Naturaleza urbana

Universidad de Navarra: un campus de 110 hectáreas, con 6.000 árboles y 250 especies de animales

El plan de renaturalización plantea 900 nuevos ejemplares frente a los más de 300 que se quiere talar por enfermedades

En primer término, un tocón de uno de los árboles talados que contrasta con la frondosidad del otros ejemplares del campus /
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En primer término, un tocón de uno de los árboles talados que contrasta con la frondosidad del otros ejemplares del campus /
En primer término, un tocón de uno de los árboles talados que contrasta con la frondosidad del otros ejemplares del campus /

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Myriam Munárriz

Actualizado el 05/10/2025 a las 11:20

Las discrepancias entre el Ayuntamiento de Pamplona y la Universidad de Navarra sobre la necesidad -o no- de apear 174 árboles ha puesto de actualidad el campus del centro privado educativo que se expande dentro de 110 hectáreas enmarcadas por, al norte, la avenida de Navarra, al sur, la ribera del río Sadar y, en los extremos, Azpilagaña (este) y avenida de Aróstegui (oeste), según se mira al sur de la capital navarra. Una frondosidad que se consigue con sus 6.000 árboles de 173 especies y la tupida alfombra verde que cubre el 40% de la superficie que rodea las diferentes facultades, aparcamientos, colegios mayores o instalaciones deportivas; 25 edificaciones en total que ocupan dentro de este espacio 7,7 hectáreas aunque los metros cuadrados construidos suponen 252.668. Refugio, además, de 250 especies de animales, que conviven con los estudiantes y viandantes que a diario pasan por un campus abierto a la ciudadanía.

Un ecosistema que se muta continuamente, con los árboles cumpliendo sus ciclos de estaciones perdiendo algunos hojas en otoño y otros como su emblemático Ginkgo biloba que preside el jardín del edificio central tiñendo de amarillo las suyas en esos meses. O las bandadas de pájaros que encuentran aquí su refugio durante sus migraciones en busca del calor en invierno junto a otros, como una garza, que han decidido quedarse de forma permanente. Y también un campus en los que hay ejemplares que ya han llegado al término de su vida mientras otros esperan en viveros para sustituirlos.

La génesis del campus y la universidad se data 1952 cuando, impulsada por José María Escrivá, nació la institución Estudio General de Navarra. Su primer curso, de Derecho, se inició con ocho profesores y cuarenta y cuatro alumnos. Y lo hizo en la antigua Cámara de Comptos Reales, cedida por la entonces Diputación Foral de Navarra. La enseñanza, hasta 1960, se hizo diseminada por varios edificios situados en el centro de Pamplona.

En esta fecha, la transformación del Estudio General de Navarra en Universidad aspiraba a crear una ciudad educativa por lo que el Ayuntamiento, con Miguel Urmeneta como alcalde, ofreció la cesión de 130 hectáreas en el valle del río Sadar, facilitando la compraventa o expropiación de las parcelas privadas a favor de la Universidad de Navarra. “El paisaje del futuro campus era, como el de la mayor parte de la Cuenca de Pamplona, de cultivo cerealista, algunos frutales, y un terreno intensamente parcelado. Había unos pocos caminos estrechos arbolados y destacaban los árboles del río, los que jalonan la carretera del Sadar y los chopos lombardos junto a la Fuente del Hierro”, se explica en el libro “El Campus de la Universidad de Navarra”, coordinado por Carlos Soria

Las primeras plantaciones se produjeron en 1964 en los terrenos frente al colegio mayor Belagua siguiendo el diseño del catedrático de Planificación y Proyectos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, Ángel Ramos (1926-1998), que se inspiró en las universidades anglosajonas. La empresa Viveros Villa Miranda, fundada en Pamplona en 1916, intervino en estas iniciales actuaciones.

