Iglesia
San Fermín de Aldapa será un centro para personas sin hogar
Los claretianos cedieron el edificio al Arzobispado tras su marcha el pasado enero y tras barajar distintos usos lo habilitarán como centro Lázaro


Actualizado el 11/12/2025 a las 18:51
El Arzobispado habilitará el edificio de San Fermín de Aldapa de Pamplona como un centro Lázaro para personas sin hogar. Tras la marcha de los claretianos el pasado enero y con ello el consiguiente cierre de la casa, también conocida como la de los corazonistas, los religiosos la cedieron al Arzobispado. La diócesis navarra ha trabajado en estos meses en distintos usos hasta que tomó fuerza y finalmente ha evolucionado la idea de convertirlo en un centro para personas, hombres y mujeres, que viven en la calle o se encuentran en situación de exclusión social.
Ha sido un proceso complejo, aunque cuentan con el ejemplo de proyectos similares que están en marcha en otras ciudades y bajo el paraguas de la Conferencia Episcopal. Para adaptarlo a estos nuevos usos, el edificio, situado en el Casco Antiguo, en lo alto de Navarrería, muy cerca del Archivo General y en el que se encuentra también la basílica de San Fermín de Aldapa, necesita una reforma.
A pesar de que los religiosos lo dejaron en buenas condiciones, el proyecto precisa de otras condiciones y la normativa así lo indica. Para asumir este coste económico el Arzobispado contaría con el apoyo de distintas fundaciones.
El edificio de San Fermín de Aldapa fue cedido por la misma diócesis en el siglo XIX a los misioneros claretianos que a finales de la década de los 70 del siglo XX lo compraron con el objetivo de llevar a cabo una reforma y habilitar una casa asistencial y de retiro para los religiosos de mayor edad. Adecuaron trece habitaciones, espacios comunes, comedor, una capilla y una galería interior. La falta de vocaciones trajo el cierre de la casa y la marcha de los nueve misioneros a otras comunidades, entre ellas la que mantienen en Pamplona, en el entorno del colegio Claret Larraona.
¿QUÉ ES UN CENTRO LÁZARO?
La Conferencia Episcopal repara en su página web en que “en toda ciudad, en cada barrio, en las calles podemos encontrar personas sin hogar. Más que una opción personal, un cúmulo de circunstancias que se reflejan en problemas familiares, laborales o de salud les ha llevado a una situación que nadie desea: vivir en la calle”.
“Estas personas sin hogar viven desvinculadas de la sociedad, en un aislamiento que les hace invisibles y sin posibilidades de salir del círculo de la pobreza. La Iglesia sale a su encuentro para que recuperen su vínculo con la sociedad, con el entorno, con la esperanza”, aseguran. “Se trata de visitarlas, acompañarlas, poner a su alcance recursos, ofrecerles lugares donde ser escuchadas, compartir la vida y recibir las herramientas personales que les abran a un nuevo futuro”.
Así lo entienden en la Fundación Lázaro. Desde hace más de 10 años personas sin hogar y jóvenes conviven en hogares compartidos. En este recorrido les acompañan sacerdotes de las diócesis, al menos en los lugares donde ya está en marcha este proyecto de la fundación, como Madrid, Tenerife, Puerto de Santa María (Cádiz) o Barcelona.
Sostienen en la Conferencia Episcopal que la convivencia permite crear vínculos entre las personas «excluidas» y las «incluidas» para facilitar la estabilidad que necesita un «sin techo». “El camino empieza ofreciendo un lugar donde vivir, donde sentirse bienvenido y en familia”, apuntan y subrayan que “también están para restaurar su dignidad, fomentando su reintegración en la sociedad y su autonomía”. El objetivo final de este trayecto compartido es que las personas más vulnerables puedan abandonar Lázaro y reconstruir su vida.


