Pamplona

Albergue Casa Paderborn: 20 años de hospitalidad en el Camino

A orillas del Arga, con un marcado acento alemán, este rincón cumple veinte años acogiendo a peregrinos de todo el mundo. Dos décadas de hospitalidad que arrancan una nueva temporada con una celebración muy especial

Peter Horstmann, Irmgard King, Jean Yves Koch y Josef Otte son hospitaleros en Casa Paderborn y en la imagen se dan el relevo de la gestión
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Peter Horstmann, Irmgard King, Jean Yves Koch y Josef Otte son hospitaleros en Casa Paderborn y en la imagen se dan el relevo de la gestiónJesús Garzaron
Peter Horstmann, Irmgard King, Jean Yves Koch y Josef Otte son hospitaleros en Casa Paderborn y en la imagen se dan el relevo de la gestión

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Noelia Gorbea

Publicado el 02/05/2026 a las 05:00

Hay lugares que no se explican solo con cifras, aunque impresionen. Lugares que, más que espacios físicos, son refugio y encuentro. Como lo es el albergue Casa Paderborn, a orillas del río Arga; que este año celebra dos décadas de vida  en el que fue el antiguo Chalet de Iraizoz (aquel que muchos aún recuerdan como la Casa del veterinario).  

Y es que este particular albergue, regentado por dos personas cada tres semanas, es epicentro de acentos, anécdotas y culturas. Como las que atesoran Jean Yves Koch, Irmgard King, Josef Otte y Peter Horstmann. Ellos, que precisamente esta semana han realizado el traspaso para los próximos 21 días, atesoran cantidad de vivencias. “El Camino de Santiago es impredecible. Tenemos gente que ha venido a dormir y ha terminado ayudándonos a arreglar una puerta que cerraba mal”, explica la pareja alemana conformada por Peter y Josef (ahora al frente del albergue).

Porque por sus puertas pasan unas 3.400 personas cada año. Cerca de 68.000 peregrinos en total. Treinta y cinco nacionalidades distintas. Y, entre todas ellas, una constante: la huella alemana. “Tenemos un cuadro de la catedral de Paderborn que escenifica el conocido Drei Hasen”, comparte Josef Otte, en referencia a tres liebres entrelazadas, de modo que, aunque tienen tres orejas en total, cada una parece tener dos.

UNA HISTORIA QUE SIGUE

Y así, casi sin proponérselo, el albergue se ha convertido en una especie de oficina de turismo emocional, donde Pamplona no se describe: se vive. “Hablamos con los peregrinos, les conocemos”, afirma Irmgard King, quien sabe qué se siente en el Camino de Santiago. En su caso, desde su Austria natal (2.400 kilómetros hasta Compostela).

Pero el alma de Casa Paderborn está en la vida cotidiana que late en el interior de sus paredes. Dentro, la hospitalidad se organiza con sencillez. Hay 26 camas “y algunos colchones en el suelo cuando hace falta”, añade Jean Yves. Especialmente en fechas como Semana Santa, San Fermín o el 1 de mayo, cuando el Camino se llena y las previsiones se desbordan. “Si un peregrino llega a las ocho de la tarde y no tiene dónde ir, no le podemos decir que no”, coinciden.

“Nos preguntan por el centro, la calle Estafeta, el Ayuntamiento…”, enumera Horstmann, dejando ver lo importante de asesorar correctamente; ya que muchos de los peregrinos solo estarán en Pamplona una vez en su vida. “Como si  fuésemos nosotros”, añade King, admitiendo que los pintxos ocupan un lugar especial.

Pero la historia de Casa Paderborn no termina en Pamplona. A más de 1.500 kilómetros, en su homónima alemana, existe otra puerta abierta al Camino. Desde 2010, la Pilgerbüro Casa Pamplona atiende a peregrinos antes incluso de que emprendan la marcha. Responde correos, llamadas, cartas, expide credenciales... Porque el Camino es eso: una suma de encuentros improbables que acaban teniendo sentido.

Del 1 de marzo al 31 de octubre por 9,50 euros la noche y 3,50 el desayuno

El albergue abre sus puertas el 1 de marzo y no cierra hasta el 31 de octubre. Desde la una del mediodía -“aunque si algún peregrino viene antes le permitimos dejar la mochila”, cuenta el hospitalero francés Jean Yves Koch- hasta las diez de la noche, cuando el silencio se impone en el albergue por respeto. “Muchos se van realmente temprano y a las ocho ya nos ponemos en marcha para limpiar, ordenar y prepararnos para los siguientes peregrinos”, enumera Peter Horstmann. El precio (9,50 euros la noche y 3,50 el desayuno) es casi anecdótico frente a lo que se recibe. Además, Casa Paderborn admite donativos y, a cambio, se encarga del mantenimiento del chalet. Por ejemplo, pintado de fachadas, alicatado de duchas... El Ayuntamiento, por su parte, financia las facturas de agua y electricidad.

De todo, menos cocinar

El albergue dispone de una completa red de servicios: lavadora, secadora, calefacción, agua caliente, cuatro duchas y tres inodoros. Ofrece también toallas y jabón, botiquín, frigorífico, sala de reuniones y una terraza con jardín. Dispone de wifi y enchufes para cargar dispositivos, así como un espacio cerrado en el sótano para guardar bicicletas y servicio de consigna. También tiene una máquina de café y la cocina está reservada para los hospitaleros.

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