Olentzero
Las lágrimas de Olentzero por Mari Ganuza
En la visita del carbonero también se recordó a Jesús Mari Viguiristi, Ricardo Insausti y Loretxo Inarrea, igualmente vinculados a esta tradición

Actualizado el 25/12/2025 a las 19:50
La habitual algarabía del patio de la escuela de arte de Pamplona cada 24 de diciembre, cuando se prepara la comitiva de Olentzero en su visita a la ciudad, quedó enmudecida poco antes de las seis de la tarde. Los trompetistas de la Pamplonesa Unai Eseverri Carricaburu y Chuchín Esquíroz Indart tocaban la partitura El silencio. Y a Arantxa Bacaicoa Lana se le caían las lágrimas. Ella es la viuda de Mari Ganuza, fallecido en febrero de este año y fundador de la asociación de Amigos del Olentzero, entre otras muchas otras facetas como su ligazón con la Comparsa de Gigantes. Y ese solo de trompeta fue el homenaje que le brindaron sus compañeros encargados de la organización de la kalejira del carbonero desde 1998. “Para Mari lo era todo. No se le veía, pero estaba ahí detrás, poniendo a la gente en orden”, comentaba Arantxa, arropada por familiares como la hermana de Ganuza. No fueron únicas sus lágrimas y con el rostro compungido de sus antiguos compañeros de asociación se abrían las puertas del patio para iniciar el recorrido desde la calle Iturralde y Suit.
Hubo otro paréntesis antes de partir la comitiva que integran más de 700 personas en una larga hilera que llega a medir un kilómetro entre músicos, dantzaris, carretas, animales y el muñeco del Olentzero. A pie del edificio, con las hileras de gentes que a lo largo del recorrido formaron unas 60.000 personas, Mikel Larumbe e Irune García bailaban un aurresku al son del txistu de Aitor Urquiza y Ainara Martínez. La danza tenía, además de Ganuza, otros destinatarios: Jesús Mari Viguiristi, Ricardo Insausti y Loretxo Inarrea, también fallecidos recientemente e igualmente vinculados al popular carbonero. De nuevo, el ambiente se cargó de emoción, como el del rostro de la sobrina de Jesús Mari, Gurutze Viguiristi Larrea.
Gestos de recuerdo al que se le añadió el retrato de Mari Ganuza en la cuba de vino de uno de los carros, obra de Félix Flamarique. “La virtud de Mari fue darle la esencia popular que tiene hoy el Olentzero, esa fiesta del solsticio de invierno”, decía Xabier Martínez Álava, el que fuera presidente de la asociación Amigos del Olentzero, que contó con otros dos fundadores, Ángel Dufur -también fallecido- y Patxi Laborda.
Testigo de aquellos inicios es Agustín Zelaia Zazu, un antiguo cartero de 70 años con más de veinte siendo portador del Olentzero. “Era de la cuadrilla de Mari que me convenció. Es una gozada ver la cara de los críos emocionados. ¡Y también sorprendidos de ver tanto animal, que no están acostumbrados!”, decía este impulsor de que las mujeres lleven a hombros al carbonero desde hace tres años tras la imposición del pañuelo en la plaza consistorial. Y una que cumple con ese ritual es su hija Nekane Zelaia Gil. “La mayoría somos hijas de portadores. Lo vivo con mucha ilusión y espero que mi hija Inari me tome el relevo”, comentaba sobre un momento que, envuelto en los acordes de la Pamplonesa, se cumplió a las siete y media de la tarde con el alcalde Joseba Asiron colocando el pañuelo junto a ediles de UPN, EH Bildu, PSN y Geroa Bai. Una hora después, el Agur Jaunak a las puertas de la escuela de arte ponía el punto final a la kalejira.
Conejos en lugar de aves entre los 120 animales
Desde hace cuatro años, Hípica Zahorí de Falces es la encargada de llevar a Pamplona los animales que nutren la kalejira: bueyes, burros, cabras, ovejas, mulas y, este año por culpa de la gripe aviar, conejos en lugar de gallinas y ocas. Zahorí, explicaba su gerente Javier Olcoz Ochoa, desplaza alrededor de 40 personas para vigilar los 120 animales. “Este año el protagonista es Mari, nos acordamos mucho de él y tenemos todos el corazón encogido”, decía Javier mientras vigilaba que ninguno de sus “pupilos” se alborotara demasiado. Y si el año pasado el cabreo de los bueyes obligó a que el Belén viviente se hiciera a pie y no en carro, esta vez una mula se puso nerviosa y, por seguridad, se bajó a los pequeños del remolque.