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Vida eterna para el brujo de Burlada
Este año fallecía Antonio Calvo Calvo, experto en Naturopatía, Dietética, Nutrición e Iridología, y que atendió a miles de personas. Como legado de su medicina natural queda la empresa El Naturalista y de su vida un libro escrito por su hijo Rubén y Esther Ortiz


Actualizado el 23/12/2025 a las 11:05
"Era un buen hombre, que se desvivía por la salud de los demás con la medicina natural desde su consulta. Y no quise que, a su muerte, se olvidara esa vida. Se merecía que lo recordáramos, ser en cierta medida eterno”, dice Rubén Calvo Gaspar de su padre Antonio Calvo Calvo, el conocido brujo de Burlada, sobre el que ha publicado un libro biográfico con la ayuda de la escritora navarra Esther Ortiz Gironés. En breve se pondrá a la venta tanto en Amazon como en la web de la empresa El Naturalista (www.elnaturalista.es), cuyo germen fue aquella herboristería San Antonio abierta en un bajo de la calle San Miguel de Burlada y en la que, en el piso de arriba, el brujo atendía a sus pacientes.
Más de 200 páginas que se inician en 1944 en Cadalso de Gata, Cáceres, donde nació Antonio. A los siete años pastoreaba el rebaño de ovejas pasando incluso una semana fuera de casa. “En una tormenta, una piedra de granizo le cayó sobre la cabeza y lo dejó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, se refugió en un corral y los animales fueron tras él. Al día siguiente, estaba todo destruido menos el lugar en el que se guarecía con el ganado. Y fue entonces, decía, cuando le llegó el don”, desvela su hijo. “Contaba que de forma innata empezó a conocer las hierbas y su poder curativo. Primero experimentaba con animales enfermos y ya con 15 años empezó a atender a la gente de su pueblo”. El boca a boca hizo que aquel adolescente conocido como el curandero fuera ganando adeptos en la comarca. “Se mudó a Salamanca e iba por los pueblos en un camión curando a la gente. Un hermano suyo vivía en Zumárraga (Guipúzcoa) y subió a visitarlo. Allí coincidió con un matrimonio de Navarra que le convenció para quedarse en Pamplona, en una habitación en la plaza de los Ajos. Era 1969”. Un año después, ya había alquilado una bajera en el barrio de San Juan, en la conocida como plaza roja. “Era tanta la gente que acudía a su consulta, llegaba a atender a mil personas en un día, que la Guardia Civil tenía que venir a poner orden porque algunos se peleaban por el turno”.
La multitud hizo que buscara un emplazamiento más grande y lo encontró en la calle San Miguel de Burlada en 1973. “Decidió que no podía recibir a tantos por lo que limitó las visitas a unas 350 en una entreplanta con una sala de espera en la que cabían 400 personas. En realidad, ese cifra no fue exacta porque cada vez que entraba uno en la consulta aprovechaba el turno para llevar a su marido, hijo, hermano y ¡hasta perros!”. Para entonces ya tenía registradas las fórmulas que hacía con plantas y que la empresa El Naturista ahora encapsula para venderlas en farmacias y parafarmacias. “Yo lo único que he hecho ha sido modernizar sus métodos”, dice Rubén sobre una empresa fundada en 1994. Cuatro años después, su hijo entraba de gerente en la firma que ahora emplea a doce personas en el polígono de Ezcabarte. “A él no le movía el dinero. De hecho, durante muchos años no cobró por pasar consulta por lo que vivía de la venta de sus fórmulas. Fui yo quien le convencí para que finalmente lo hiciera porque, le dije, tu tiempo y tu formación también valen”. Formación en Iridología en Nebraska (Estados Unidos). “Era 1981 y un amigo que estaba casado con una americana le habló del tema que allí estaba más avanzado. Se compró una especie de linterna con lupa en Alemania para mirar en los ojos de las personas. Decía que a través de su iris veía el cuerpo humano al completo y también sus dolencias”. Estudios que completó en Valencia con Dietética, Nutrición y Botánica. “Venían autobuses de todo el país y los miércoles uno de Francia. Estaba tan absorto en su trabajo que tenía que ir a buscarlo y llevármelo de la consulta porque se olvidaba hasta de cenar. Decía que si no curaba a la gente se ponía enfermo, pero también el exceso le hacía mal. Se jubiló con 71 años”, cuenta Rubén. Antonio Calvo tuvo cinco hijos con su mujer, Purificación Gaspar Calvo, del mismo pueblo y donde se casaron. “No concedió nunca entrevistas porque no quería aumentar más su fama. Además, ya digo que no le movía ni el tema económico ni el reconocimiento. Él sentía que tenía un don que le había concedido Dios y debía practicarlo con los demás. Le traicionaron varia veces pero nunca guardaba rencor. Por eso murió en paz a sus 80 años”, concluye su hijo.
"ANTONIO, MIRA A TU HIJO"
Recuerda con una sonrisa Rubén el día que a su padre una mujer le paró por la calle y le dijo: “Antonio, mira, aquí está tu hijo”. No era una historia extramatrimonial. “Aquella mujer tenía problemas de fertilidad y gracias a mi padre pudo quedarse embarazada”. El primer paciente del brujo de Burlada fue un hombre con un problema tan grave de piel que el roce de la ropa le provocaba heridas. “Y gracias a los ungüentos de mi padre se curó. Ese caso fue el principio de todo”. Rubén quiere puntualizar que Antonio Calvo nunca compitió con la medicina tradicional. “Él siempre decía que eran complementarias, que se servían de ayuda. Como, por ejemplo, prolongar la vida y el bienestar de un enfermo de cáncer”, cuenta Rubén, convencido de que el brujo de Burlada tenía otros dones. “Una vez me pidió que vendiera el coche, que me veía muerto en él. Le hice caso y el que lo compró se mató en accidente”.