UN 7% ENFERMOS

Pero, dicen Enrique Baquero Martín, director del departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Navarra, y Sara Martínez Solchaga, directora del área de Gestión del Campus, hay especies de árboles que no soportan esta constante ebullición natural. Por eso entre 300 y 400 ejemplares están enfermos con posibilidades de caída. Un 7% de la masa arbórea total, 342, en los que se colocaron carteles de advertencia del peligro de que se desmoronen ya retirados

Los álamos boleana que separan el campus de la avenida de Navarra, con carteles de peligro que tuvieron colocados un tiempo /
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Los álamos boleana que separan el campus de la avenida de Navarra, con carteles de peligro que tuvieron colocados un tiempo /IRATI AIZPURUA
Los álamos boleana que separan el campus de la avenida de Navarra, con carteles de peligro que tuvieron colocados un tiempo /

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Ocurre con dos especies: álamos boleanas y chopos lombardos. “Son árboles (los chopos lombardos) que viven muy poco. Se plantan en los ríos para conseguir de forma rápida papel con su madera. Pero a los 50 o 60 años, se ponen enfermos y en las ciudades aún peor por estar el ambiente más contaminado”, explica Enrique Baquero. Y lo mismo pasa con los álamos. “El problema es que se pueden caer enteros y hablamos de ejemplares de gran envergadura, el chopo puede pesar entre 2.000 y 5.000 kilos y llegar hasta los 30 metros”. El álamo no se queda atrás con sus 5.000 kilos y 25 metros.

“Nos preocupa la seguridad. Están en zonas de paso y cerca de edificaciones”, añade Sara Martínez, que define tres áreas de especial peligro: junto al lateral del edificio central en la senda que baja del Fuente del Hierro; la segunda, en el cauce del río hasta el colegio Goroabe y la avenida de Aróstegui, en torno a la carretera de la Universidad de Navarra, y, por último, los que bordean la avenida de Navarra.

Sara Martínez indica que la tala se suple con la plantación de nuevos ejemplares y cita las cifras desde que en 2021 comenzó el Plan de Renaturalización del campus, frente al apeo de 124 ejemplares y el descopado de otros 6, han llegado 224 nuevos: 115 robles, 41 mostajos, 39 arces y 29 olmos. ¿Qué ejemplares sustituirán a los que se retirarán ahora? “En la zona de Fuente del Hierro volveremos a poner chopos porque, debido a la fuente, se origina una corriente subterránea que los días de lluvia incluso se anega. No serían viables otras especies que se ahogarían”, avanza Enrique Baquero.

En cambio, en la parte de la avenida de Navarra la idea es poner los robles de la cuenca. “Recuperar ese paisaje de antes de que se retiraran para acondicionar fincas de cultivo. Los álamos boleanos no tienen valor ecológico y además no son autóctonos”. Y se hará lo mismo en el cauce del río, recurrir a la flora de aquí con sauces, olmos, fresnos y alisos. “Lo propio de una vegetación de ribera del río. Eso es lo que solo permite ahora la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE)”, dice Baquero sobre el organismo que gestiona los ríos. En total, se calcula que se llegará a 900 por los más de 300 que se retirarán.

Una gran aula verde

La aspiración de este gran campus no termina en una estampa de paisaje destinado al ocio, también es una gran aula verde de 110 hectáreas, coinciden en señalar Enrique Baquero Martín, director del departamento de Ciencias Ambientales de la universidad, y Sara Martínez Solchaga, directora del área de Gestión del Campus. Su gran diversidad de flora, con ejemplares procedentes de los cinco continentes, hizo que la Universidad de Navarra catalogara los miles de árboles que crecen en el campus y señalara en una ruta con cartelería los más destacados; ruta en la que es habitual encontrar a estudiantes (universitarios o no), acompañados de sus profesores, recorriendo el itinerario botánico. Una propuesta que se puede planificar de antemano gracias al enlace en internet http:// museo.unav.edu/visita/planifique-su-visita/itinerarios/botanica-campus

A futuro, uno de los escenarios educativos que se plantea, enfocado sobre todo a los niños, sería la ladera que sube desde el río Sadar hasta el Centro Público de Formación Profesional Donapea. “Aprovechando el atractivo de unas ruinas en la zona, se proyecta crear un estanque que dé cabida a insectos, reptiles o anfibios que los escolares podrían descubrir en su hábitat natural”, indica Enrique Baquero. Además, muchos de los árboles están monitorizados lo que permite conocer su evolución, adaptación y estado de salud en el entorno. Sin olvidar que como por él discurre el Sadar, afluente del Río Arga, pertenece al parque fluvial de Pamplona.

