La pulsera GPS, coartada en un intento de asesinato en Pamplona
Un juicio analizó si un acusado se quitó la pulsera que llevaba como preso de tercer grado para aparentar que estaba en Zaragoza y no en la capital navarra. La Fiscalía así lo creía. El tribunal dio por buena la geolocalización y lo absolvió.


Actualizado el 25/09/2025 a las 08:01
Uno de los mayores debates que se han dado en un juicio en Navarra sobre la fiabilidad de las pulseras GPS nada tiene que ver con las discusiones actuales sobre los errores de geolocalización en casos de malos tratos. Se centraba en las pulseras que llevan algunos presos de tercer grado. Y se discutía sobre la facilidad o no para quitárselas y engañar al sistema, sobre si un acusado se la había arrancado para aparentar que estaba en su casa de Zaragoza y no en Pamplona participando en un intento de asesinato entre bandas. La Sección Segunda de la Audiencia de Navarra dio por buena la geolocalización de la pulsera y absolvió hace un año al acusado.
La Fiscalía sostenía lo contrario: que el acusado sí estaba en Pamplona. Y por eso pedía para él 15 años de prisión. Le acusaba de haber intervenido en un intento de asesinato a machetazos en el barrio de San Jorge de Pamplona en 2021, un crimen por venganza encargado por dos miembros de la banda Blood901 a otros de la Black Panther de Zaragoza. Al inicio del juicio, celebrado en junio de 2024, cuatro acusados reconocieron los hechos y aceptaron la condena. El juicio siguió con otros dos procesados, que lo negaban: uno acabó siendo condenado y otro resultó absuelto. El de la pulsera.
Este último aseguraba que nunca había pertenecido a los Black Panther y que nunca había estado en Pamplona. La Policía Municipal lo arrestó tras el reconocimiento de una de las acusadas, que lo situaba en la escena, pero él mantenía que aquel día tenía amarrada al tobillo izquierdo una pulsera de pernoctación que recogía la entrada y salida de su domicilio, pues entonces el CIS (Centro de Inserción Social, para el cumplimiento de penas en tercer grado) estaba cerrado por covid. La geolocalización de esa pulsera le situaba en Zaragoza en el momento de los hechos. “Nunca me he quitado la pulsera”, mantuvo.
En el juicio, el fiscal trató de demostrar que ese tipo de pulseras se pueden quitar con facilidad. Durante la vista, pidió que se proyectaran dos vídeos de Youtube en los que varias personas se desprendían de una de estas pulseras de geolocalización. En el juicio también se interrogó sobre esta posibilidad a varios policías. Respondieron que sabían que algunos presos que estaban en la calle se las habían quitado, pero que nadie, ni funcionarios de prisiones, lo habían puesto por escrito.
La Audiencia absolvió al acusado. El tribunal resaltaba que el único motivo de su implicación era la identificación de una acusada, sin obligación de decir la verdad. Frente a ello, una prueba de descargo “abrumadora”. Entre ella, la pulsera. “Pese a las ‘pegas’ alegadas por el fiscal, contamos con un dato relevante: el acusado llevaba una pulsera de localización domiciliaria que lo situaba en su domicilio (en Zaragoza), lo que hace imposible que estuviera en Pamplona”, argumentaban los jueces. Sobre la posibilidad de que se la quitara, respondían que los dos vídeos aportados “carecían de todo valor probatorio con cierta seriedad”. “Son vídeos de Youtube donde personas que parecen extranjeras, bajo la influencia de sustancias, se quitan o simulan que se quitan lo que parece ser una pulsera de geolocalización. Se desconoce, de ser así, si es del mismo tamaño, forma o condición que los dispositivos que se colocan en España”. En consecuencia, absolvieron al acusado. “Si tan fácil es quitárselas y engañar al sistema, no comprende esta sala cómo las mismas se siguen utilizando”, concluía el tribunal.