidades. Mi padre cultiva bonsais. Tiene la casa llena. Y mis abuelos de Corella han sido de campo. Tenían viñedos, cerezos y una huerta con un poco de todo que cuidaban con mucho cariño. Ahora que ya no están, queremos retomarlo nosotros y seguir con el campo por tradición”, relata Julia.
Asi que un día, esta joven hizo una foto al cartel de traspaso de la floristería y la envió a su familia. “¿La cogemos?”, les escribió. “No me tomaron en serio. Lo veían una locura”, admite. “Pero la idea no se me fue de la cabeza. Vi potencial en el negocio y seguí adelante con mi idea”, señala Julia, que ha estudiado el grado de Innovación en Procesos y Productos Alimentarios y un máster en sostenibilidad. No tardó en convencer a Irene, de 23 años y estudiante de Enfermería. “A mí me encanta todo lo que sean trabajos manuales, la decoración, reciclar cosas. También vi que era una oportunidad. Somos muy lanzadas”, señala.
Así que concertaron una cita con Juan Pedro Sanz, que al parecer tenía a otras personas interesadas. “Nos vio muy entusiasmadas e ilusionadas. Nos dijo que le recordábamos a cuando él empezó. Creo que le caímos en gracia. Hemos tenido mucha suerte y nos ha estado apoyando en todo”, destacan. Una vez que tomaron la decisión, sus padres les han apoyado en todo y les han echado una mano. “Ha sido fundamental”, expresan.
La tienda ha estado unos meses cerrada mientras hacían una pequeña reforma, de la que se han encargado ellas mismas. Lo que más tiempo les ha llevado es el estucado de las paredes. “Teníamos las cristaleras tapadas pero algunos se ponían a mirar por cualquier rendija. Muchos vecinos nos preguntaban cuándo íbamos a abrir”, señalan. Tuvimos que darnos un poco de prisa para aprovechar el día de San Jordi y el Día de la Madre.
El muralista Peio Iglesias les ha decorado el exterior. “Sin perder el toque clásico, le hemos querido dar al local un aire más joven, con frescura para atraer al público universitario”, señalan. Aseguran que a la gente le ha gustado cómo ha quedado la tienda. “Hay personas que entran y nos dicen que sólo querían ver cómo ha quedado”, señalan.
En cuanto al género que ofrecen, señalan que han decidido apostar más flores que plantas. “Tenemos más de una veintena de flores. Cada una tiene su precio y el cliente puede comprarlas por unidad. No hace falta hacer un ramo o un arreglo”. También traen flor seca, “que está muy de moda y se demanda mucho”. Además, entre los artículos de decoración han incluido gran variedad de cerámica y mimbre. “Es algo que le ha llamado la atención a muchos clientes. Nos dicen que son muy originales”, señala Irene. Asimismo, han traído algo de flor de temporada. “La que más éxito tiene es la peonía. Es duradera, ocupa poco espacio y tiene buen olor”, añade.
También tienen muy buena aceptación para hacer un regalo los minicactus. “Son detallitos económicos y a la gente les hace gracia. Y son fáciles de cuidar”, comentan.
Irene y Julia se sienten orgullosas de su contribución para mantener el tejido comercial del barrio. “Juan Pedro y su familia construyeron y cuidaron durante muchos años este negocio. Hubiera sido una pena que todo ese se perdiera, como ha ocurrido con otros negocios de la ciudad. No sé si estaremos otros 45 años. Ganas de trabajar no van a faltar”, afirman.