“Y el campus también es historia”, añade Enrique Baquero. “Por aquí pasa el Camino de Santiago y la Cañada Real”. La ruta jacobea corta en dirección noroeste-suroeste el campus, utilizando para ello uno de los recorridos peatonales dispuestos por la universidad, en la calle Fuente del Hierro. Todo el paso del camino por el campus está señalizado según la normativa actual (flechas amarillas) y se ofrece a los peregrinos algunos servicios, como el sellado de las credenciales en el edificio central, tal y como informa en ocho idiomas el tótem colocado al inicio de la ruta, así como llegar al edificio para conseguir el sello.

Tampoco en esta biografía se puede soslayar la presencia de la Fuente del Hierro, considerada la fuente más antigua de la ciudad de Pamplona. Incluso también ofrece un catálogo de arquitectura gracias a la autoría destacada de algunos de 25 sus edificios, como el Museo Universidad de Navarra, obra del arquitecto navarro Rafael Moneo, primer español en obtener el premio Pritzker de Arquitectura. Otros edificios de especial relevancia son la Biblioteca de Humanidades, de Javier Carvajal, o el Edificio de Ciencias Sociales, de Ignacio Vicens.

Trámites para el apeo urgente de 76 ejemplares

El 18 de agosto, el Ayuntamiento de Pamplona paralizaba la tala de los 174 árboles que la Universidad de Navarra tenía previsto retirar del campus por, sostiene el centro educativo, el peligro que presentan. Tres informes de peritos independientes les avalan, con estudios de campo en el que se comprobó que la parte central estaba ya hueca porque habían perdido la madera. Los tocones de los 123 que se talaron antes de la prohibición municipal están a la vista con esos agujeros y, a su alrededor, con bastante partes podridas, sostienen desde la universidad. Por eso no entienden que el Ayuntamiento afirme que sus técnicos de Jardinería decidieran paralizar la actuación porque “algunos de los árboles talados no presentaban podredumbres significativas y que muchos no tenían diana relevante, circunstancias que habrían desaconsejado su apeo

El consistorio pamplonés critica, además, que no se tramitó ningún permiso para la tala mientras que la Universidad de Navarra replica que contaba con el visto bueno de la Confederación Hidrográfica del Ebro y el Gobierno de Navarra. Y entiende que se le dio luz verde a través de un informe del área municipal de Jardines. Se escuda en que no se ocultó en ningún momento la tala, ya que se informó el 24 de julio al Ayuntamiento de que se iban a iniciar los trabajos a principios de agosto porque entendían concedido el permiso.

Tras la decisión municipal, la Universidad de Navarra ha colocado 324 carteles de aviso de peligro en los árboles que considera necesario retirar en poco tiempo. Ahora, de momento, se ha iniciado la tramitación para apear los 76 que presentan mayor amenaza. Desde el Ayuntamiento se les ha pedido la relación de estos ejemplares, que ya se ha enviado, y se está a la espera de que sus técnicos de Jardinería vayan al campus para decidir si hay necesidad o no de quitarlos. En la lista aparecen varios junto a acometidas de gas o de electricidad en el aparcamiento de invitados anexo a comedores, otros en el lateral del edificio central -donde Fuente del Hierro- por su cercanía al camino peatonal y también se han señalado algunos que se encuentran aledaños al colegio mayor Goroabe.

Cuando el viento marca por encima de los 60 kilómetros por hora, los árboles no estabilizados pueden tener riesgo de caída. En un sitio como el Retiro de Madrid, basta con cerrar el parque. Pero nosotros no podemos hacerlo porque detendríamos la actividad académica”, dice Sara Martínez Solchaga. “Se pondrán totems de otro color cuando la previsión marque esa velocidad del viento, además de avisar a la comunidad universitaria con alertas en las pantallas de los edificios sin descartar mensajes a sus móviles”.

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